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miércoles, 24 de mayo de 2023

SERVILIA CEPIONIS, LA AMANTE DE CAYO JULIO CÉSAR Y MADRE DE MARCO JUNIO BRUTO

Servilia (100/99 a. C.-c. 40 a. C.) fue una patricia, hija de Quinto Servilio Cepión y de Livia Drusa. También era hermana materna de Marco Porcio, Catón el Joven.

 

Servilia creció en la casa del tribuno Marco Livio Druso, un tío materno, después del escandaloso divorcio de sus padres. Posteriormente se casó con trece o catorce años con Marco Junio Bruto, hijo de un partidario del régimen de Cayo Mario, Lucio Cornelio Cinna y Cneo Papirio Carbón. Un año después, en 85 a. C., Servilia tuvo un hijo, Marco Junio Bruto, uno de los futuros asesinos de Cayo Julio César. Tras la muerte de su primer marido, se casó con Décimo Junio Silano, el cónsul del año 62 a. C., con quien tuvo tres hijas, todas llamadas Junia. Junia Prima, casada con el cónsul Publio Servilio Vatia Isáurico, Junia Segunda que se casaría con Marco Emilio Lépido, el futuro triunviro (junto con Octaviano y Marco Antonio), y Junia Tercia, la más joven, que se casaría con Cayo Casio Longino, otro de los asesinos de César.

 

Pero la mayor contribución de Servilia a la historia, aparte de su hijo, fue el hecho de ser la amante favorita de Julio César. Una anécdota famosa cuenta que, durante la reunión del Senado en la que se discutía la conspiración de Catilina, Servilia le mandó una carta de amor. César trató de leer el mensaje discretamente pero Catón, su mayor enemigo, lo vio y lo acusó de estar involucrado en la conspiración y de haber recibido una carta de Catilina o de sus partidarios.​ César afirmó que el mensaje era de una amante pero Catón no le creyó. Entonces, César le entregó amablemente la carta. Desgraciadamente para él, César tenía razón; Catón, furioso y avergonzado tras la lectura de la carta, se la arrojó a César gritándole "¡Toma, borracho!". Así fue como salió a la luz su relación con César, considerando que Catón era el hijo que su madre había tenido con otro hombre de ascendencia esclava ( Catón Saloniano), y por esto Servilia muy celosa de la pureza de su origen patricio, le tenía odio y rechazo hacia su medio hermano.

 

Como pruebas del aprecio que tenía César por Servilia, Suetonio cita varios casos:

 

Sin embargo, César amó más que a nadie a Servilia, madre de Marco Bruto, a quien durante su primer consulado le regaló una perla que valía seis millones de sestercios, mientras que durante la guerra civil, además de otras donaciones le adjudicó por una puja mínima grandes propiedades subastadas, ocasión en que Cicerón le dijo en broma: «Para que lo sepáis, la compra ha sido más ventajosa, pues se le ha deducido un tercio». Se rumoreaba, en efecto, que la hija de Servilia, Tercia , también amaba a César.

La relación de Servilia con César duró desde el año 63 a. C. hasta el asesinato de este último en el 44 a. C.. o sea que prácticamente unos veinte años, pero nunca se casó con él pese a que era lo que ella más deseaba, y César decidía sus matrimonios en función de las alianzas políticas que pudieran favorecerle. Cuando César no estaba en Roma, mantenía una profunda y apasionada correspondencia epistolar en la que ambos se informaban de todo, considerando la gran influencia que tenía Servilia como aristócrata conectada con varias familias importantes de gran peso en la vida política romana. Fue una relación de amor-odio, porque Servilia no consiguió que César se doblegara a su voluntad, pese a estar muy enamorada de él y ser la mujer más rica de toda Roma, y de las más hermosas, aparte de las más inteligentes y astutas que manejaban los resortes de la política romana desde la sombra.  

