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jueves, 1 de noviembre de 2018

EL CÓNSUL MANIO ACILIO GLABRIÓN



Manio Acilio Gabrión (en latín, Manius Acilius Me. F. Me. N. Glabrio) fue un político y general de la antigua Roma, hijo del tribuno de la plebe del mismo nombre y de Mucia, hija de Quinto Mucio Escévola, y por lo tanto nieto del famoso jurista Publio Mucio Escévola y cónsul del año 133 a. C.

 

Siendo pretor urbano, en el año 70 a. C. presidió el juicio contra Cayo Verres.

 

En el año de su consulado, el año 67 a. C., y según Dión Casio, promulgó junto con Cayo Calpurnio Pisón, su colega en el consulado, una ley denominada Lex Acilia Calpurnia, para tratar de luchar contra las malas prácticas en las elecciones.

 

Al año siguiente, fue nombrado procónsul de Cilicia, a la que se añadieron las provincias de Ponto y Bitínia en virtud de la ley Gabínia, y sustituyó a Lucio Licinio Lúculo en la dirección de la guerra contra Mitrídates VI Eupator. Glabrio se encontró con un ejército indisciplinado y a un enemigo que no estaba a un paso de ser derrotado como él pensaba, y se mantuvo inactivo dentro de las fronteras de Bitinia. Poco después de su llegada a Asia, hizo una proclamación liberando a los soldados de su lealtad a Lúculo fomentando aún más la indisciplina de las tropas.Lúculo le entregó el mando de las legiones, Mitridates pudo así asolar Capadocia y recuperar gran parte de los territorios que había perdido. Más adelante fue sustituido por Cneo Pompeyo Magno de acuerdo con lo establecido en la lex Manilia.

 

Se sabe poco más de su vida, salvo que declaró en favor de la pena de muerte en el caso de la conspiración de Catilina. Estuvo casado con una hijastra de Lucio Cornelio Sila, Emilia, hija de la cuarta esposa de este, Dalmática Cecilia Metela, y de Escauro; a los que Sila separó durante el mandato de su dictadura (81- 79 a.C.) para casar a Emilia con Pompeyo Magno, quien se había ganado su favor. Emilia estaba embarazada de Glabrión, pero tanto el hijo como ella murieron en el parto.

 

Fue miembro del colegio de pontífices en el año 57 a. C.


domingo, 19 de agosto de 2018

BATALLA DE QUERONEA ENTRE SILA Y ARQUELAO (GENERAL DE MITRIDATES DEL PONTO)



Cuando habían tomado posiciones opuestas unos a otros, Arquelao saco a su ejercito en orden de combate, incitando en todo momento a la lucha, pero Sila tardeaba inspeccionando la naturaleza del lugar y el numero de los enemigos. Sin embargo, al retirarse Arquelao hacia Calcis, lo siguió muy de cerca buscando la oportunidad y el lugar. Y, tan pronto como vio que el acampaba cerca de Queronea en un lugar rocoso en el que no había posibilidad de escapatoria para los vencidos, tomo posesión, al punto, de una ancha llanura cercana y llevo sus tropas a ella con la idea de forzar a Arquelao a luchar, aun en contra de su voluntad. Allí la inclinación de la llanura les resultaba favorable para la persecución y la retirada, en tanto que Arquelao estaba rodeado de escarpaduras que imposibilitaban, de todo punto, la entrada en acción conjunta de todo el ejercito, porque no podía reunirlo, a causa de la desigualdad del terreno, y la huida era imposible, a causa de las escarpas, en el caso de que fuera puesto en fuga. Así pues, Sila, confiando, gracias a estos cálculos, en la mala posición del enemigo, avanzo convencido de que de nada serviria a Arquelao la superioridad numérica de sus fuerzas. Pero este ultimo no estaba resuelto en aquella ocasión a trabar combate con él y, por esta razón, tampoco se había tomado mucho cuidado en elegir el sitio para acampar, así que, cuando Sila estaba ya atacándolo, se dio cuenta demasiado tarde de su mala posición y envió un destacamento de caballería para impedírselo. Una vez que aquellos fueron puestos en fuga y arrojados a los precipicios, envió de nuevo sesenta carros por si podía hender y despedazar la falange enemiga con el ímpetu de estos. Sin embargo, los romanos abrieron filas y los carros, arrastrados hacia la ultima linea de combate por su propio movimiento y teniendo dificultad en dar la vuelta, fueron destruidos por los de retaguardia que los rodearon y descargaron sus dardos contra ellos.



