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sábado, 20 de mayo de 2023

DISCURSOS DE DEFENSA DE LUCIO LICINIO MURENA Y DEFENSA DE PUBLIO CORNELIO SILA, de MARCO TULIO CICERÓN

 


El libro, que se encuentra en la Biblioteca Privada del Cónsul de Roma, podéis acceder a dicho libro clicleando encima del texto o imágenes de esta entrada: 

DISCURSOS DE DEFENSA DE LUCIO LICINIO MURENA Y DEFENSA DE PUBLIO CORNELIO SILA, de MARCO TULIO CICERÓN



Resumen de lo que se habla en ese libro:  se trata de dos discursos de defensa que Marco Tulio Cicerón pronunció en el año 63 a.C. en Roma, durante su consulado.

 

El primero es la defensa de Lucio Licinio Murena, que había sido acusado de sobornar a los votantes en las elecciones para el cargo de edil curul. Cicerón argumentó que Murena no había cometido ningún delito, sino que había usado su riqueza para hacer obras públicas en beneficio de la ciudad. Además, cuestionó la validez de la ley que se le aplicaba y defendió el derecho a la ciudadanía romana de su cliente.

 

El segundo es la defensa de Publio Cornelio Sila, que había sido acusado de haber participado en la conjura de Catilina, un intento de golpe de estado contra el gobierno del entonces cónsul Cicerón. Cicerón argumentó que Sila era inocente y que había sido víctima de una falsa denuncia por parte de sus enemigos políticos. Además, elogió la carrera militar y política de Sila ( sobrino del famoso dictador Lucio Cornelio Sila) y su contribución a la paz y el orden de la república.

 

Estos discursos son ejemplos de la habilidad retórica y filosófica de Cicerón, que usó argumentos legales, morales e históricos para defender a sus clientes y para defender los valores de la justicia y la libertad.


jueves, 23 de febrero de 2023

EL CÓNSUL LUCIO LICINIO MURENA

Lucio Licinio Murena (en latín, Lucius Licinius Murena; 105-22 a. C.) fue cónsul romano, hijo de Lucio Licinio Murena.

 

Sirvió bajo las órdenes de su padre en Ponto en el año 83 a. C. durante la segunda guerra mitridática. Más tarde fue cuestor en Roma con el jurista Servio Sulpicio, quien más tarde sería su rival en la lucha por el consulado. Fue edil curul y adornó las murallas del Comitium con piedra de Lacedemonia.​

 

En la tercera guerra mitridática que empezó en el año 74 a. C. sirvió bajo Lucio Licinio Lúculo,​ que le encargó la dirección del asedio de Amisos, que Murena conquistó en 71 a. C.

 

Murena posteriormente siguió al rey Tigranes II de Armenia en su retirada desde Tigranocerta hacia el Tauro (69 a. C.). Lúculo le encargó mantener el asedio de la capital armenia. Regresó a Roma antes de finalizar la guerra, probablemente en 68 a. C. y fue uno de los diez comisionados enviados para el establecimiento de la provincia del Ponto y el reparto de territorios en Asia.​

 

En 65 a. C. fue pretor con Servio Sulpicio, y se hizo cargo de la juridictio, mientras que Sulpicio tuvo la impopular función de presidir los quastio peculatus.​ Se hizo popular por la magnificencia de los ludi Apollinares que ofreció al pueblo.

 

Como gobernador de la Galia Cisalpina tras su pretura, en 64 a. C., se benefició de la buena voluntad de los provincianos y los romanos gracias a su imparcialidad. Tuvo a su hermano Cayo Licinio Murena como legado.

 

En 62 a. C. fue elegido cónsul, junto a Décimo Junio Silano, pero antes de acceder al cargo fue acusado de soborno (ambitus) por Servio Sulpicio Rufo, un competidor fracasado, el cual contó con la colaboración de Marco Porcio Catón, Cneo Postumio y Servio Sulpicio el Joven.​ Murena fue defendido por Marco Licinio Craso (el triunviro), Quinto Hortensio Hórtalo y Marco Tulio Cicerón, y fue absuelto aunque es probable que fuera culpable, gracias a los argumentos de Cicerón, quien señaló que, con Catilina a la cabeza de un ejército en las afueras de la ciudad, y sus cómplices dentro de la misma Roma, era necesario tener un cónsul enérgico para proteger al Estado el próximo año.​

 

Los dos cónsules electos tuvieron que, en el mes de diciembre de 63 a. C., decidir sobre el castigo a aplicar a los conspiradores que habían sido arrestados. Silano declaró que era partidario de la ejecución de los capturados y Murena, primeramente indeciso, finalmente le apoyó.

