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sábado, 3 de junio de 2023

TRAJANO, EL EMPERADOR HISPANO QUE CONQUISTÓ DACIA Y PARTIA

 

El emperador Nerva recibió en adopción a Ulpio Trajano, nacido en Itálica, ciudad de Hispania, pero perteneciente al más alto rango e incluso de familia consular. Difícilmente se encontraría un hombre más preclaro que éste, tanto en la paz como en la guerra. Porque fue el primero, o más aún, el único que extendió el poder de Roma más allá del Danubio, tras someter y convertir en provincia a los pueblos dacios, portadores del píleo..., gobernados por el rey Decébalo y...; al mismo tiempo, en el Este fueron sometidos todos los pueblos  que viven entre los famosos ríos Indo y Eufrates, fueron exigidos rehenes al rey de los persas, llamado Cosdroes, y entretanto se construyó un camino a través de pueblos bárbaros para cruzar más fácilmente desde el Ponto Euxino hasta la Galia. Se establecieron campamentos en los lugares más peligrosos y adecuados, se tendió un puente sobre el Danubio, y se fundaron muchas colonias. Además, en Roma mejoró y adornó más que espléndidamente el foro y otras muchas construcciones comenzadas por Domiciano y se encargó de manera admirable del abastecimiento regular de grano, restableciendo y reforzando el colegio de los panaderos; al mismo tiempo, para ser informado más rápidamente de las cosas relacionadas con el gobierno en todos los lugares, se recurrió al correo público.

 

(Sexto Aurelio Víctor en  Libro de los Césares )





 

domingo, 1 de enero de 2023

CARTA DE PLINIO EL JOVEN A TRAJANO


Señor, me hago una obligación de exponerte todas mis dudas. En efecto, quién mejor que tú podrá disipar mis dudas y aclarar mi ignorancia. Yo no había jamás asistido a la instrucción o a un juicio contra los cristianos, por tanto no sé en qué consiste la información que se debe hacer en contra de ellos, ni sobre qué base condenarlos, como tampoco sé de las diversas penas a las cuales se les debe someter. Mi indecisión parte de una serie de puntos que no sé como resolver. ¿Debo tener en cuenta la diferencia de edades entre ellos o, sin distinguir entre jóvenes y viejos, los debo castigar a todos con la misma pena? ¿Debo conceder el perdón a aquellos que se arrepienten? Y, en aquellos que fueron cristianos, ¿subsiste el crimen una vez que dejaron de serlo? ¿Es el mismo nombre de cristianos, independiente de todo otro crimen, lo que debe ser castigado, o los crímenes relacionados con ese nombre? Te expongo la actitud que he tenido frente a los cristianos presentados ante mi tribunal. En el interrogatorio les he preguntado si son cristianos, luego durante el interrogatorio, a los que han dicho que sí, les he repetido la pregunta una segunda y tercera vez, y los he amenazado con el suplicio: si hay quienes persisten en su afirmación yo los hago matar. En mi criterio consideré necesario castigar a los que no abjuraron en forma obstinada. A los que entre estos eran ciudadanos romanos, los puse aparte para enviarlos frente al pretor de Roma. A medida que ha avanzado la investigación se han ido presentando casos diferentes. Me llegó una acusación anónima que contenía una larga lista de personas acusadas de ser cristianos. Unas me lo negaron formalmente diciendo que no lo eran más y otras me dijeron que no lo habían sido nunca. Por orden mía delante del tribunal ellos han invocado a los dioses, quemado los inciensos, ofrecido las libaciones delante de sus estatuas y delante de la tuya que yo había hecho traer, finalmente ellos han maldecido al Cristo, todas cosas que jamás un verdadero cristiano aceptaría hacer.

 