 

Después del asesinato de César por parte de su hijo Marco Junio Bruto y su yerno Cayo Casio Longino, los conspiradores se reunieron en la casa de Servilia y su consejo fue tenido en cuenta (aunque no hay pruebas de que estuviera involucrada en la conspiración). A pesar de esto, Servilia pudo escapar indemne de las proscripciones del segundo triunvirato. Después de la muerte de Bruto, cuyas cenizas le fueron enviadas desde la ciudad de Filipos donde libró su última batalla, vivió al cuidado de Tito Pomponio Ático, amigo de Cicerón, hasta su muerte, al parecer por causas naturales, sucedida después de 42 a. C.


lunes, 26 de diciembre de 2022

EL CÓNSUL QUINTO SERVILIO CEPIÓN EL VIEJO, PADRE DE SERVILIA (AMANTE DE CAYO JULIO CÉSAR )




Familia y Carrera

Nacido en el seno de la gens Servilia, su padre era Quinto Servilio Cepión que combatió a Viriato durante la Guerra Lusitana. Su hijo fue Quinto Servilio Cepión el Menor, padre de Servilia Cepionis, la famosa amante de Julio César.



Fue pretor en el año 110 a. C. y gobernó la Hispania Ulterior donde triunfó sobre los lusos según los Fasti Triunfales, como propretor en 108 a. C. Su triunfo es mencionado por Valerio Máximo,1 pero Eutropio es el único historiador que señala victorias suyas en la Lusitania.



Consulado

Obtuvo el consulado en 106 a. C., junto con Cayo Atilio Serrano. Como cónsul aprobó un proyecto de ley que dictaba que los tribunales debían estar controlados exclusivamente por senadores, excluyendo a los equites, pero al parecer, esta ley fue derogada poco después.




Cepión recibió el proconsulado de la Galia Narbonense en 105 a. C., que había sido invadida por los cimbros; los tectósages de Tolosa se sublevaron en favor de éstos contra los romanos aprovechando las circunstancias.
Cepión saqueó los templos de la ciudad de Tolosa, encontrando 15.000 talentos de oro y 10.000 talentos de plata, (el famoso Oro de Tolosa). Las riquezas de Tolosa fueron inmediatamente transportadas a Roma, pero sólo llegó la plata, ya que la caravana con el oro fue asaltada por unos bandidos que mataron a toda la cohorte que lo custodiaba. En Roma surgieron rumores de que estos bandidos habían sido contratados por el propio Cepión para poder apropiarse de las inmensas riquezas; esta tesis se apoya en que el Oro de Tolosa nunca se encontró. Parece ser que este oro fue transmitiéndose de generación en generación hasta llegar a Bruto. A pesar de que la riqueza que adquirió Cepión fue enorme, se cree que tuvo que pagarla muy caro, ya que la posterior destrucción de su ejército y su triste destino se consideró como un castigo divino por su acto sacrílego. De ahí también surgió el proverbio Aurum Tolosanum habet.




El desastre de Arausio

Continuó con el mando de la provincia en el año 105 a. C. cuando llegó otro ejercito romano bajo el mando del cónsul Cneo Malio Máximo (en algunas fuentes aparece como Gneo Manlio Máximo). Cepión rechazó la cooperación con Cn. Malio Máximo ya que era un hombre nuevo que pertenecía a la nobleza rural pero no al patriciado o nobleza romana; eso para el elitista y arrogante Cepión era una ofensa, y finalmente los dos se dividieron la provincia por el río Ródano (Cepión la parte occidental y Manlio la oriental). Derrotado Marco Aurelio Escauro por los cimbros, Manlio solicitó la ayuda de Cepión para que unieran sus fuerzas.




Cepión en un primer momento se negó a ir, pero después, temiendo que Manlio obtuviera toda la gloria al derrotar a los cimbrios, cruzó el Ródano y marchó hacia Arausio para encontrarse con las tropas de cónsul. Aun así se mantuvo sin comunicación con él, y ambos ejércitos acamparon por separado, y creyendo que podría tener la oportunidad de terminar la guerra por sí mismo, Cepión plantó su campamento entre el cónsul y el enemigo.



Las discordias entre los dos hombres no pararon de aumentar y entonces fueron atacados por los cimbros, siendo los dos ejércitos aniquilados, con 80.000 soldados y 40.000 auxiliares muertos. Sólo unos diez hombres se salvaron. Fue una de las más completas derrotas que los romanos habían tenido en su historia y el día en que ocurrió, el 6 de octubre, se convirtió en uno de los días de negro en el calendario romano.



