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domingo, 1 de enero de 2023

CARTA DE PLINIO EL JOVEN A TRAJANO


Señor, me hago una obligación de exponerte todas mis dudas. En efecto, quién mejor que tú podrá disipar mis dudas y aclarar mi ignorancia. Yo no había jamás asistido a la instrucción o a un juicio contra los cristianos, por tanto no sé en qué consiste la información que se debe hacer en contra de ellos, ni sobre qué base condenarlos, como tampoco sé de las diversas penas a las cuales se les debe someter. Mi indecisión parte de una serie de puntos que no sé como resolver. ¿Debo tener en cuenta la diferencia de edades entre ellos o, sin distinguir entre jóvenes y viejos, los debo castigar a todos con la misma pena? ¿Debo conceder el perdón a aquellos que se arrepienten? Y, en aquellos que fueron cristianos, ¿subsiste el crimen una vez que dejaron de serlo? ¿Es el mismo nombre de cristianos, independiente de todo otro crimen, lo que debe ser castigado, o los crímenes relacionados con ese nombre? Te expongo la actitud que he tenido frente a los cristianos presentados ante mi tribunal. En el interrogatorio les he preguntado si son cristianos, luego durante el interrogatorio, a los que han dicho que sí, les he repetido la pregunta una segunda y tercera vez, y los he amenazado con el suplicio: si hay quienes persisten en su afirmación yo los hago matar. En mi criterio consideré necesario castigar a los que no abjuraron en forma obstinada. A los que entre estos eran ciudadanos romanos, los puse aparte para enviarlos frente al pretor de Roma. A medida que ha avanzado la investigación se han ido presentando casos diferentes. Me llegó una acusación anónima que contenía una larga lista de personas acusadas de ser cristianos. Unas me lo negaron formalmente diciendo que no lo eran más y otras me dijeron que no lo habían sido nunca. Por orden mía delante del tribunal ellos han invocado a los dioses, quemado los inciensos, ofrecido las libaciones delante de sus estatuas y delante de la tuya que yo había hecho traer, finalmente ellos han maldecido al Cristo, todas cosas que jamás un verdadero cristiano aceptaría hacer.

 

Otros, después de haberse declarado cristianos, aceptaron retractarse diciendo que lo habían sido precedentemente pero que habían dejado de serlo; algunos de éstos habían sido cristianos hasta hace tres años, otros lo habían dejado hace un período más largo, y otros hasta hace más de veinticinco años. Todos estos, igualmente, han adorado tu estatua y maldecido al Cristo. Han declarado que todo su error o su falta ha consistido en reunirse algunos días fijos antes de la salida del sol para cantar en comunidad los himnos en honor a Cristo que ellos reverencian como a un Dios. Ellos se unen por un sacramento y no por acción criminal alguna, sino que al contrario para no cometer fraudes, adulterios, para no faltar jamás a su palabra. Luego de esta primera ceremonia ellos se separan y se vuelven a unir para un ágape en común, el cual, verdaderamente, nada tiene de malo. Los que ante mí pasaron han insistido que ellos han abandonado todas esas prácticas. Luego de mi edicto que, según tus órdenes, prohibía las asambleas secretas, he creído necesario llevar adelante mis investigaciones y he hecho torturar dos esclavas, que ellos llaman "siervos", para arrancarles la verdad. Lo único que he podido constatar es que tienen una superstición excesiva y miserable. Así, suspendiendo todo interrogatorio, recurro a tu sabiduría. La situación me ha parecido digna de un examen profundo, máxime teniendo en cuenta los nombres de los inculpados. Son una multitud de personas de todas las edades, de todos los sexos, de todas las condiciones. Esta superstición no ha infectado sólo las ciudades, sino que también los pueblos y los campos. Yo creo que será posible frenarla y reprimirla. Ya hay un hecho que es claro, y este es que la muchedumbre comienza a volver a nuestros templos que antes estaban casi desiertos; los sacrificios solemnes, por largo tiempo interrumpidos, han retomado su curso. Creo que dentro de poco será fácil enmendar a la multitud.



jueves, 29 de septiembre de 2016

RUFINO TIRANIO


Mejor conocido como Rufino de Aquilea; nació cerca del año 345, probablemente en Concordia, Italia (Jerónimo, Ep. II,2); murió en Sicilia cerca del 410. Aunque sus padres profesaban la fe cristiana, él no fue bautizado hasta que tuvo veinticinco años de edad en Aquilea, donde vivió por corto tiempo como un monje. Durante este período, probablemente compuso su "Exposición del Credo".
 