Otros, después de haberse declarado cristianos, aceptaron retractarse diciendo que lo habían sido precedentemente pero que habían dejado de serlo; algunos de éstos habían sido cristianos hasta hace tres años, otros lo habían dejado hace un período más largo, y otros hasta hace más de veinticinco años. Todos estos, igualmente, han adorado tu estatua y maldecido al Cristo. Han declarado que todo su error o su falta ha consistido en reunirse algunos días fijos antes de la salida del sol para cantar en comunidad los himnos en honor a Cristo que ellos reverencian como a un Dios. Ellos se unen por un sacramento y no por acción criminal alguna, sino que al contrario para no cometer fraudes, adulterios, para no faltar jamás a su palabra. Luego de esta primera ceremonia ellos se separan y se vuelven a unir para un ágape en común, el cual, verdaderamente, nada tiene de malo. Los que ante mí pasaron han insistido que ellos han abandonado todas esas prácticas. Luego de mi edicto que, según tus órdenes, prohibía las asambleas secretas, he creído necesario llevar adelante mis investigaciones y he hecho torturar dos esclavas, que ellos llaman "siervos", para arrancarles la verdad. Lo único que he podido constatar es que tienen una superstición excesiva y miserable. Así, suspendiendo todo interrogatorio, recurro a tu sabiduría. La situación me ha parecido digna de un examen profundo, máxime teniendo en cuenta los nombres de los inculpados. Son una multitud de personas de todas las edades, de todos los sexos, de todas las condiciones. Esta superstición no ha infectado sólo las ciudades, sino que también los pueblos y los campos. Yo creo que será posible frenarla y reprimirla. Ya hay un hecho que es claro, y este es que la muchedumbre comienza a volver a nuestros templos que antes estaban casi desiertos; los sacrificios solemnes, por largo tiempo interrumpidos, han retomado su curso. Creo que dentro de poco será fácil enmendar a la multitud.



jueves, 29 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR NERVA

Marco Coceyo Nerva (Narni, Umbría, 26 d.J.C.-Roma, 98) Emperador romano (96-98). Siendo pretor, frustró la conjura de Pisón contra Nerón (65). Fue proclamado emperador por el Senado tras el asesinato de Domiciano. Su reinado fue un período de pacificación política y social. Reorganizó las finanzas del Imperio e impulsó una ley agraria para distribuir tierras entre los pobres. Cuando los pretorianos empezaron a conspirar contra él (97), adoptó a Marco Ulpio Trajano, gobernador de Germania superior, y le nombró corregente y sucesor.


ESCULTURAS DEL EMPERADOR NERVA:



















MONEDA DE NERVA:



ILUSTRACIONES DEL FORO DE NERVA:








RUINAS DEL FORO DE NERVA CON EL TEMPLO DE MINERVA:
















martes, 27 de diciembre de 2022

QUINTO MARCIO TURBO


 
Quinto Marcio Turbo o Turba (Quintus Marcius Turbo) fue un militar romano de los tiempos del emperador Trajano. Se trata de un jefe poco conocido, pero aun así muy importante. Se convirtió en Prefecto del pretorio y en amigo cercano y asesor militar de los emperadores Trajano y Adriano.
 
No se sabe nada de los primeros años de Turbo. Hay pocos documentos o referencias que proporcionen información fidedigna en relación con su vida antes de convertirse en soldado. No obstante, se sabe que venía de una ciudad de Grecia llamada Epidauro, que era un lugar bien conocido por sus templos religiosos y centros curativos. El primer documento sustancial sobre Turbo aparece en el año 113 d. C., cuando destacó en el ejército romano. Por lo tanto, puede decirse con cierta seguridad que nació en algún momento a finales del siglo I.
 
Turbo disfrutó de una carrera variada e ilustre como miembro del ejército romano. El primer documento sobre él aparece en el año 114, durante el reinado del emperador Trajano. En esta época, era el comandante de la Classis Misenensis,  conocida como la Flota de Miseno. Formada por el emperador Octavio Augusto en el año 27 a. C., la flota de Miseno era el equivalente naval de la Guardia Pretoriana con base terrestre. Turbo siguió las huellas del famoso Plinio el Viejo, quien previamente había sido el comandante de la Flota de Miseno. Bajo su mando, la flota navegó hacia Oriente para ayudar en la lucha contra el Imperio Parto en algún momento entre los años 113 y el 116. Esta aventura militar era parte del objetivo de Trajano de destruir finalmente la amenaza parta.
 
Aproximadamente por la misma época, amplias porciones de la población judía del Imperio empezaron a rebelarse en un intento de arrojar a sus señores romanos. Esta era la segunda revuelta judía, siendo la primera la de los años 66-73. Esta revuelta, que duró desde el año 115 hasta 117, se extendió hasta ser una situación que amenazó seriamente al Imperio; fue la llamada guerra de Kitos. Debido a lo serio de esta amenaza, Trajano envió a Marcio Turbo, uno de sus mejores militares y más cercanos confidentes, a Egipto para manejar la situación. Dejó la flota de Miseno y con nuevas tropas, enviadas por Trajano, restableció el control sobre Egipto y, eventualmente, Chipre. Turbo se convirtió en el Prefecto militar de Egipto, conocido como Praefectus Pro Legato, durante varios años mientras la provincia pasó por un proceso de rehabilitación.
 