 

El consulado de Silano y Murena fue un período tormentoso, debido a la agitación del tribuno de la plebe Quinto Cecilio Metelo Nepote que favorecía el regreso de Cneo Pompeyo en oposición a los optimates.

 Los disturbios en Roma llegaron a ser de tal gravedad que el Senado amplió la facultad de los cónsules con objeto de preservar la seguridad de la comunidad. Catón, que era un colega de Metelo, se opuso a los cónsules, pero Murena lo protegió durante una refriega.​

 

En su consulado, se aprobó la Lex Licinia Junia, que hacía cumplir con más rigor la lex Cecilia Didia, que fijaba el plazo que tenía que pasar entre la aprobación en comicios y la promulgación de una ley. No hay ninguna mención de que a Murena se le asignará una provincia después de su consulado. Ya no vuelve a aparecer en los registros y probablemente murió antes de poder ejercer el proconsulado.




domingo, 5 de mayo de 2019

MACARES



Macares (en griego, ο Μαχάρης: ο Μαχάρης; significa en persa: guerrero), (muerto 65 a. C.) fue un príncipe de Ponto, hijo del rey Mitrídates VI y de la reina Laodice.​ Fue hecho gobernante del Reino del Bósforo por su padre, después de que Mitrídates, por segunda vez, redujera ese país, tras una corta guerra con el romano L. Murena, en 80 a. C.

 

En 73 a. C., Mitrídates, después de su derrota por los romanos en Cícico, pidió socorros a Macares, de los que éste estaba bien provisto por entonces; pero dos años después, los repetidos desastres de la tercera guerra mitridática de Mitrídates fueron excesivos para la fidelidad de Macares, y envió una embajada al general romano Lúculo con un presente de una corona de oro, pidiendo ser admitido en términos de alianza con Roma.

 

 Esto fue fácilmente concedido por Lúculo, y como prueba de su sinceridad, Macares proporcionó el general romano suministros y asistencia en el asedio de Sinope. Pero cuando Mitrídates, después de su derrota por Pompeyo, adoptó la atrevida resolución de marchar con su ejército al Bósforo, y renovar el combate desde allí, Macares se sintió alarmado por las consecuencias de su deserción, y huyó a la ciudad de Quersoneso, donde poco después, desconfiando del perdón, se suicidó.

 

Dion Casio, por contrario, cuenta que Mitrídates le engañó con promesas de seguridad, y luego le dio muerte.


miércoles, 17 de abril de 2019

EL CÓNSUL LUCIO LICINIO MURENA



Lucio Licinio Murena (en latín, Lucius Licinius Murena; 105-22 a. C.) fue cónsul romano, hijo de Lucio Licinio Murena.

 

Sirvió bajo las órdenes de su padre en Ponto en el año 83 a. C. durante la segunda guerra mitridática. Más tarde fue cuestor en Roma con el jurista Servio Sulpicio, quien más tarde sería su rival en la lucha por el consulado. Fue edil curul y adornó las murallas del Comitium con piedra de Lacedemonia.
 

En la tercera guerra mitridática que empezó en el año 74 a. C. sirvió bajo Lucio Licinio Lúculo,​ que le encargó la dirección del asedio de Amisos, que Murena conquistó en 71 a. C.

 

Murena posteriormente siguió al rey Tigranes II de Armenia en su retirada desde Tigranocerta hacia el Tauro (69 a. C.). Lúculo le encargó mantener el asedio de la capital armenia. Regresó a Roma antes de finalizar la guerra, probablemente en 68 a. C. y fue uno de los diez comisionados enviados para el establecimiento de la provincia del Ponto y el reparto de territorios en Asia.


