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miércoles, 25 de julio de 2018

EL CÓNSUL MARCO VALERIO MESALA RUFO



 

Marco Valerio Mesala Rufo (en latín, Marcus Valerius Messalla Rufus) fue un político romano, hijo de Marco Valerio Mesala Níger, y hermano de Valeria Mesala (la cuarta esposa del dictador Lucio Cornelio Sila). Fue además padre de Marco Valerio Mesala Corvino y cónsul en 53 a. C.

 

Era candidato electo al consulado de 53 a. C., pero debido a los disturbios y al repetido nombramiento de interreges, no pudo asumir el cargo hasta que había transcurrido la mitad de su periodo.

 

Mesala había pagado un alto precio por ser electo, y tenía el apoyo de Cicerón y por tanto la enemistad de Publio Clodio​ y secretamente la oposición de Gneo Pompeyo que ansiaba ser nombrado dictador.​

 

Fue dos veces acusado por prácticas ilegales en las elecciones, en la primera ocasión fue acusado por Quinto Pompeyo Rufo, un nieto de Sila, de soborno. Cicerón, a pesar de la evidente culpabilidad de Mesala, al igual que la mayor parte del partido senatorial, le dio su apoyo político. Fue absuelto, gracias a la elocuencia de su tío, Quinto Hortensio,​ pero fue encontrado culpable de transgredir la Lex Licinia de Sodalitiis, es decir de controlar las asambleas y por lo tanto las elecciones.​

 

Mesala, durante su consulado, fue apedreado por los partidarios de Clodio.

 

Se puso del lado de Julio César en la guerra civil. En 47 a. C. acompañó a Julio César al Oriente y fue probablemente su legado en la guerra en África en 46 a. C. cuando un motín dirigido por un centurión lo asedió en Mesina. Después de la batalla de Tapso, fue enviado a Útica. En 45 a. C. estaba en Hispania.

 

A partir de ahí se le pierde el rastro. Fue augur durante cincuenta y cinco años y escribió un trabajo sobre la ciencia de la adivinación.


lunes, 3 de octubre de 2016

LOS PLÁTANOS REGADOS CON VINO DE QUINTO HORTENSIO



Quinto Hortensio, orador forense rival de Cicerón, tenía por costumbre regar sus plátanos con vino, pues sabemos que, en una causa que tuvo que defender teniendo como oponente a Cicerón, pidió a éste que por favor le cambiara el turno que le tocaba intervenir pues deseaba trasladarse a su finca de Túsculo para regar personalmente con vino un plátano que había plantado en ella.

( Macrobio, en "Saturnales").
 

Ese hecho da a entender que en la antigua Roma no hacía falta que los abogados de las partes estuvieran presentes en el tribunal oyendo los argumentos expuestos por el contrario.


martes, 16 de junio de 2015

CARTA DE MARCIA, A SU ESPOSO MARCO PORCIO CATÓN EN ÁFRICA, PERSEGUIDO POR CÉSAR


Cuando Cornelia Metela desafió las tradiciones y emprendió viaje para reunirse con Pompeyo Magno, yo deseé con toda mi alma seguir su ejemplo. Si no lo hice fue por culpa de Porcia. ¿Por qué habías de tener una hija tan fielmente cumplidora del mos maiorum como tú? Cuando me sorprendió empacando, se abalanzó sobre mí como una arpía y luego fue corriendo a ver a mi padre para exigirle que me prohibiera partir. Bueno, ya conoces a mi padre. Haría cualquier cosa para mantener la paz. Así que Porcia se salió con la suya y sigo aquí en Roma.


Marco, meum mel, mea vita, vivo sola en un vacío del espíritu, sumida en dudas y preocupaciones. ¿Estás bien? ¿Piensas alguna vez en mí? ¿Volveré a verte?


No es justo que haya pasado más tiempo casada con Quinto Hortensio que durante mis dos matrimonios contigo. Nunca hemos hablado de ese exilio al que me condenaste, aunque entendí inmediatamente por qué lo hacías. Lo hacías porque me amabas demasiado, y considerabas tu amor por mí una traición a esos principios estoicos más importantes para ti que tu propia vida, o que tu esposa. Así que cuando la pura senectud indujo a Hortensio a pedirme en matrimonio, tú te divorciaste de mí y me entregaste a él, por supuesto con la connivencia de mi padre. Me consta que no recibiste un solo sestercio del anciano, pero mi padre se embolsó diez millones. Tiene gustos caros.