Poco después de su bautismo se fue a Egipto, probablemente en compañía de Melania; allí pasó seis años entre los ermitaños, y de ellos asimiló su amor por Orígenes. Después de eso se estableció en Palestina, y vivió en un monasterio del Monte de los Olivos con compañeros que vivían en celdas que él mandó a construir, pues era un hombre muy rico. Luego hizo una segunda visita a Egipto la cual duró cerca de dos años. Su amistad con San Jerónimo, comenzada en Aquilea si no antes, se había roto debido a la controversia origenista en Palestina avivada por San Epifanio ,pero posteriormente se reconciliaron.
 
En el año 397 regresó a Italia en compañía de Melania. A su llegada allí compuso un comentario sobre las “ Bendiciones de los Patriarcas”, y comenzó su trabajo como traductor de Orígenes con una versión en latín de la “Apología por Orígenes” de San Pánfilo, a la que añadió a modo de epílogo un tratado breve pero de gran valor histórico "La adulteración de las obras de Orígenes por herejes". Este fue seguido por una traducción del "De principiis" de Orígenes. Como el original ya no existe, el concepto de Rufino de su oficio como traductor, aunque prudente en el momento, es agravante para la posteridad. Suponiendo la extensa falsificación por los herejes, él omitió y rectificó, procurando sin embargo hacer sus rectificaciones a partir de lo que Orígenes había dicho en otra parte. Asimismo, indiscretamente, si no con mala intención, elogió el celo anterior de San Jerónimo hacia Orígenes. Esto condujo a un nuevo brote de la controversia origenista y un alejamiento definitivo de San Jerónimo. San Jerónimo atacó a Rufino, quien respondió con una "Apología" en dos libros. Fue en el marco de esta controversia que escribió su corta "Apología al Papa Anastasio".
 
Rufino tradujo otros escritos de Orígenes, además de los ya nombrados, algunos tratados de San Basilio y de San Gregorio Nacianceno, el " Reconocimientos de Clemente", el "Dichos" o "Anillo de Sixto", algunos tractos cortos de Evagrio del Ponto, y la “Historia Eclesiástica” de Eusebio; a este último añadió dos libros, con lo que actualizó la narrativa hasta su propia época. Para la cuestión de si la "Historia monachorum" es una obra original o una traducción vea monacato, monacato oriental
 

La mejor edición de las obras de Rufino es la de Vallarsi (Verona, 1745). Contiene la “Vita Rufini” de Fontanini, que sigue siendo una gran autoridad. Esta edición ha sido reimpresa por Migne en P.L., XXI. Por desgracia, no contiene las traducciones, y lo que es más importante, los prefacios de las traducciones, las cuales hay que buscar en las obras de Orígenes, San Basilio, etc. La traducción de la “Historia Eclesiástica” de Eusebio junto con la continuación, ha sido publicada recientemente en la edición de Berlín de los escritores cristianos griegos de los primeros tres siglos. El más importante de los escritos de Rufino, incluyendo los antedichos prefacios, se ha traducido en el tercer volumen de Wace y Schaff de " Padres de Nicea y posteriores a Nicea".


jueves, 22 de septiembre de 2016

SAN AGUSTÍN Y LOS ESCLAVOS


 


La aparición del cristianismo no contribuyó gran cosa a la disminución de la esclavitud. Incluso San Agustín, ya en pleno siglo V, consideraba aceptable la adquisición de esclavos recurriendo al secuestro, siempre y cuando dicho secuestro tuviera lugar fuera de los confines del Imperio. 







jueves, 21 de mayo de 2015

TEODOSIO: DIVISIÓN DEL IMPERIO Y CAÍDA DE ROMA



(EN LA FOTO DE ARRIBA , EL EMPERADOR TEODOSIO EL GRANDE )

En Oriente, desde el año 380, Teodosio apoyó a la Iglesia oficial, prohibiendo el arrianismo y deponiendo a los obispos rebeldes.