En 65 a. C. fue pretor con Servio Sulpicio, y se hizo cargo de la juridictio, mientras que Sulpicio tuvo la impopular función de presidir los quastio peculatus.​ Se hizo popular por la magnificencia de los ludi Apollinares que ofreció al pueblo.​

 

Como gobernador de la Galia Cisalpina tras su pretura, en 64 a. C., se benefició de la buena voluntad de los provincianos y los romanos gracias a su imparcialidad. Tuvo a su hermano Cayo Licinio Murena como legado.

 

En 62 a. C. fue elegido cónsul, junto a Décimo Junio Silano, pero antes de acceder al cargo fue acusado de soborno (ambitus) por Servio Sulpicio Rufo, un competidor fracasado, el cual contó con la colaboración de Marco Porcio Catón, Cneo Postumio y Servio Sulpicio el Joven.​ Murena fue defendido por Marco Licinio Craso (el triunviro), Quinto Hortensio Hórtalo y Marco Tulio Cicerón, y fue absuelto aunque es probable que fuera culpable, gracias a los argumentos de Cicerón, quien señaló que, con Catilina a la cabeza de un ejército en las afueras de la ciudad, y sus cómplices dentro de la misma Roma, era necesario tener un cónsul enérgico para proteger al Estado el próximo año.

 

Los dos cónsules electos tuvieron que, en el mes de diciembre de 63 a. C., decidir sobre el castigo a aplicar a los conspiradores que habían sido arrestados. Silano declaró que era partidario de la ejecución de los capturados y Murena, primeramente indeciso, finalmente le apoyó.​

 

El consulado de Silano y Murena fue un período tormentoso, debido a la agitación del tribuno de la plebe Quinto Cecilio Metelo Nepote que favorecía el regreso de Gneo Pompeyo en oposición a los optimates. Los disturbios en Roma llegaron a ser de tal gravedad que el Senado amplió la facultad de los cónsules con objeto de preservar la seguridad de la comunidad. Catón, que era un colega de Metelo, se opuso a los cónsules, pero Murena lo protegió durante una refriega.​

 

En su consulado, se aprobó la Lex Licinia Junia, que hacía cumplir con más rigor la lex Cecilia Didia, que fijaba el plazo que tenía que pasar entre la aprobación en comicios y la promulgación de una ley. No hay ninguna mención de que a Murena se le asignará una provincia después de su consulado. Ya no vuelve a aparecer en los registros y probablemente murió antes de poder ejercer el proconsulado.


viernes, 4 de enero de 2019

DISCURSO DE SILA EN EL SENADO TRAS GANAR LA GUERRA CIVIL CONTRA CINNA Y EL HIJO DE MARIO



Esta horrorosa costumbre que se ha instaurado tan recientemente cuando yo era pretor en una Roma que la desconocía no cesará hasta que se hayan restablecido del todo las tradiciones del mos maiorum y nuestra antigua república vuelva a surgir de las cenizas a que ha sido reducida. He oído decir que quiero convertirme en rey de Roma. ¡No, quirites, no lo deseo!. ¿Condenarme los años que me queden de vida a constantes intrigas, conjuras, sublevaciones y represalias?. ¡No lo deseo!. He servido mucho tiempo con gran esfuerzo a Roma, y he tenido la recompensa de pasar mis últimos días libre de cuidados y responsabilidades, ¡libre de Roma!. Por ello, una cosa prometo al Senado y al pueblo, que no me proclamaré rey de Roma ni gozaré un solo momento del poder que debo conservar hasta que concluya mi tarea.

 

Los cónsules han muerto, y los fasces deben volver a los Padres, en los almohadones del templo de Venus Libitina hasta que se elijan nuevos cónsules. Roma debe tener un interrex; en eso la ley es terminante. El portavoz de la cámara, Lucio Valerio Flaco, es el patricio decano del Senado, de su decuria y de su familia. Lucio Valerio, tú eres el primer interrex. Te ruego que asumas el cargo y desempeñes todas sus funciones durante los cinco días del interregnum.