Exilio y Muerte

Diez años después de la batalla (95 a. C.) el tribuno Cayo Norbano le acusó de «pérdida de su ejército», y a pesar de que fue defendido por el orador Lucio Licinio Craso, que era cónsul en ese año, y por otros muchos de la aristocracia romana, Cepión acabó condenado, perdió la ciudadanía y le prohibieron recibir comida a menos de 1.300 kilómetros de Roma. Fue multado con 15.000 talentos, y al no contar con tanto dinero acabó exiliado en Esmirna, donde murió.




Otros relatos dicen que murió en la prisión y otros que fue encarcelado pero se escapó merced a la ayuda de su amigo el tribuno Lucio Antistio Regino y entonces huyó a Esmirna.



viernes, 3 de abril de 2020

ASESINATO DE VIRIATO



Sin embargo, los acuerdos no duraron ni siquiera un breve espacio de tiempo, pues Cepión, hermano y sucesor en el mando de Serviliano, el autor del pacto, denunció el mismo y envió cartas afirmando que era el más indigno para los romanos. El senado en un principio convino con él en que hostigara a ocultas a Viriato como estimara oportuno. Pero como volvía a la carga de nuevo y mandaba continuas misivas, decidió romper el tratado y hacer la guerra a Viriato abiertamente.

 

Viriato envió a sus amigos más fieles, Audax, Ditalcón y Minuro, a Cepión para negociar los acuerdos de paz. Éstos, sobornados por Cepión con grandes regalos y muchas promesas, le dieron su palabra de matar a Viriato. Y lo llevaron a cabo de la manera siguiente. Viriato, debido a sus trabajos y preocupaciones, dormía muy poco y las más de las veces descansaba armado para estar dispuesto a todo de inmediato, en caso de ser despertado. Por este motivo, le estaba permitido a sus amigos visitarle durante la noche. Gracias a esta costumbre, también en esta ocasión los socios de Audax aguardándole, penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura. Sin que nadie se percatara de lo ocurrido a causa de lo certero del golpe, escaparon al lado de Cepión y reclamaron la recompensa. Éste en ese mismo momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus demandas los envió a Roma. Los servidores de Viriato y el resto del ejército, al hacerse de día, creyendo que estaba descansando, se extrañaron a causa de su descanso desacostumbradamente largo y, finalmente, algunos descubrieron que estaba muerto con sus armas. Al punto los lamentos y el pesar se extendieron por todo el campamento, llenos todos de dolor por él y temerosos por su seguridad personal al considerar en qué clase de riesgos estaban inmersos y de qué general habían sido privados.

 ( Apiano en "Sobre Iberia" )










lunes, 30 de marzo de 2020

EL CÓNSUL QUINTO FABIO MÁXIMO SERVILIANO



Quinto Fabio Máximo Serviliano (en latín, Quintus Fabius Maximus Servilianus) fue un político y militar de la República Romana.

 

Por el agnomen Servilianus, fue adoptado de la gens Servilia por el cónsul del año 145 a. C. Quinto Fabio Máximo Emiliano. Era hermano uterino del cónsul del año 141 a. C. Cneo Servilio Cepión​ y del cónsul de 140 a. C. Quinto Servilio Cepión.

 

En 142 a. C. fue cónsul junto con Lucio Cecilio Metelo Calvo. Durante su consulado el Senado le otorgó el mando de dos legiones, trescientos jinetes númidas y una decena de elefantes y le ordenó enfrentarse a los hispanos insurrectos. Trató de entrar en Lusitania; no obstante, los sediciosos le rechazaron obligándole a retirarse a duras penas. Viriato lo persiguió, pero sufrió importantes pérdidas teniendo que volver a su territorio.​

 

En 141 a. C. reemprendió la ofensiva ocupando numerosas ciudades; capturó y asesinó a unos quinientos líderes rebeldes y se mostró implacable con los romanos que se habían pasado al enemigo, a los que hizo cortar las manos y los vendió como esclavos.

 

Sin embargo, Viriato atacó por sorpresa a los romanos mientras asediaban la ciudad ibera de Erisana (posiblemente Zalamea). Viriato llegó a la ciudad por la noche y al alba había hecho retirarse a los romanos que trabajaban en las trincheras. Serviliano alineó el resto de su ejército para un contraataque, pero fue derrotado y acorralado en terreno desfavorable. Viriato aprovechó esta posición de control para obligar a Serviliano a rendirse y firmar un tratado en el que se concedía la independencia a Lusitania y el título de rey a Viriato.

