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sábado, 31 de diciembre de 2022

PIRRÓN DE ELIS, EL PRIMER FILÓSOFO ESCÉPTICO

Pirrón de Elis (Πύρρων ῾Ηλείος, Elis, ca. 360 - ca. 270 a. C.) fue un filósofo griego de la Antigüedad clásica, a quien se considera el primer filósofo escéptico, e igualmente la inspiración de la escuela conocida como pirronismo fundada por Enesidemo en el siglo I a. C. Era natural de Elis –ciudad provincial al noroeste del Peloponeso, Grecia–. Hizo de la duda el problema central de toda su filosofía.
 
El único testimonio escrito de la obra pirrónica es una oda laudatoria dedicada a Alejandro Magno. El legado de su doctrina filosófica, recogido por su discípulo Timón el Silógrafo nos ha llegado principalmente a través de Sexto Empírico. Según su testimonio, Pirrón era tan radical en su postura que negaba que se pudiera llegar a los primeros principios de la deducción aristotélica (aunque no era tan radical como Antístenes, que renunció a toda clase de filosofía).
 
No se sabe por qué motivos la Edad Media escolástica fue tan hostil hacia la filosofía pirroniana, pero como consecuencia de ello se destruyeron gran parte de los contenidos escépticos. Por conjetura inverosímil se puede deducir que al no estar Pirrón con el principio del silogismo (si A es B y B es C, entonces A es C), los escolásticos medievales no lo aceptarían.
 
Tuvo gran ayuda de su discípulo Diónidas, que junto con sus compañeros esceptistas Pargus y Lopecio contribuyeron a la difusión de sus enseñanzas.
 
Su frase celebre: "Suspende el juicio"



martes, 24 de marzo de 2020

JENÓCRATES



Jenócrates (en griego, Ξενοκράτης, Calcedonia1​(Bitinia), ca. 396 - 314 a. C.2​)) fue un filósofo griego.

 

Discípulo de Platón, le acompañó a Sicilia cuando fue invitado por el tirano Dionisio de Siracusa.​ Sucedió a Espeusipo el año 339 a. C. en la dirección de la Academia platónica, cargo que desempeñó hasta su muerte; gustaba en especial de comentar el Timeo de su maestro. Se han conservado solamente fragmentos de sus libros; amante de las divisiones tripartitas, separó la filosofía en física, ética y lógica, denominación esta última que, según Sexto Empírico, Jenócrates prefería a la de dialéctica, y estimó que la realidad consistía en objetos de percepción, conocimiento y opinión; distinguió también entre mente, cuerpo y alma y sostuvo que todo surge entre "lo uno", que constituye la quietud y el bien, y "lo múltiple", que constituye el movimiento y el mal.

 

En toda su obra se echa de ver el deseo de armonizar la doctrina de Pitágoras de Samos con el idealismo de su maestro, para lo cual identificó la ειδη (eidé/"idea") o los arquetipos platónicos con los números.

 

Muy apreciado por Alejandro Magno, recibió de él cincuenta talentos como obsequio. Es autor de un tratado Sobre el arte de reinar, De la filosofía y De la naturaleza; escribió también una obra sobre pintura y escultura que se ha perdido. Entre sus discípulos estuvieron Epicuro, Crantor de Cilicia y Zenón de Citio.


sábado, 29 de febrero de 2020

GORGIAS DE LEONTINOS


Gorgias de Leontinos (en griego Γοργίας) (c. 485 a. C.-c. 380 a. C.​ fue un filósofo sofista del período antropológico de la filosofía griega.