 

Antes de que el portavoz de la cámara tome la palabra en esta reunión, hay un par de cosas que quiero decir. Roma no corre peligro estando a mi cuidado, y nadie vendrá a causarle mal. Volverá la ley justa, regresará la República a sus días de gloria; pero eso son cosas que emanarán de las decisiones de nuestro interrex y no insistiré en ello. Lo que sí quiero decir es que he tenido a mis órdenes hombres muy capaces, y hora es de que se lo agradezca. Comenzaré por los que no están presentes: Cneo Pompeyo, que ha asegurado la cosecha de Sicilia y con ello salvado a Roma del hambre este invierno... Lucio Marco Filipo, que el año pasado aseguró la cosecha de Cerdeña, y este año se enfrentó al enviado contra él, Quinto Antonio Balbo, y le dio muerte en combate. Cerdeña está en nuestro poder... En Asia he dejado hombres excelentes que cuidarán la provincia romana más rica y valiosa: Lucio Licinio Murena, Lucio Licinio Lúculo y Cayo Escribonio Curio... Y aquí, conmigo, están mis más fieles seguidores en momentos difíciles y desesperados: Quinto Cecilio Metelo Pío y su legado Marco Terencio Varrón Lúculo, Publio Servilio Vatia, Cneo Cornelio Dolabela el viejo, Marco Licinio Craso...


domingo, 19 de agosto de 2018

BATALLA DE QUERONEA ENTRE SILA Y ARQUELAO (GENERAL DE MITRIDATES DEL PONTO)



Cuando habían tomado posiciones opuestas unos a otros, Arquelao saco a su ejercito en orden de combate, incitando en todo momento a la lucha, pero Sila tardeaba inspeccionando la naturaleza del lugar y el numero de los enemigos. Sin embargo, al retirarse Arquelao hacia Calcis, lo siguió muy de cerca buscando la oportunidad y el lugar. Y, tan pronto como vio que el acampaba cerca de Queronea en un lugar rocoso en el que no había posibilidad de escapatoria para los vencidos, tomo posesión, al punto, de una ancha llanura cercana y llevo sus tropas a ella con la idea de forzar a Arquelao a luchar, aun en contra de su voluntad. Allí la inclinación de la llanura les resultaba favorable para la persecución y la retirada, en tanto que Arquelao estaba rodeado de escarpaduras que imposibilitaban, de todo punto, la entrada en acción conjunta de todo el ejercito, porque no podía reunirlo, a causa de la desigualdad del terreno, y la huida era imposible, a causa de las escarpas, en el caso de que fuera puesto en fuga. Así pues, Sila, confiando, gracias a estos cálculos, en la mala posición del enemigo, avanzo convencido de que de nada serviria a Arquelao la superioridad numérica de sus fuerzas. Pero este ultimo no estaba resuelto en aquella ocasión a trabar combate con él y, por esta razón, tampoco se había tomado mucho cuidado en elegir el sitio para acampar, así que, cuando Sila estaba ya atacándolo, se dio cuenta demasiado tarde de su mala posición y envió un destacamento de caballería para impedírselo. Una vez que aquellos fueron puestos en fuga y arrojados a los precipicios, envió de nuevo sesenta carros por si podía hender y despedazar la falange enemiga con el ímpetu de estos. Sin embargo, los romanos abrieron filas y los carros, arrastrados hacia la ultima linea de combate por su propio movimiento y teniendo dificultad en dar la vuelta, fueron destruidos por los de retaguardia que los rodearon y descargaron sus dardos contra ellos.