 

El sucesor de Serviliano en el gobierno de Hispania, su hermano Quinto Servilio Cepión, no aceptó el tratado y continuó la lucha.

 

Valerio Máximo le atribuye una censura, que los Fasti no confirman.


domingo, 1 de julio de 2018

ASESINATO Y FUNERALES DE VIRIATO



Viriato envió a sus amigos mas fieles, Audax, Ditalcon y Minuro, a Cepión para negociar los acuerdos de paz. Estos, sobornados por Cepión con grandes regalos y muchas promesas, le dieron su palabra de matar a Viriato. Y lo llevaron a cabo de la manera siguiente. Viriato, debido a sus trabajos y preocupaciones, dormía muy poco y las más de las veces descansaba armado para estar dispuesto a todo de inmediato, en caso de ser despertado. Por este motivo, le estaba permitido a sus amigos visitarle durante la noche. Gracias a esta costumbre, también en esta ocasión los socios de Audax aguardándole, penetraron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura. Sin que nadie se percatara de lo ocurrido a causa de lo certero del golpe, escaparon al lado de Cepión y reclamaron la recompensa.

 

 Este en ese mismo momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus demandas los envió a Roma. Los servidores de Viriato y el resto del ejército, al hacerse de día, creyendo que estaba descansando, se extrañaron a causa de su descanso desacostumbradamente largo y, finalmente, algunos descubrieron que estaba muerto con sus armas. Al punto los lamentos y el pesar se extendieron por todo el campamento, llenos todos de dolor por el y temerosos por su seguridad personal al considerar en que clase de riesgos estaban inmersos y de que general habían sido privados. Y lo que mas les afligía era el hecho de no haber encontrado a los autores.

 

Tras haber engalanado espléndidamente el cadáver de Viriato, lo quemaron sobre una pira muy elevada y ofrecieron muchos sacrificios en su honor. La infantería y la caballería corriendo a su alrededor por escuadrones con todo su armamento prorrumpía en alabanzas al modo bárbaro y todos permanecieron en torno al fuego hasta que se extinguió. Una vez concluido el funeral, celebraron combates individuales junto a su tumba. Tan grande fue la nostalgia que de el dejó tras si Viriato, un hombre que aun siendo bárbaro, estuvo provisto de las cualidades mas elevadas de un general; era el primero de todos en arrostrar el peligro y el mas justo a la hora de repartir el botín. Pues jamás acepto tomar la porción mayor aunque se lo pidieran en todas las ocasiones, e incluso aquello que tomaba lo repartía entre los mas valientes. Gracias a ello tuvo un ejercito con gente de diversa procedencia sin conocer en los ocho años de esta guerra ninguna sedición, obediente siempre y absolutamente dispuesto a arrostrar los peligros, tarea esta dificilísima y jamás conseguida fácilmente por ningún general.


( Apiano en "Iberia" )


domingo, 21 de enero de 2018

EL CÓNSUL CAYO ATILIO SERRANO


Cayo Atilio Serrano (en latín, Gaius Atilius Serranus) fue un político romano de fines del siglo II a. C. que fue elegido cónsul con Quinto Servilio Cepión en 106 a. C.
 
Cicerón ​ lo define como stultissimus homo, pero, aun así, fue escogido cónsul con preferencia sobre Quinto Catulo. Fue uno de los senadores que cogió las armas contra Apuleyo Saturnino en el año 100 a. C. Murió en 87 a. C.


martes, 19 de mayo de 2015

RESPUESTA DE SERVILIA CEPIONIS A LA CARTA DE RHIANNON, LA AMANTE GERMANA DE CÉSAR





Bien, no puedo decir que yo esperase jamás recibir una carta escrita en un latín bastante peculiar de la amante gala de César, pero no deja de resultar divertido, tengo que admitirlo. De modo que tienes un hijo de César. Qué asombroso. Yo tengo una hija de César. Y lo mismo que tu hijo, tampoco lleva el nombre de César. Eso se debe a que yo, por aquel entonces, estaba casada con Marco Junio Silano. Un pariente lejano suyo, otro Marco Junio Silano, es uno de los legados de César este año. Por ello el nombre de mi hija es Junia, y como es la tercera Junia, yo la llamo Tertula.