Gorgias nació en la colonia jónico-calcídica de Leontinos, en Sicilia, en torno al año 480 a. C.. Fue hijo de Carmántidas. Durante su juventud fue discípulo de Empédocles, quien pudo haberle enseñado los rudimentos de su formación retórica y haberle familiarizado con el pensamiento de Parménides y de Zenón de Elea.​
 
En el año 427 a. C., sus conciudadanos de Leontinos le encargaron la dirección de una comisión a Atenas, para recabar apoyos militares contra los afanes expansionistas de Siracusa. Tras la pérdida de independencia de Leontinos en el 424 a. C., Gorgias se exilió en la Grecia continental. Allí, sus enseñanzas pudieron granjearle "además del favor y la protección de las familias más poderosas de Tesalia, unas ganancias que le permitieron hacerse retratar en una estatua de oro macizo que consagró como ofrenda al santuario de Delfos".​ Sin embargo, esto no está claro pues, según su discípulo Isócrates, ninguno de los sofistas "hizo una gran fortuna", sino que vivieron modestamente, "incluido Gorgias, que ganó más que ningún otro y estaba soltero y sin cargas familiares". Habría sido Platón quien habría intentado poner de relieve la riqueza acumulada por los sofistas.​
 
Gorgias fue el más admirado maestro de retórica de la antigua sofística, y tanto es así que algunos creen, como Filóstrato, que se le debe atribuir la paternidad del arte oratorio de los sofistas.
 
Como orador debe considerársele fundador de la oratoria epidíctica. Los discursos que nos han sido conservados son: un Epitafio, un Olímpico, un Pítico, un Elogio de los eleáticos, todos ellos en fragmentos. Nos queda, en cambio, el texto íntegro de los ejercicios sofísticos, el Elogio a Helena y la Apología de Palamedes. En todos ellos, Gorgias hace ostentación de su habilidad dialéctica.

Finalmente, Gorgias fallece a los más de cien años, entorno al año -375 a. C..​
 
El estudio de la Filosofía de Gorgias se topa con el problema de las fuentes. Del leontino no quedan textos ni fragmentos que "con certeza razonable puedan considerarse literales". Podemos conocer parte del contenido de sus obras a través de otros autores que la han comentado, de entre los que destaca el escéptico Sexto Empírico. Sin embargo, tal vez ni siquiera éste haya tenido la oportunidad de leer directamente los tratados de Gorgias.
 
Según Platón en su Gorgias o Sobre la Retórica, Gorgias define su arte como arte oratorio y afirma que está dispuesto a formar en tal arte a todos aquellos que quieran. Cabe destacar que, a diferencia de lo que ocurre en el diálogo Protágoras (cuyo protagonista es el también sofista Protágoras), donde sus argumentos son presentados como notablemente hábiles afirmaciones, en el Gorgias de Platón, el sofista aparece sosteniendo unas tesis muy débil y fácilmente rebatible que le lleva a ser ridiculizado por Sócrates. Por ello, gran parte de las características de las posturas de Gorgias sigue en entredicho. Forma parte de la primera generación de sofistas junto con Protágoras con quien compartió el presupuesto básico de su filosofía: el relativismo y el escepticismo.
 
Según la visión clásica de Gorgias, con él nos movemos en el mundo de la mera opinión, siendo la verdad para cada uno de nosotros aquello que nos persuade como tal. La retórica es la técnica de la persuasión, y el sofista, el maestro de la opinión.

Sin embargo, hay investigaciones más recientes que vienen a situar a Gorgias y la Retórica como defensores de la democracia y enemigos de la violencia, ya que "el arte del discurso-razón [···] facilita la comunidad lingüística".​ Además, en Gorgias, la verdad sería eliminada en favor de la verosimilitud, con importantes consecuencias políticas, ya que "toda la oratoria griega de época clásica es política, hasta la de los discursos ficticios".​ Al fin y al cabo, si alguien conoce la Verdad, podría comunicarla o imponerla a cualquier precio. Sin embargo, con la verosimilitud gorgiana, no conocemos nada, sino sólo el lógos, las palabras, con las que construimos los discursos. Por lo tanto, no habría ninguna verdad última de ningún tipo. Esto supone, contra Platón, que no habría ningún modelo político ideal y que, por lo tanto, mediante la Retórica es posible cambiar democráticamente el tipo de orden político cuando la Retórica "está bien adaptada a la situación".​ Esta divergencia política con Platón explicaría los motivos por los que éste censuraba a los sofistas.
 