Interpreté mi exilio con Hortensio como una prueba de la profundidad de tu amor por mí. ¡Cuatro largos y horrendos años! ¡Cuatro años! Sí, él estaba demasiado viejo y debilitado para imponerme sus atenciones, pero ¿imaginas cómo me sentía sentada a diario durante horas con Hortensio, mientras él arrullaba a su pez preferido, Paris? ¿Echándote de menos, anhelando tu presencia, padeciendo una y mil veces tu repudio?


Y luego, cuando él murió y tú me tomaste como esposa una segunda vez, disfruté de unos breves meses contigo antes de que abandonaras Roma e Italia para cumplir con uno de tus inexorables deberes. ¿Es eso justo, Marco? Tengo sólo veintiséis años, me he casado con dos hombres, con uno dos veces, y sin embargo aún sigo estéril. Al igual que Porfia y Calpurnia, no tengo hijos.


Sé lo mucho que detestas leer mis reproches, así que dejaré de quejarme. Si fueras otra clase de hombre, no te amaría como te amo. Somos tres las que lloramos por nuestros hombres ausentes: Porfia, Calpurnia y yo. ¿Porfia?, te oigo preguntar. ¿Porfia echa de menos al difunto Bibulo? No, no a Bibulo. Porfia echa de menos a su primo Bruto. Lo ama, creo, en igual medida que tú me amas a mí, ya que Porfia tiene tu misma naturaleza: la devoran las pasiones, pero todas ellas están paralizadas por su absurda devoción a las enseñanzas de Zenón. ¿Quién era Zenón al fin y al cabo? Un chipriota estúpido que se negaba a gozar de todas las cosas maravillosas que los dioses nos han proporcionado para nuestro disfrute, desde la risa hasta la buena comida. ¡Ya ves que a través de mí habla Epicuro! En cuanto a Calpurnia, echa de menos a César. Once años su esposa, y sin embargo sólo ha pasado unos cuantos meses con César, que mantuvo relaciones con tu horrenda hermana hasta que se marchó a la Galia. Desde entonces, nada. Las viudas y esposas estamos mal atendidas.


Alguien me ha dicho que no te has afeitado ni cortado el pelo desde que saliste de Italia, pero no imagino tu maravillosa y noble cara romana tan barbuda como la de un judío.


Dime por qué, Marco, se nos enseña a leer y escribir a las mujeres, si estamos condenadas a quedarnos en casa esperando. Ahora he de dejarlo, no puedo ver a causa de las lágrimas. Por favor, te lo ruego, escríbeme. Dame esperanza.



( C. McC. )


domingo, 1 de febrero de 2015

DISCURSO DE QUINTO HORTENSIO EN EL SENADO EN CONTRA DEL IMPERIUM MAIUS OTORGADO A POMPEYO PARA COMBATIR CONTRA LOS PIRATAS


 

Honorable cónsul, censores, magistrados, consulares y senadores ¡Es hora de que acabemos de una vez para siempre con las llamadas misiones militares especiales! Todos sabemos por qué el dictador Sila incorporó esa cláusula en su enmienda a la constitución: para poder utilizar los servicios de un hombre que no pertenecía a este augusto y venerable cuerpo; un caballero de Picenum que tuvo la presunción de reclutar y acaudillar tropas al servicio de Sila cuando contaba poco más de veinte años, y que, una vez que hubo probado la dulzura de la descarada inconstitucionalidad, continuó adhiriéndose a ella... ¡aunque se negó a adherirse al senado! Cuando Lépido se sublevó, él ocupó la Galia Cisalpina, y tuvo incluso la temeridad de ordenar la ejecución de un miembro de una de las mejores y más antiguas familias de Roma: Marco Junio Bruto, cuya traición, si es que realmente puede considerarse como tal, la determinó este cuerpo al incluir a Bruto en el decreto que ponía a Lépido fuera de la ley. ¡Un decreto que no le daba a Pompeyo el derecho de hacer que un secuaz le cercenase la cabeza a Bruto en el mercado de Regium Lepidum! ¡Ni de incinerar la cabeza y el cuerpo, y luego enviar las cenizas desenfadadamente a Roma con una nota breve y semianalfabeta de explicación!