Pero los godos que se encontraban dentro de los límites del Imperio seguían siendo arrianos: Los bárbaros preferían una doctrina más simple. En Africa subsistía del donatismo, y en Hispania se había difundido una herejía profunda y mística predicada por Prisciliano, obispo de Avila.



Las violentas persecuciones contra los herejes levantaron las protestas de los obispos Martín de Tours y Ambrosio de Milán. Pero el catolicismo seguía siendo todopoderoso.

En el año 390, Teodosio ordenó una represión despiadada después de una revuelta en Macedonia. Ambrosio, indignado por el exterminio de miles de inocentes, excomulgó al emperador, prohibiéndole el acceso a las iglesias hasta que no hiciera penitencia: Teodosio se sometió el día de Navidad. Esta fue la primera penitencia pública de un soberano, y los Papas de la Edad Media se acordarían del precedente.




Teodosio, en adelante sumiso a Ambrosio, decretó en el año 392 la prohibición de los cultos paganos, de las libaciones, de los sacrificios. Pero las creencias antiguas subsistieron durante mucho tiempo en las zonas rurales de Occidente (el término pagano proviene de pagus, aldea), a pesar de los esfuerzos de san Martín de Tours.



Hubo también una rebelión de la aristocracia romana fiel a las viejas tradiciones que, aliada con el franco Argobasto, intentó restaurar el paganismo en toda Italia (año 393).

Teodosio tuvo que comprometerse en una verdadera guerra de religión y su victoria del río Frigido, en el Véneto (394), le permitió eliminar definitivamente el paganismo.




El catolicismo se convirtió en la religión oficial y única del Imperio romano, pudiendo señalarse esta fecha como el final del mundo antiguo, o, por lo menos, de sus dioses.



Teodosio murió en el año 395. Frecuentemente, los historiadores del pasado le llamaron el último gran emperador romano y relacionaron su muerte con el fin del Imperio, que repartió entre sus dos hijos: Arcadio y Honorio.



En realidad, la división entre Occidente y Oriente había sido instaurada prácticamente hacía un siglo, con la tetrarquía, y ya Constantino, en el año 314, había dejado Oriente a Licinio.



Sin embargo, la fecha del año 395 debe ser recordada porque, desde entonces, las dos mitades del Imperio siguieron distintos destinos. Teodosio señaló el fin de una época en Occidente. El Imperio mantuvo su fachada unos años más gracias -y el hecho es altamente simbólico- a la energía de Estilicón, bárbaro de origen vándalo.



Después, todo quedó sumergido por las sucesivas invasiones en la Galia, en Hispania, en Africa y en Italia, donde Alarico saqueó Roma en el año 410.

Por el contrario, Oriente logró evitar la tempestad y la idea imperial sobrevivió en Constantinopla, con el imperio bizantino, durante muchos siglos. Por es to, en vísperas de las grandes invasiones del siglo V, podemos calibrar la obra de este prodigioso conjunto a punto de hundirse.



viernes, 27 de febrero de 2015

TEODOSIO DICE SOBRE LA VIDA ETERNA





Para la vida eterna sólo se comercian las buenas obras; si las enfardelamos, amigos, hallaremos crecida ganancia; y advertid que ningún cadáver queda pobre, si el alma va rica. 


lunes, 22 de diciembre de 2014

LAS NAVIDADES, HEREDERAS DIRECTAS DE LAS SATURNALIAS Y LAS BRUMARIAS ROMANAS


Cuando el cristianismo comenzó a imponerse y extenderse la Iglesia se dio cuenta rápidamente de una cosa, se pueden cambiar ideas, se pueden imponer ideas, pero no se puede cambiar la tradición y no se puede cambiar el ciclo de la vida de las personas. Estos pueblos paganos no sólo celebraban banquetes y libaciones en honor a sus dioses, sus dioses eran la propia tierra, la propia naturaleza y su adoración estaba ligada a ellos y a sí mismos. Celebraban el inicio de las cosechas y su fin, celebraban los solsticios, los cambios de estación, celebraban la vida y celebraban la muerte.