Para el filósofo italiano Giorgio Colli, Gorgias pudo ser el probable inventor de la reducción al absurdo, uno de los métodos lógicos de demostración más utilizados.
 
Recogió la temática de la filosofía eleática concluyendo que nada existe. Se encuentran en una obra que se le atribuye, Sobre la Naturaleza o el No Ser (título que alude a la postura de la escuela eleática -por la cual se ve influido, pero a la que ataca- ya que el filósofo Meliso de Samos había escrito la obra Sobre la naturaleza o el Ser), tres célebres tesis:

Nada existe.

Si algo existiera, no podría ser conocido por el hombre.

Si algo existente pudiese ser conocido, sería imposible expresarlo con el lenguaje a otro hombre.
 
TESIS 1: NADA EXISTE

La primera tesis la defiende de la manera siguiente: si algo existe debería o bien ser eterno o no serlo. Si fuese eterno, habría de ser infinito y, si fuese infinito, no podría estar en nada. Pero, lo que no está en nada no existe. Por otra parte, si no fuese eterno, debería haber comenzado a ser (debería haber nacido, haber sido creado), pero, para comenzar a ser, antes debería no ser, lo que es imposible, ya que el no ser no es (lo que no existe no puede engendrar la existencia). Así, ni es eterno ni tiene origen y, por tanto, no es. Nada puede existir.

El también escéptico Sexto Empírico, quien conoció los escritos gorgianos, recoge la argumentación en su libro "Contra los matemáticos" de este modo:

"Que nada existe es argumentado de este modo. Si existe algo, o bien existe lo que es o lo que no es, o bien existen tanto lo que es como lo que no es. Pero ni lo que es existe, como demostrará, ni lo que no es, como explicará, ni tampoco lo que es y lo que no es, punto éste que también justificará. No existe nada, en conclusión.

Es claro, por un lado, que lo que no es no existe. Pues si lo que no es existiera, existiría y, al mismo tiempo, no existiría. En tanto que es pensado como no existente, no existirá, pero, en tanto que existe como no existente, en tal caso existirá. Y es de todo punto absurdo que algo exista y, al mismo tiempo, no exista. En conclusión, lo que no es no existe. E inversamente, si lo que no es existe, lo que es no existirá. Pues uno y otro son mutuamente opuestos, de modo que si la existencia resulta atributo esencial de lo que no es, a lo que es le convendría la inexistencia. Mas no es cierto que lo que es no existe y, por tanto, tampoco lo que no es existirá.

Pero es que tampoco lo que es existe. Pues si lo que es existe, o bien es eterno o engendrado, o eterno o ingénito al tiempo. Mas no es eterno ni engendrado ni ambas cosas, como mostraremos. En conclusión, lo que es no existe.

Porque si es eterno lo que es -hay que comenzar por esta hipótesis- no tiene principio alguno. Pues todo lo que nace tiene algún principio, en tanto que lo eterno, por su ingénita existencia, no puede tener principio. Y, al no tener principio, es infinito. Y si es infinito, no se encuentra en parte alguna. Ya que si está en algún sitio, ese sitio en el que se encuentra es algo diferente de él y, en tal caso, no será ya infinito el ser que está contenido, mientras que nada hay mayor que el infinito, de modo que el infinito no está en parte alguna. Ahora bien, tampoco está contenido en sí mismo. Pues continente y contenido serán lo mismo y lo que es uno se convertirá en dos, en espacio y materia. En efecto, el continente es el espacio y contenido, la materia. Y ello es, sin duda, un absurdo. En consecuencia tampoco lo que es está en sí mismo. De modo que, si lo que es eterno, es infinito y, si infinito, no está en ninguna parte, no existe. Por tanto, si lo que es, es eterno, tampoco su existencia es en absoluto.