Arquelao, aunque hubiera podido, incluso en su situación, defenderse con firmeza desde su campamento fortificado, puesto que tal vez las rocas hubieran coadyuvado a este menester, saco fuera con precipitación y desplegó con ahincó en orden de batalla a un gran numero de tropas que no se habían hecho a la idea de luchar en este lugar, y se encontró, sobre todo, en un paraje muy estrecho a causa de que Sila estaba ya próximo. Cargando en primer lugar con la caballería a galope tendido, escindió en dos a la formación romana y rodeo a ambas partes con facilidad a causa de su escaso numero. Pero estos se defendieron con denuedo haciendo frente al enemigo en todas partes; los que mas tuvieron que esforzarse fueron las tropas de Galba y Hortensio, contra las que dirigía personalmente el combate Arquelao, pues los bárbaros, en presencia de su general, se esforzaban en mostrar su valor. Finalmente, Sila se dirigió hacia ellos con muchos jinetes, y Arquelao, conjeturando que era Sila el que atacaba, pues vio las insignias del general y una gran nube de polvo, empezó a levantar el cerco y a replegarse a su linea de combate. Pero Sila, con la flor y nata de su caballería, a la que incorporo en el camino dos nuevas cohortes que habían quedado colocadas en reserva, ataco a los enemigos, cuando no habían terminado de ejecutar su maniobra ni de reintegrarse sólidamente a la linea frontal, y, tras sembrar la confusión entre ellos, rompió su formación y los persiguió cuando se daban a la fuga. Mientras que la victoria comenzaba por esta parte, tampoco permaneció inactivo Murena, que estaba colocado en el ala izquierda, sino que censurando a sus soldados por su pereza, cargo con valentía sobre el enemigo y lo puso en fuga.

 

Una vez que las alas del ejercito de Arquelao estuvieron en fuga, el centro no mantuvo ya por mas tiempo su posición, sino que huyeron todos en masa. Y, entonces precisamente, le sucedió a los enemigos todo cuanto había previsto Sila; pues, al no tener un espacio amplio para maniobrar ni campo abierto para la huida, fueron rechazados por sus perseguidores hacia los precipicios. Algunos de ellos cayeron en manos del enemigo al intentar escapar y otros, con una decisión más prudente, huyeron hacia el campamento. Pero Arquelao se situó ante ellos, cerro las puertas del campamento y les ordeno que se dieran la vuelta e hicieran frente a los enemigos, revelando con ello en esta ocasión la mas grande inexperiencia en los avalares de la guerra. Ellos se revolvieron con ardor, pero, como no estaban presentes ya ni sus generales ni sus oficiales, ni reconocían cada uno sus propias enseñas al estar diseminadas a causa de la higa desordenada, ni tenían espacio para huir o luchar, pues ahora, sobre todo, se encontraban mas constreñidos a causa de la persecución, eran muertos sin ofrecer resistencia; unos, por los enemigos sin tiempo para devolver los golpes y, otros, por ellos mismos dada la confusión reinante por causa del número y de la estrechez del lugar. De nuevo huyeron hacia las puertas del campamento y se apelotonaron en torno a ellas, haciendo objeto de sus reproches a los que les cerraban el paso, Les recordaban, a manera de censura, a los dioses patrios y los demás lazos de familiaridad que existían entre ellos, diciéndoles que perecían no tanto a manos de los enemigos, como por culpa de la indiferencia de sus amigos. Finalmente, Arquelao, a duras penas y más tarde de lo necesario, abrió las puertas y los acogió en el interior cuando corrían en pleno desorden. Los romanos, al ver esto y tras darse ánimos unos a otros, en esta ocasión sobre todo, se precipitaron a la carrera con los fugitivos en el interior del campamento y completaron hasta el final su victoria.


(Apiano, en "Sobre Mitridates")


lunes, 5 de marzo de 2018

EL CÓNSUL SERVIO SULPICIO RUFO



 
Servio Sulpicio Rufo (Latín: Servius Sulpicius Lemonia Rufus), 105 a. C. - 43 a. C., jurista romano del final de la época republicana, amigo y de edad similar de Cicerón,​ con quien estudió Retórica, cónsul en el año 51 a. C.. Pertenecía a la tribu rural de los Lemonia.
 
Servio Sulpicio Rufo pertenecía a la clase de los patricios, aunque su padre Quinto (Quintus) pertenecía a la clase ecuestre;​ estudió dialéctica y retórica con Cicerón (al que acompañó en su viaje a Rodas en el año 78 a. C.) y con Apolonio Molón de Rodas, e inició su carrera como orador en el foro romano. Sabiendo que nunca podría rivalizar con su maestro Cicerón, abandonó la Retórica por el Derecho y la Política.​ En la jurisprudencia sobrepasó a sus maestros L. Balbo (L. Balbus) y Aquilio Galo.
 