 

 ¿Cómo podía la Iglesia cambiar eso? ¿Cómo podía la Iglesia imponer unas nuevas ideas, cultos y celebraciones que no tenían nada que ver con lo que estos hombres y mujeres conocían y sentían? En un alarde de absoluta agudeza la Iglesia comprendió que no podría cambiar las prácticas paganas; en principio sabían que de facto iban a seguir siendo paganos, por ello optó por adaptar y transformar las celebraciones y festividades paganas en festividades y celebraciones cristianas.

 

 Así, el solsticio de invierno se convirtió en la Navidad, el solsticio de verano se convirtió en San Juan, Samhain (el equinoccio de otoño) se convirtió en Todos los Santos y el equinoccio de primavera en la Pascua, por poner unos cuantos ejemplos.

 

Uno de estos pueblos paganos era el propio Imperio Romano, donde también se celebraba el solsticio de invierno en el que los días dejaban de ser cortos y empezaban a alargarse con el cambio de la estación.

 

Sin embargo, en el año 313 en emperador Constantino I decretaba la libertad de culto en el Imperio y el cristianismo dejaba de perseguirse a través del Edicto de Milán y en el año 380 el emperador Teodosio I promulgaba el Edicto de Tesalónica, por el cual el catolicismo se convertía en la religión única y oficial del Imperio.

 

Como era de esperar, el pueblo romano no se cristianizó de golpe y siguió celebrando sus festividades ancestrales, por lo que a la Iglesia no le quedó otro remedio que llevar a cabo esa estrategia de absorción de la que hablábamos, transformando las costumbres paganas dándoles un nuevo sentido cristiano.  Si lo que celebraban los romanos era que el sol que vencía a las tinieblas para alagar el día, la Iglesia le dio un nuevo significado.

 

 El nacimiento de Jesucristo era ese sol que vencía a las tinieblas. Y así se adaptaron todas aquellas festividades paganas de muchas sociedades relacionadas con el solsticio de invierno en la Navidad cristiana.

 

Ya sabemos que la Navidad es una adaptación de las fiestas paganas, pero, ¿por qué el 25 de Diciembre exactamente? Algunos autores creen que es mera coincidencia y que ese día no tiene nada que ver con el paganismo, sin embargo esta teoría carece de bastante sentido cuando somos conscientes de que ninguna otra teoría histórica avala el nacimiento de Jesús como real en esa fecha. No hay evidencias históricas que así lo confirmen.

 

Otros autores creen que se escogió el 25 de Diciembre para hacerlo coincidir con esa celebración pagana de los romanos del solsticio de invierno de la que hemos hablado. Éstos tenían una festividad llamada Saturnalia, en honor a Saturno, que comenzaba el 17 de Diciembre y duraba siete días. Al final de Saturnalia, el 25 de Diciembre, se celebraba el Natalis Invictis Solis o Deus Sol Invictus, el nacimiento del sol invencible dedicado al dios Apolo.

 

 Ese mismo 25 de diciembre también se celebraba la fiesta de Brumalia que coincidía con el solsticio y que estaba dedicada al dios Baco, aunque para otros este nombre significa “fiestas de invierno“, del latín bruma  que significa “el día más corto“, e incluso, “invierno”, porque los brumales caían en esta estación.


 Durante esos días los romanos descansaban, no guerreaban, intercambiaban regalos e incluso los esclavos recibían prebendas como raciones extras de comida o, incluso, la liberación.

 


La palabra Navidad proviene de la palabra latina nativitas que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Jesucristo, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta de su nacimiento. 


Los romanos, al cristianizarse, adaptaron estas festividades, unas de las más importantes y que no podían quitarle al pueblo, y las convirtieron en el nacimiento de Jesús y en el día de Navidad en ese mismo 25 de Diciembre.