Dices que eres una princesa. Los bárbaros las tienen, ya lo se. Mencionas ese hecho como si tuviera alguna importancia. No la tiene. Para un romano, la única sangre que importa es la sangre romana. La sangre romana es mejor. El ladrón más mezquino de cualquier callejón trasero es mejor que tú, porque tiene sangre romana. Ningún hijo cuya madre no sea romana podría importarle a César, que tiene la sangre de mayor alcurnia en Roma. Nunca ha sido mancillada por otra sangre que no fuera romana. Si Roma tuviera un rey, César sería ese rey. Sus antepasados fueron reyes. Pero Roma no tiene rey, y César nunca permitiría que Roma tuviera un rey. Los romanos no doblan la rodilla ante nadie.




No tengo nada que enseñarte, princesa bárbara. No es necesario que un romano tenga un hijo de su carne para que herede su posición y lleve el nombre de su familia, porque los romanos pueden adoptar hijos. Esto lo hacen con mucho cuidado. Cualquiera a quien adopten deberá tener la sangre necesaria para continuar su linaje, y como parte de la adopción el nuevo hijo asume su nombre. Mi hijo fue adoptado. Se llamaba Marco Junio Bruto, pero cuando su tío, mi hermano, murió sin dejar un heredero, adoptó a Bruto en su testamento. Bruto se convirtió en Quinto Servilio Cepión, de mi propia familia. Que haya preferido en los últimos años llamarse otra vez Marco Junio Bruto es debido al orgullo que siente por un antepasado juniano, Lucio Junio Bruto, que desterró al último rey de Roma y fundó la res publica romana. Si César no tiene ningún hijo, adoptará uno de sangre juliana y de antepasados impecablemente romanos. Así es la costumbre romana. Y sabedor de esto, César proseguirá su vida seguro, en el convencimiento de que, si no tuviera un hijo de su carne, su último testamento remediaría eso.




No te molestes en contestar esta carta. Me desagrada el hecho de que te consideres a ti misma como una de las mujeres de César. No eres ni más ni menos que un mero recurso circunstancial

( C. McC. )





miércoles, 22 de abril de 2015

LUCIO APULEYO SATURNINO





( En la foto de arriba, moneda de Saturnino )

Lucio Apuleyo Saturnino (en latín Lucius Appuleius Saturninus) fue un tribuno de la plebe que utilizó tácticas demagógicas para llevar a cabo sus ambiciones políticas. Aliado político de Cayo Mario, cuando su relación política se rompió, Saturnino intentó derrocar al Senado utilizando las masas del Foro Romano. El Senado concedió el mando de la lucha contra Saturnino a Mario, que tras derrotarle desapareció de la vida pública hasta que tomó el mando de la Guerra Social




CUESTOR


Como cuestor (104 a. C.), supervisó la importación de grano a Ostia, pero fue depuesto por el Senado Romano (en un procedimiento inusual), y fue reemplazado por Marco Emilio Escauro, uno de los principales líderes de la facción conservadora del Senado, los optimates. La deposición del cargo de Saturnino no se debió a incapacidad o mala administración, sino que se debió a la negativa de Saturnino a atacar políticamente a los populares.




PRIMER TRIBUNADO


En 103 a. C. fue elegido tribuno de la plebe. Estableció un acuerdo con Cayo Mario y recibió la orden de legislar que los soldados de Cayo Mario fueran recompensados con 100 iugera cada uno de la provincia de África. Saturnino además contribuyó a que Mario fuera elegido para su cuarto consulado (102 a. C.).




A Saturnino se le presentó una oportunidad de vengarse de la nobleza romana con la llegada en 101 a. C. de unos embajadores del Rey Mitrídates VI del Ponto, ya que éstos sobornaban con grandes sumas de dinero al Senado. Cuando esto llegó a los oídos de Saturnino, el tribuno insultó a los embajadores. Saturnino tuvo que comparecer en un juicio por infringir la ley al calumniar a los embajadores y sólo se salvó gracias a una petición de misericordia de la plebe. El primer tribunado de Saturnino estuvo principalmente vinculado a su lex maiestas, la cual probablemente reforzó el poder del tribunado de la plebe y de los populares. Saturnino estableció la minuta maiestas, para los romanos cuyos actos tendían a perjudicar la integridad de Roma, lo que se podría entender mediante la moderna palabra, traición.