Pero tampoco lo que es puede ser engendrado. Ya que si ha sido engendrado, procede de lo que es o de lo que no es. Mas no procede de lo que es. Ya que si su existencia es, no ha sido engendrado, sino que ya existe. Ni tampoco procede de lo que no es, ya que lo que no es no puede engendrar nada, dado que el ente creador debe necesariamente participar de la existencia. En consecuencia lo que es no es tampoco engendrado.

Y por las mismas razones tampoco son posibles las dos alternativas, que sea, al tiempo, eterno y engendrado. Pues ambas alternativas se destruyen mutuamente, y, si lo que es, es eterno, no ha nacido y, si ha nacido, no es eterno.

Por tanto, si lo que es no es ni eterno ni engendrado ni tampoco lo uno y lo otro, al tiempo, lo que es no puede existir.

Y, por otro lado, si existe es uno o es múltiple. Mas no es ni uno ni múltiple, según se demostrará. Por tanto, lo que es no existe, ya que si es uno, o bien es cantidad discreta o continua, o bien magnitud o bien materia. Mas, en cualquiera de los supuestos no es uno, ya que si existe como cantidad discreta, podrá ser separado, y, si es continua, podrá ser dividido. Y, por modo semejante, si es pensado como magnitud no deja de ser separable. Y, si resulta que es materia, tendrá una triple dimensión, ya que poseerá longitud, anchura y altura. Mas, es absurdo decir que lo que es no será ninguna de estas propiedades. En conclusión, lo que es no es uno. Pero ciertamente tampoco es múltiple.

Pues, dado que la multiplicidad es un compuesto de distintas unidades, excluida la existencia de lo uno, queda excluida, por lo mismo, la multiplicidad.

Que no existen, pues, ni lo que es ni lo que no es, resulta fácil de demostrar. Ya que si tanto lo que no es como lo que es existen, lo que no es será idéntico a lo que es en cuanto a la existencia. Y, por ello, ninguno de los dos existe. Que lo que no es no existe es cosa convenida. Y ha quedado demostrado que lo que es, en su existencia, es idéntico a lo que no es. Por tanto, tampoco él existirá. En consecuencia, si lo que es idéntico a lo que no es, no pueden existir el uno y el otro. Porque, si existen ambos, no hay identidad y, si existe identidad, no pueden ambos existir. De ello se sigue que nada existe."

 
TESIS 2: SI ALGO EXISTIESE, SERÍA INCOGNOSCIBLE

La segunda tesis parte de la afirmación de Parménides según la cual no es posible pensar el no ser. Pero, si el no ser no pudiese ser pensado, afirma Gorgias, no existiría el error. Dado que el error existe, se infiere que puede pensarse el no ser. Así, podemos decir que hay cosas no pensadas que existen, y cosas no existentes (como personajes míticos, por ejemplo) que pueden ser pensadas. De esta manera señala que existe una división entre pensamiento y ser y, por tanto, si algo existiese, no podría ser pensado. “Si lo pensado no existe, lo existente no es pensado”

En palabras de Sexto Empírico:


"A continuación debe demostrarse que, aun en el caso de que alguna cosa exista, ésta es incognoscible e inconcebible para el hombre (...). Es una deducción exacta e impecable ésta: "si lo pensado no existe, lo existente no es pensado" (...) Es evidente que las cosas pensadas no existen. Pues, si en efecto, las cosas pensadas existen, todas las cosas pensadas deben existir, después que alguien las piense. Lo que es inverosímil, pues, de hecho no es verdad que si uno piensa hombres voladores o carros que corren por el mar, por eso solo un hombre vuele o los carros corran sobre el mar. Por lo cual no es verdad que lo pensado exista. Además, si lo pensado existe, lo no existente no podrá ser pensado, porque a los contrarios les corresponden atributos contrarios (...) por ello, si a lo existente le corresponde el ser pensado, a lo no existente le corresponderá el no ser pensado. Pero esto es absurdo, porque se piensa también a Escila y la Quimera y muchas otras cosas irreales. Por lo cual el ser no es pensado (...)"