En el año 117 murió Trajano y le sucedió Adriano, de quien se hizo amigo Marcio desde el principio. Fue consejero y confidente de Adriano, a quien acompañó a la Mauritania, en el Norte de África donde conjuntamente lideraron una campaña militar contra los rebeldes locales. Adriano se marchó para tratar otros asuntos del Imperio, principalmente la amenaza de Partia, y dejó a Turbo como director de la campaña. Como otro ejemplo de cuánto confiaba Adriano en Turbo, le puso a cargo de dos provincias en el Norte de África, la Mauritania Cesariense y la Tingitana. Después de desempeñar el cargo de gobernador, Turbo, a petición de Adriano, aceptó el control del mando danubiano, parte de la presencia militar romana en la zona oriental del Imperio cerca del río Danubio. Estuvo a cargo del mando danubiano hasta el año 123. Justo tras este nombramiento, estalló la inquietud en la provincia romana de Dacia, un lugar rico en oro y otros metales preciosos, y por lo tanto muy importante para Adriano, quien necesitaba tener acceso a sus vastas riquezas para mantener en funcionamiento el Imperio. Inmediatamente envió a Turbo a Dacia y consiguió detener cualquier rebelión que se materializara. Adriano, colaborando con Turbo, dividió Dacia en dos regiones con la esperanza de hacer la provincia más manejable y menos rebelde. Estas dos nuevas regiones fueron llamadas Dacia Superior y Dacia Inferior.
 
Después de cumplir con su cargo en el Danubio, Turbo marchó a Roma. Adriano, famoso por sus numerosos viajes, se dio cuenta de que necesitaba un representante en quien pudiera confiar en Roma, de manera que pudiera continuar sus amplios viajes en el Imperio. Durante sus viajes, Adriano sabía que estaba la siempre presente amenaza de ser usurpado o derrocado por un ambicioso político o general, pero Adriano sabía que podía confiar en Turbo para que le representara sincera y honestamente en Roma, debido a su cercana relación y por el influyente dominio en la política y la milicia.
 En el año 125 d. C., Adriano elevó a Turbo a la posición de Prefecto del Pretorio, el jefe de la Guardia Pretoriana. Esta era una posición inmensamente prestigiosa con enormes responsabilidades. Por ejemplo, Turbo tenía que mantener al emperador sano y salvo de cualquier amenaza mientras mantenía la seguridad y la paz en la tierra interior de Roma, Italia. Era uno de los más altos puestos en todo el gobierno romano y era un gran honor para Turbo. Conservó este título hasta el año 134 d. C. Es en este momento cuando Turbo parece desaparecer y no se encuentran más documentos sobre él. Es posible que Turbo, junto con muchos otros, cayera en desgracia con Adriano más tarde en su reinado. Sin embargo, también es posible que muriera de causas naturales, porque no hay evidencia de juego sucio.
 
Sin duda Turbo tuvo una ilustre carrera, que era más notable debido a que era griego y no itálico. Hasta entonces, los altos cargos del gobierno romano aún se reservaban a hombres de nobles y aristocráticas familias de ascendencia romana. Sin embargo, la vida de Turbo muestra que la tendencia general en el Imperio iba hacia una sociedad igualitaria, donde el conocimiento de cada uno, sus habilidades y logros fueran tan importantes como la familia y los antepasados. Más aún, Turbo acumuló muchos logros durante su vida en las esferas militar y política. En conjunto, Turbo contribuyó a la paz, la prosperidad y la fuerza del Imperio romano.
 

En tiempos romanos, Turbo fue respetado y admirado. Por ejemplo, el historiador Dión Casio lo describió como «leal, diligente y vigilante». Sin embargo, Turbo no ha sido el foco de historiadores contemporáneos, que estudian generalmente y se centran en la vida de emperadores y otras luminarias, cuando de hecho, los que facilitaron el éxito de emperadores y del propio Imperio son usualmente ignorados. Esto parece haber sido el caso de Marcio Turbo, quien no ha sido investigado en profundidad y sus contribuciones al Imperio romano no han sido totalmente apreciadas.