domingo, 22 de enero de 2017

DIDO Y ENEAS EN CARTAGO, PINTURA DEL FRANCÉS CLAUDIO DE LORENA




Dido, la legendaria reina norteafricana de la ciudad de Cartago, era hija de Mutto, rey de la ciudad fenicia de Tira. Su significado mitológico se debe a su trágico amor con Eneas, quien después de huir de Troya pasó un tiempo con ella en el norte de África.
Dido tuvo que huir de su tierra después de que su hermano Pigmalión matase a su marido. Con su hermana Ana y un grupo de leales acampó en la actual Túnez, en la costa del norte de África.
Iarbas (Jarbas), un rey local, estaba dispuesto a venderle un trozo de tierra a condición de que no fuese más grande que la piel de un toro. La astuta Dido cortó en­tonces la piel de un toro en pequeñas tiras y demarcó el lugar sobre el que quería fundar la ciudad de Cartago.
Cuando la ciudad se hallaba en construcción llegó Eneas. Su barco se había alejado de su ruta debido a una tormenta sobre la costa de Italia. El apasionado ro­mance que surgió entre ellos durante una cacería interrumpida por una tormenta que les obligó a refugiarse en una cueva, le hizo concebir esperanzas de que él se convirtiese en su marido. Eneas sentía lo mismo hacia ella, pero los dioses le recordaron que su destino estaba en Italia para fundar un nuevo reino. Eneas, temeroso de los dioses, obedeció y dejó a Dido que, ofendida y deshonrada, se encaramó a su pira funeraria y se apuñaló con la espada que le había regalado Eneas.
Durante los siglos I y II a.C. se produjeron diversas guerras entre los descendientes romanos de Eneas y los cartagineses de Dido. Esta dramática historia de amor fue recordada no sólo por Virgilio, sino por muchos artistas que se inspiraron en ella.


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