Servio fue sucesivamente cuestor del distrito de Ostia (74 a. C.),​ edil curul en el año 69 a. C., y pretor en el 65 a. C., donde tuvo la quaestio peculatus.6 En el año 63 a. C. fue candidato para Cónsul romano, pero fue derrotado por Lucio Licinio Murena, a quien posteriormente acusó de soborno, el cual fue defendido por Cicerón, Hortensio y Marco Craso. El 52 a. C. fue interrex y nombró cónsul único a Cneo Pompeyo Magno.
 
En el 52 a. C. triunfó en las elecciones para cónsul del año 51 a. C., junto con Marco Claudio Marcelo, ocasión en que Catón fue uno de los candidatos derrotados.
 
Durante la segunda guerra civil, después de muchas dudas, Sulpicio Rufo unió su suerte a la de Julio César, que le hizo procónsul de Acaya en el 46 a. C.; durante su gobierno su antiguo colega de consulado, Marcelo, fue asesinado al Pireo, y Servio sepultó sus restos en el gimnasio de la Academia, donde levantó un monumento de mármol en su memoria.
 
Murió en 43 a. C., mientras estaba, junto a Lucio Filipo y Lucio Calpurnio Pisón, en una misión del Senado dirigida a Marco Antonio, que se encontraba en Mutina (Módena). Le fue celebrado un funeral público, y se erigió una estatua a su memoria en los Rostra, los muros de la tribuna de oradores del Foro Romano.​
 
Estaba casado con una mujer llamada Postumia y dejó un hijo también de nombre Servio Sulpicio Rufo.
 
Fue un jurista de gran renombre en la época republicana al que Cicerón dedicó numerosas alabanzas,​ considerándole el primero que elevó la jurisprudencia a la categoría de ciencia, siendo citado profusamente en la época clásica por Gayo entre otros, aunque en su época la gran figura del derecho fue Quinto Mucio Escévola (hijo de Publio) al que se oponía la escuela jurídica de Sulpicio Rufo. Sulpicio creó a su alrededor la Escuela Serviniana, que superó a la de Quinto Mucio. Esta Escuela hacía hincapié en la asistencia de oyentes y auditores (auditores Servii) a las respuestas dadas por el jurista.
 
Tuvo varios discípulos entre los que podemos mencionar a Aufidio Manusa y a Pacuvio Labeón, padre de Labeón Ofilio, de la clase ecuestre y amigo de Julio César, que comentó edictos en una obra más extensa que la de su maestro. De todos sus discípulos destaca, como indica Vicente Arangio-Ruiz, Alfeno Varo, en cuya obra Digesta,​ pueden hallarse refundidas y sistemáticamente ordenadas un número ingente de respuestas y decisiones escolásticas (quizás en gran parte del propio Servio) de las que se conservan amplios fragmentos en el Digesto y en el Corpus Iuris Civilis de Justiniano.
 
Se le atribuyen unos ciento ochenta libros jurídicos,​ pero sólo se conocen los títulos de cuatro, como las Críticas a Quinto Mucio Escévola, Reprehensa Scaevoliae capita. Extractos directos no se le conocen, solo referencias secundarias en las obras de Cicerón y Quintiliano.
 
Dos excelentes ejemplos del estilo de Servio Sulpicio Rufo se conservan en las cartas de Cicerón. El más famoso de ellos es una carta de pésame escrita por Rufo después de la muerte de Tulia, la hija de Cicerón. Es un pésame que la posteridad ha admirado, lleno de reflexión sutil y melancólica sobre la transitoriedad de todas las cosas. Lord Byron citó esta carta en su obra Las peregrinaciones de Childe Harold.​
 
Quintiliano​ habla de tres discursos (oratio) de Sulpicio Rufo como todavía en uso habitual por los estudiantes de Retórica, 150 años después de su muerte. Algunos de ellos fueron el discurso contra Murena y el discurso pro o contra Aufidium, de los cuales nada ha quedado en nuestros días. También se dice que fue un escritor de poemas eróticos. Las características principales de su estilo literario eran la lucidez, un conocimiento íntimo de los principios del derecho civil y natural, y de un poder sin precedentes de expresión en los desarrollos jurídicos.