TESIS 3: SI ALGO FUESE COGNOSCIBLE, SERÍA INCOMUNICABLE

La tercera tesis defiende que la palabra no comunica más que sonidos. Mediante el lenguaje no transmitimos colores, sabores, tamaños, etc., sino solamente sonidos (es decir, no transmitimos las cosas en sí sino solo palabras). Y, al igual que la vista no ve los sonidos, el oído no oye los colores. Con ello pone de manifiesto el divorcio existente entre signo y significado (entre el término que designa y el objeto designado), y destaca la imposibilidad de transmitir la realidad mediante la palabra.


Esto se podría resumir en: 1) antítesis entre la exterioridad (respecto a nosotros) de la subsistencia de los objetos y la interioridad de la palabra; 2) imposibilidad, por ello, de que la palabra tenga la función de representar el objeto exterior, el cual, en cambio, tiene la función de revelarnos a nosotros la palabra, suscitándola por medio de las impresiones sensibles (los sentidos); 3) diferencia entre la subsistencia visible (los objetos) y auditiva (la palabra), e irrepresentabilidad recíproca.

Dice Sexto Empírico:

"Porque el medio con lo que nos expresamos es la palabra y ésta no es lo subsistente y el ser. Por tanto, no expresamos los seres reales a nuestro prójimo, sino palabras que son distintas a la realidad subsistente. Pues, tal como lo visible no puede transformarse en audible y viceversa, así el ser no puede transformarse en palabra nuestra, pues subsiste fuera de nosotros. Y no siendo palabra lo real no puede ser manifestado a los demás. La palabra, en efecto se organiza por las impresiones de los objetos exteriores sobre nosotros, es decir, por las sensaciones, pues de la acción del sabor, surge en nosotros la palabra que expresa tal cualidad, y de la impresión del color, la palabra del color. Si esto es verdad, no es la palabra representativa del objeto externo, sino que el objeto externo es revelador de la palabra. Y por lo tanto, ni aun se puede decir que, tal como subsisten los objetos visibles y los audibles, suceda así con la palabra también; de manera que pueda, por ser subsistente y real, revelar los objetos subsistentes y reales. Porque si también subsiste la palabra, en tal caso, es cosa diversa de los otros subsistentes (de las cosas mismas), y sobre todo, difieren los cuerpos visibles de las palabras: pues lo visible se percibe con un órgano distinto al que percibe la palabra. Por ello, la palabra no puede expresar la mayor parte de los objetos subsistentes, de la misma manera que ni aun éstos pueden manifestar unos la naturaleza de los otros."


domingo, 28 de octubre de 2018

ARCESILAO DE PITANE



Arcesilao (Αρκεσίλαος, 315 - 240 a. C.), natural de Pitane, en la Eólida, fue un filósofo griego y uno de los fundadores de la denominada Academia platónica media o segunda.

 

Discípulo de Teofrasto, Polemón, Crantor de Cilicia y Crates de Triasio, fue el sucesor de este último en la Academia, y el autor de su transformación, que se caracteriza por debilitar las afirmaciones positivas de Platón recuperando el escepticismo y poniendo de nuevo en boga el método socrático, mediante el empleo la ironía, la interrogación y la duda en las controversias filosóficas. Sin embargo, su escepticismo no se extiende al orden moral, sino que se limita al orden especultativo y metafísico.

 

Si Sócrates había dicho: «sólo sé una cosa, y es que no sé nada»; Arcesilao añade: «ni aun sé de cierto que no sé nada».

En ética, Arcesilao también se distingue por reducir la doctrina platónica del «entusiasmo» a la de la imperturbabilidad del ánimo.