Arquelao, aunque hubiera podido, incluso en su situación, defenderse con firmeza desde su campamento fortificado, puesto que tal vez las rocas hubieran coadyuvado a este menester, saco fuera con precipitación y desplegó con ahincó en orden de batalla a un gran numero de tropas que no se habían hecho a la idea de luchar en este lugar, y se encontró, sobre todo, en un paraje muy estrecho a causa de que Sila estaba ya próximo. Cargando en primer lugar con la caballería a galope tendido, escindió en dos a la formación romana y rodeo a ambas partes con facilidad a causa de su escaso numero. Pero estos se defendieron con denuedo haciendo frente al enemigo en todas partes; los que mas tuvieron que esforzarse fueron las tropas de Galba y Hortensio, contra las que dirigía personalmente el combate Arquelao, pues los bárbaros, en presencia de su general, se esforzaban en mostrar su valor. Finalmente, Sila se dirigió hacia ellos con muchos jinetes, y Arquelao, conjeturando que era Sila el que atacaba, pues vio las insignias del general y una gran nube de polvo, empezó a levantar el cerco y a replegarse a su linea de combate. Pero Sila, con la flor y nata de su caballería, a la que incorporo en el camino dos nuevas cohortes que habían quedado colocadas en reserva, ataco a los enemigos, cuando no habían terminado de ejecutar su maniobra ni de reintegrarse sólidamente a la linea frontal, y, tras sembrar la confusión entre ellos, rompió su formación y los persiguió cuando se daban a la fuga. Mientras que la victoria comenzaba por esta parte, tampoco permaneció inactivo Murena, que estaba colocado en el ala izquierda, sino que censurando a sus soldados por su pereza, cargo con valentía sobre el enemigo y lo puso en fuga.

 

Una vez que las alas del ejercito de Arquelao estuvieron en fuga, el centro no mantuvo ya por mas tiempo su posición, sino que huyeron todos en masa. Y, entonces precisamente, le sucedió a los enemigos todo cuanto había previsto Sila; pues, al no tener un espacio amplio para maniobrar ni campo abierto para la huida, fueron rechazados por sus perseguidores hacia los precipicios. Algunos de ellos cayeron en manos del enemigo al intentar escapar y otros, con una decisión más prudente, huyeron hacia el campamento. Pero Arquelao se situó ante ellos, cerro las puertas del campamento y les ordeno que se dieran la vuelta e hicieran frente a los enemigos, revelando con ello en esta ocasión la mas grande inexperiencia en los avalares de la guerra. Ellos se revolvieron con ardor, pero, como no estaban presentes ya ni sus generales ni sus oficiales, ni reconocían cada uno sus propias enseñas al estar diseminadas a causa de la higa desordenada, ni tenían espacio para huir o luchar, pues ahora, sobre todo, se encontraban mas constreñidos a causa de la persecución, eran muertos sin ofrecer resistencia; unos, por los enemigos sin tiempo para devolver los golpes y, otros, por ellos mismos dada la confusión reinante por causa del número y de la estrechez del lugar. De nuevo huyeron hacia las puertas del campamento y se apelotonaron en torno a ellas, haciendo objeto de sus reproches a los que les cerraban el paso, Les recordaban, a manera de censura, a los dioses patrios y los demás lazos de familiaridad que existían entre ellos, diciéndoles que perecían no tanto a manos de los enemigos, como por culpa de la indiferencia de sus amigos. Finalmente, Arquelao, a duras penas y más tarde de lo necesario, abrió las puertas y los acogió en el interior cuando corrían en pleno desorden. Los romanos, al ver esto y tras darse ánimos unos a otros, en esta ocasión sobre todo, se precipitaron a la carrera con los fugitivos en el interior del campamento y completaron hasta el final su victoria.


(Apiano, en "Sobre Mitridates")


martes, 14 de agosto de 2018

FARNACES II DEL PONTO


 Farnaces II del Ponto (griego antiguo Φαρνάκης) (97 a. C.-47 a. C.) era el hijo bastardo de Mitrídates VI Eupator, al que sucedió en el Reino del Ponto. Gracias a las campañas que llevó a cabo junto a su padre contra la ciudad eterna, consiguió grandes conocimientos acerca de las legiones (Quinto Sertorio envió a un grupo de centuriones para entrenar a las tropas pónticas como a las legiones de Roma).
 
Cuando Mitrídates VI fue vencido por Pompeyo el Grande, obligó a su padre a suicidarse mientras él regentaba un reino cerca del Bósforo. Pactó con Roma la paz, para reorganizar sus ejércitos, pero la rompió en al año 47 a. C.
 
Fue derrotado en la Batalla de Zela por Julio César, quien reunió sus tropas de entre las guarniciones de las provincias asiáticas que poseía Roma. Tras esta batalla, César pronunció una de las frases más famosas de la Historia: veni, vidi, vici. El rey huyo a la actual Crimea donde formó un nuevo ejército, César envió a Dión Casio con una legión a derrotarlo, los romanos vencieron a sus enemigos y Farnaces murió en una batalla.
 
A principios de siglo, Mitrídates VI había hecho alianza con las tribus sármatas,  y probablemente por ello, Farnaces se casó después de 77 a. C. con una noble sármata.  Pudo tratarse de una princesa, pariente del gobernante sármata, o de una aristócrata influyente. Esta esposa le dio dos hijos: Darío del Ponto y Arsaces del Ponto, y una hija, Dinamia. Los nombres dados a los niños son representativos de su doble herencia persa y griega. Los hijos fueron nombrados reyes de Ponto, tiempo después, por Marco Antonio, y luego, la hija y sus sucesores.