 

Después de lo cual, Pompeyo mantuvo sus preciadas legiones picentinas en Módena hasta que obligó al Senado a que le encomendara a él, ¡que no era senador ni magistrado!, la misión de ir a Hispania con imperium proconsular, gobernar la parte de la provincia más cercana en nombre del Senado y hacer la guerra contra Quinto Sertorio. Cuando durante todo el tiempo, padres conscriptos, teníamos en la provincia ulterior un hombre eminente de adecuada familia y circunstancias, el buen Quinto Cecilio Metelo, pontífice máximo, que ya combatía contra Sertorio. ¡Un hombre que, añado, hizo más por derrotar a Sertorio de lo que nunca hiciera este extraordinario y no senatorial Pompeyo! ¡Aunque fuese Pompeyo quien se llevó la gloria, quien recogió los laureles!

 

Y luego, ¿qué hace este don nadie picentino, Pompeyo, cuando regresa a nuestro amado  país? ¡Contra lo estipulado en la constitución, trae a su ejército a través del Rubicón y entra en Italia, donde lo asienta y procede a chantajearnos para que permitamos que se presente a cónsul! No tuvimos otra elección. Pompeyo se convirtió en cónsul. ¡Y aun hoy, padres conscriptos, me niego con todas las fibras de mi ser a otorgarle ese abominable nombre de Magnus que él mismo se concedió! ¡Porque él no es grande! ¡Es un forúnculo, un carbúnculo, una pútrida llaga infectada en el maltratado pellejo de Roma!

 

¿Cómo se atreve Pompeyo a dar por supuesto que puede volver a chantajear a este cuerpo de nuevo? ¿Cómo osa poner en esto a su secuaz Gabinio, ese lameculos? Imperio ilimitado, fuerzas ilimitadas y dinero ilimitado. ¡Por favor! ¡Cuando durante todo este tiempo el Senado tiene un comandante muy capaz en Creta que está haciendo un excelente trabajo! Repito, ¡un excelente trabajo! ¡Excelente, excelente! . Yo os digo, colegas miembros de esta Cámara, que nunca consentiré en que se otorgue ese mando. ¡No importa el nombre que quiera dársele! ¡Sólo en nuestra época ha tenido Roma que recurrir al imperium ilimitado, al mando sin límites! ¡Son anticonstitucionales, desmedidos e inaceptables! ¡Nosotros limpiaremos el Mar Nuestro de piratas, pero lo haremos al estilo romano, no al estilo picentino!

miércoles, 21 de enero de 2015

CÉSAR A POMPEYO SOBRE LOS SENADORES: SON BORREGOS


La mayoría de los senadores son borregos. Todos se dan cuenta de esa realidad, pero es que a algunos les impide ver otra realidad: el hecho de que entre los borregos hay lobos. Ni el mismo Cetego se da cuenta. Pero a Metelo Caprario el joven le conviene perfectamente el epíteto de gran lobo, y Catulo tiene colmillos para destrozar, no molares para rumiar. Igual que Hortensio, que tal vez no consiga ser cónsul esta vez, pero que cuenta con una influencia formidable y es un consumado jurista. Luego está mi joven y listísimo tío Lucio Cotta. ¡ Incluso a mí se me podría considerar un lobo senatorial! Todos esos que he dicho, e incluso todos juntos, son capaces de acusaros a ti y a Marco Craso de traición.

 


Y tendréis que ir a juicio ante un tribunal con un jurado compuesto exclusivamente por senadores, senadores a los que habéis dejado con dos palmos de narices. Marco Craso quizá se librara, pero tú no, Cneo Pompeyo. Estoy seguro de que tienes muchos partidarios en el Senado, pero no podrías conservarlos después de esgrimir la amenaza de la guerra civil para forzarlos a tus deseos. Podrías mantener tu facción mientras fueses cónsul y procónsul, pero no cuando volvieses a ser privatus. A menos que conservases tu ejército movilizado para el resto de tu vida, y eso, como el Erario no lo pagaría, sería imposible aun para un hombre con tus recursos.