 

Arcesilao, hijo de Seuthos, o Scythos, fue a estudiar retórica a Atenas, le gustó la filosofía y se convirtió en el discípulo del gran Teofrasto, y luego de Crantor. También asistió a las clases de Polemon y Crates. Había aprendido matemáticas con Autólico de Pitane e Hipponico, y estudió a Platón por quien tenía gran admiración. Después de la muerte de Crates, Sócratides, que aseguraba la continuidad de la institución, reconociendo la superioridad de Arcesilao, le dejó la dirección de la Academia. Apenas hubo eventos históricos o notables en su vida y se mantuvo alejado de los asuntos públicos.

 

En su vida privada, los rumores hablan de libertinajes y cortesanas. Habría muerto a los 75 años, borracho y delirante. Pero tuvo muchos oponentes que lo pueden haber calumniado, Plutarco y el estoico Cleantes nos ofrecen una imagen muy diferente:

 

"Alguien le dijo [a Cleantes] una vez que Arcesilao descuidó sus deberes:" Calla tu lengua ", dijo," y no lo culpes, porque si él no pronuncia la palabra "deber", él lo recomienda. por sus actos "»​.

 

Pudo haber conocido a Pirrón, Diodoro Cronos y Menedemo; una originalidad de Arcesilao era su fortuna, en un momento en que la mayoría de los filósofos eran pobres. Era, además, muy generoso y vigilaba el bienestar de sus amigos. Plutarco lo describe como un hombre heterosexual y respetuoso de sus adversarios.

 

Arcesilao no se dedicó a escribir, sus opiniones fueron imperfectamente conocidas por sus contemporáneos, y ahora solo se pueden deducir de las confusas declaraciones de sus oponentes. Esto hace que su filosofía sea difícil de evaluar y en parte inconsistente. Esto llevó a los estudiosos a ver su escepticismo de varias maneras. Algunos ven su filosofía como completamente negativa o destructiva de todos los puntos de vista filosóficos. Otros consideran que nada se puede conocer sobre la base de sus argumentos filosóficos. Otros afirmaron que no tenía puntos de vista positivos sobre ningún tema filosófico, incluida la posibilidad de conocimiento.​ Sexto Empírico dijo que la filosofía de Arcesilao parecía esencialmente lo mismo que la de Pirrón, pero admitió que esta apreciación podría haber sido superficial.

 

Por un lado, se dice que Arcesilao restauró las doctrinas de Platón en una forma incorrupta; mientras que, por otro lado, según Cicerón, resumió sus opiniones en la fórmula, "que no sabía nada, ni siquiera su propia ignorancia".

 

Los estoicos fueron los principales oponentes de Arcesilao; atacó su doctrina de una concepción convincente (katalêptikê phantasia) entendida como un significado entre episteme (conocimiento) y doxa (opinión) - una media que afirmó que no podía existir, y que era meramente la interpolación de un nombre. Implicaba una contradicción en sus términos, ya que la idea misma de phantasia implicaba la posibilidad de concepciones falsas y verdaderas del mismo objeto.

 

Es una cuestión de cierta importancia en cuanto a cómo el escepticismo académico de la Academia Media y Nueva se distinguió del Pirrónismo. Admitiendo la fórmula de Arcesilao, "que no sabía nada, ni siquiera su propia ignorancia", como una exposición de sus sentimientos reales, era imposible en cierto sentido que el escepticismo pudiese avanzar: pero los escépticos académicos no parecen haber dudado la existencia de la verdad en sí misma, solo de nuestras capacidades para obtenerla. También difería de los principios del pirrónismo en la tendencia práctica de sus doctrinas: mientras que el objetivo de los pirrónicos era el logro de la ataraxia (ecuanimidad), los escépticos académicos parecen haberse retirado del campo de la especulación a la vida práctica, y han reconocido algunos vestigios de una ley moral dentro, en el mejor de los casos, como una guía probable, cuya posesión, sin embargo, forma la distinción real entre el sabio y el tonto. Aunque la diferencia puede aparecer entre las declaraciones especulativas de las dos escuelas, una comparación de las vidas de sus fundadores y sus respectivos sucesores lleva a la conclusión de que la moderación práctica era la característica de los escépticos académicos.

