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viernes, 12 de mayo de 2023

EL FLECHAZO DE SILA

Hubo un espectáculo de gladiadores y, ya que en aquel tiempo los hombres y las mujeres todavía se sentaban juntos en las gradas, sin asientos para los sexos, ocurrió que junto a Sila se sentó una mujer extremadamente bella y de alta cuna. Su nombre era Valeria, recientemente divorciada. Conformé pasó por detrás de Sila ( al entrar, para ir a su asiento), posó una mano sobre él, arrancó un hilacho de su toga y continuó hasta su asiento. Cuando Sila –sorprendido- volvió la mirada hacia ella, la mujer dijo: “No hay razón para sorprenderse, dictador, solo quiero para mi un poco de tu buena suerte”. Sila estaba lejos de encontrarse disgustado. Tras esto no hacían más que lanzarse miradas entre ellos, girando constantemente la cabeza e intercambiando sonrisas. Finalmente iniciaron conversaciones para el matrimonio.

( Plutarco )





miércoles, 25 de julio de 2018

EL CÓNSUL MARCO VALERIO MESALA RUFO



 

Marco Valerio Mesala Rufo (en latín, Marcus Valerius Messalla Rufus) fue un político romano, hijo de Marco Valerio Mesala Níger, y hermano de Valeria Mesala (la cuarta esposa del dictador Lucio Cornelio Sila). Fue además padre de Marco Valerio Mesala Corvino y cónsul en 53 a. C.

 

Era candidato electo al consulado de 53 a. C., pero debido a los disturbios y al repetido nombramiento de interreges, no pudo asumir el cargo hasta que había transcurrido la mitad de su periodo.

 

Mesala había pagado un alto precio por ser electo, y tenía el apoyo de Cicerón y por tanto la enemistad de Publio Clodio​ y secretamente la oposición de Gneo Pompeyo que ansiaba ser nombrado dictador.​

 

Fue dos veces acusado por prácticas ilegales en las elecciones, en la primera ocasión fue acusado por Quinto Pompeyo Rufo, un nieto de Sila, de soborno. Cicerón, a pesar de la evidente culpabilidad de Mesala, al igual que la mayor parte del partido senatorial, le dio su apoyo político. Fue absuelto, gracias a la elocuencia de su tío, Quinto Hortensio,​ pero fue encontrado culpable de transgredir la Lex Licinia de Sodalitiis, es decir de controlar las asambleas y por lo tanto las elecciones.​

 

Mesala, durante su consulado, fue apedreado por los partidarios de Clodio.

 

Se puso del lado de Julio César en la guerra civil. En 47 a. C. acompañó a Julio César al Oriente y fue probablemente su legado en la guerra en África en 46 a. C. cuando un motín dirigido por un centurión lo asedió en Mesina. Después de la batalla de Tapso, fue enviado a Útica. En 45 a. C. estaba en Hispania.

 

A partir de ahí se le pierde el rastro. Fue augur durante cincuenta y cinco años y escribió un trabajo sobre la ciencia de la adivinación.


martes, 2 de junio de 2015

CONVERSACIÓN DE ENTRE SILA Y SU LUGARTENIENTE VARRÓN LÚCULO SOBRE LAS MUJERES





Dicen que al Dictador le bastaba con sus besos, pues gran dama aristocrática patricia Valeria Mesala era una preciosidad de mujer. Hasta el momento, su cuarto matrimonio había sido una agradable experiencia para Sila, pero no muy estimulante. Y en parte era debido a su edad y a la enfermedad que lo consumía; lo sabía. Pero más aún a los defectos seductores y sensuales de las romanas aristócratas, que no sabían relajarse debidamente en la cama para aceptar las triquiñuelas sexuales que el dictador ansiaba que Valeria se lo follara. Fallaba su energía y necesitaba esas triquiñuelas. ¿Por qué las mujeres, aun amando locamente a un hombre, no podían ceder incondicionalmente a sus fantasías sexuales?, se preguntaba Sila, y se lo preguntó a su lugarteniente Varrón Lúculo.




-Yo creo que las mujeres son receptáculos pasivos, Lucio Cornelio. Están hechas para sujetar cosas, desde el pene de un hombre hasta un niño. Y quien sostiene cosas es un ser pasivo. ¡Tiene que ser pasivo, si no la sujección peligra! Lo mismo sucede con los animales. El macho es el activo y sacia su gran deseo montando a varias hembras.

-¿Quieres decir, querido Varrón, que un hombre decente casado debe andar fornicando con la mitad de las hembras de Roma?

-¡No, no, desde luego que no!. ¡Todas las hembras son pasivas y no hallaría satisfacción!

-Entonces, ¿dices que si un hombre quiere saciar sus deseos carnales ha de emparejarse con otro hombre?
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-¡Oh! ¡Ah! ¡Hummm! No, Lucio Cornelio; claro que no. Ni mucho menos.

-Entonces, ¿qué hace un hombre decente casado?

-Me gusta estudiar los fenómenos naturales, sí, pero esto son cuestiones que no alcanzan a mis conocimientos
.
-¡Cálmate, Varrón, te lo preguntaba en broma!

-Contigo nunca se sabe, Lucio Cornelio, si las mujeres de Roma te amaron con locura, por algo será.