 

Pero es probable que fuera muy diferente de los escépticos. Pragmáticamente, Timón el Silógrafo lo odiaba, y sabemos que odiaba a todos los que no eran escépticos.

 

Pero una diferencia profunda distingue a los escépticos pirronianos y los académicos: la de su relación con el mundo. El escepticismo duda de cada afirmación, y por lo tanto rechaza cualquier apariencia de "verdad". Pero si uno duda de cada afirmación, es imposible aceptar ninguna de ellas ... Los académicos, por el contrario, no cuestionan la legitimidad de cada punto de vista: los aceptan como tales, a pesar de su apariencia antitética. Es una doctrina más respetuosa, si no benévola, ya que implica curiosidad e indulgencia hacia cada opinión, y no desconfianza y desprecio.

 

Por ejemplo, Arcesilao confrontó la esterilidad del dogmatismo estoico y el rigorismo simétrico. Según Cicerón, Arcesilao repitió los usos de la vieja Academia, es decir, habló de cualquier tema en las discusiones y se comprometió a refutar las tesis expuestas por preguntas o discursos.

 

Particularmente apreciaba a Homero y tenía en gran estima a Platón, cuyos libros había comprado. La reacción escéptica de Arcesilao de Pitane fue, según Filón de Larisa, perfectamente justificada siempre que el problema del conocimiento fuera postulado en los términos en que los estoicos lo habían postulado, es decir, mientras uno aceptara los estándares debajo de los cuales no querían que nadie hablara de conocimiento. Por contra abogaba por renunciar a estos estándares inhumanamente arrogantes, para que el conocimiento humano fuera restaurado a sus derechos, modesto, falible, pero perfectamente legítimo. No es el mundo el que escapa a nuestro conocimiento; en la búsqueda de la verdad, es el hombre el que trae demandas desproporcionadas y barreras artificiales.
 

Conocemos su pensamiento solo por el debate sobre el criterio de verdad que se oponía a todas las filosofías helenísticas. Los estoicos admitieron varios grados de conocimiento: la representación integral, que es una representación clara y distinta; asentimiento, que es el acto del alma que experimenta una impresión verdadera; comprensión (catalepsis). El sabio es entonces, de acuerdo con Zenón de Citio, el único que da su asentimiento solo a las representaciones comprehensivas, solo tiene certezas.

 

Pero Arcesilao niega que uno pueda dar su consentimiento a una representación; según él, solo se le otorga un juicio. Además, no hay una representación integral, y el sabio será quien se niegue a afirmar nada. La alternativa planteada es la siguiente: o el sabio tiene opiniones, o no afirma nada. Arcesilao no puede aceptar la primera parte, ya que la opinión no es sabiduría, sino una falta de conocimiento de lo que se dice. En consecuencia, si no hay certeza, debemos renunciar a todas las creencias.

 

Su argumento principal consiste en decir que no podemos distinguir entre las representaciones reales y las otras, porque los objetos sin existencia también nos hacen impresiones claras y distintas. Es posible que Arcesilao haya pensado en sueños, errores de los sentidos, locura, etc. Pero decir eso equivale a decir que es imposible confiar en los datos de los sentidos para elevarse al razonar a un conocimiento verdadero de las causas y principios de las cosas. Por lo tanto, la razón no sabe nada, ya que no existe un criterio de verdad. También Arcesilao recomienda la suspensión del juicio, la epoche: "Es contra Zenón de Citio que Arcesilao, según la tradición, se enfrentó a la lucha (...). Arcesilao afirmó que no se podía saber nada, ni siquiera lo que Sócrates finalmente había acordado. Pensó que todo está oculto en la oscuridad, que nada puede ser percibido o comprendido; que, por estas razones, nunca debemos asegurar nada, afirmar nada, aprobar nada; que uno siempre debe refrenar su temeridad y preservarlo de todo desbordamiento, mientras que uno lo exalta aprobando cosas falsas o desconocidas. Pero nada es más vergonzoso que ver el asentimiento y la aprobación apresurados para superar el conocimiento y la percepción. Actuó de acuerdo con este método, de modo que refutando las opiniones de todos llevó a la mayoría de sus interlocutores a renunciar a su propia opinión: cuando se descubrió que los argumentos opuestos en ambos lados del mismo tema tenían el mismo peso era más fácil suspender su asentimiento de un lado a otro".

 

En cuanto a la crítica de Arcesilao a la física y la teología estoica, apenas tenemos información. Parece haberse burlado de ellas​. Queda por examinar la moralidad, donde Arcesilao encontró una dificultad peculiar del escepticismo.

 

Esta dificultad es la misma que la de los antiguos escépticos. El problema es saber buscar cómo se puede actuar sin conocimiento o creencia. Los grandes detractores de estas dos doctrinas recordaron que si no se realiza ninguna elección, ningún acto es posible. Al dudar de o aceptar cualquier representación del mundo, la acción ya no es una opción aceptable: la reacción es actuar frente a los demás, responder a algo que no proviene de nosotros. Reaccionar es "actuar en contra". En cuanto a reaccionar ante un punto de vista dado propuesto durante un espectáculo, si ni siquiera se tiene en cuenta, o se tiene en cuenta como el nuestro, si no hay alteridad, nos preguntamos cómo actuar? Suspender el propio juicio parece ser también suspender la propia acción: la acción es imposible sin creencia. Cicerón informa este argumento contra los escépticos y contra Arcesilao en particular.​ Pero no informa sobre las ideas morales de este último.

 

La respuesta de Arcesilao​ es que el criterio de nuestras acciones está en lo razonable (εὔλογος / eulogos, literalmente "la buena razón"). El deber es, pues, algo razonable que debemos seguir por prudencia y elección, para ser felices.

 

La razonabilidad de Arcesilao simplemente designa acciones justificables cuyas razones son coherentes: es un acuerdo subjetivo de representaciones que no implica ninguna afirmación dogmática. Arcesilao, a diferencia de los escépticos, por lo tanto, conserva un papel para la razón y, en consecuencia, rechaza la adiaforía pirrónica y la ataraxia. Por el contrario, propone crear una escala de valor efímero y personal, totalmente contextual.

 

Las tesis de Arcesilao que conocemos son sutiles: Epicuro le reprochó no decir nada nuevo.​ Su habilidad oratoria y el obvio placer que tomó al hablar de todo hace dudar si fue un filósofo o un sofista. Según Sexto Empírico,​ su escepticismo era un frente que le permitió evaluar las mentes de sus estudiantes antes de introducirlos a los verdaderos principios de la maestría. Habría fingido no creer en nada y su duda también era una protección contra los ataques de sus oponentes.

 

Es difícil creer que un gran dialéctico podría haber tenido tales temores. Toda las evidencia que tenemos (Cicerón, Sexto Empírico, Agustín de Hipona) son dudosas y hay también que recordar que Timón el Silógrafo hizo elogio fúnebre de Arcesilao. Arcesilao mostró así una variante supuesta de escepticismo, por la creación de la noción de suspensión del juicio (epoche). Con toda probabilidad, era un espíritu escéptico de la Nueva Academia, que debe distinguirse del probabilismo futuro.

 

Blaise Pascal escribió sobre Arcesilao en sus Pensamientos (1669, párrafo 375):

"He visto cambios en todas las naciones y en todos los hombres, y así, después de muchos cambios de juicio con respecto a la verdadera justicia, he reconocido que nuestra naturaleza no era sino un cambio continuo, y no he cambiado desde entonces; y si cambiara, confirmaría mi opinión. El escéptico Arcesilao, que se convirtió en dogmático."