Uno de los principales objetivos del tribuno, que había suscitado un profundo odio en él era Quinto Cecilio Metelo el Numídico, cuando, como censor, intentó expulsar a Saturnino del Senado por su inmoralidad, pero su colega censor, Cayo Cecilio Metelo Caprario lo rechazó. Para congraciarse con la plebe, Saturnino presentó a Roma, que tenía muy presente en la memoria a los Graco a un hombre que se decía hijo de Tiberio Sempronio Graco, Lucio Equitio. Aunque Cornelia, madre de los Gracos rechazó la alegación de su presunto nieto, la plebe golpeó hasta dejar inconsciente a Quinto Cecilio Metelo el Numídico cuando éste rechazó la candidatura de Lucio Equitio a tribuno de la plebe. Equitio fue poco después elegido tribuno.




SEGUNDO TRIBUNADO

Cuando Cayo Mario regresó a Roma tras su victoria frente a los cimbrios, se encontró marginado en el Senado por la facción optimate. Mario llegó a un acuerdo con Saturnino y con su aliado Cayo Servilio Glaucia, y estos tres senadores formaron una especie de triunvirato. Saturnino y Glaucia apoyaron la concesión de tierras para los veteranos de Cayo Mario. Con la ayuda del soborno y el asesinato, Mario fue elegido cónsul en 100 a. C., por sexta vez (y quinta consecutiva), Glaucia fue elegido pretor y Saturnino fue elegido tribuno de la plebe por segunda vez. Saturnino sacó adelante una ley agraria, alegando la aprobada en la Provincia Romana de África. Propuso que todo el territorio al Norte del Po, recientemente en posesión de los cimbrios, debería estar disponible para el asentamiento de los veteranos de Cayo Mario, incluidas las tierras que habían sido ocupadas por tribus célticas. Esta ley fue motivo de polémica, ya que esta tierra ya era propiedad de los campesinos itálicos que habían sido desposeídos de ellas por los cimbrios.




Se fundaron colonias en Sicilia, Acaya y Macedonia, empleándose para su compra el tesoro del Oro de Tolosa, malversado por Quinto Servilio Cepio, padre de Quinto Servilio Cepio el joven. Los itálicos fueron admitidos en estas colonias surgiendo auténticas colonias burguesas, de forma que el derecho de igualdad de los itálicos respecto al de los romanos fue de ese modo parcialmente reconocido. Esta parte del proyecto de ley ofendió a muchos ciudadanos, que no estaban dispuestos a permitir la cesión de estos privilegios.




Una cláusula exigía la condición de que, pasados cinco días de la aprobación de la leyn debía defenderla, bajo pena de ser expulsados del Senado y exiliados. Todos los senadores juraron defender la ley, excepto Quinto Cecilio Metelo el Numídico, que fue exiliado. Además Saturnino presentó un proyecto de ley con el objeto de ganar el apoyo de la muchedumbre, el suministro de grano a un módico precio. El cuestor Quinto Servilio Cepio declaró que el Tesoro no podría soportar el gasto, pero los colegas de Saturnino interpusieron su veto. Saturnino ordenó la continuación de la votación pero Cepio la dispersó mediante la violencia. El Senado declaró nula la reunión y la invalidó, porque se había oído un trueno. Saturnino declaró que para el Senado era mejor permanecer sin hacer nada, de lo contrario el trueno habría sido seguido por una granizada. Los proyectos de ley (leges Appuleiae) fueron finalmente aprobados gracias a la influencia de Cayo Mario.




TERCER TRIBUNADO, CAÍDA Y MUERTE


Mario se encontró ensombrecido por sus colegas y debido a todos sus excesos, rompió definitivamente con ellos, y Saturnino y Glaucia vieron que la única esperanza de mantenerse a salvo era la retención de sus cargos. Saturnino fue elegido por tercera vez como tribuno a principios de año y Glaucia, aunque tras el pretorado no era elegible hasta pasados dos años, fue candidato al consulado. Marco Antonio Orator fue elegido sin oposición, el otro candidato optimate, Cayo Memmio, que parecía que era el que tenía más posibilidades de éxito, fue golpeado hasta la muerte por los matones de alquiler de Saturnino y Glaucia, que estaba a punto de comenzar en el momento en que se lo encontraron.




Esto produjo una auténtica revolución en el sentimiento político. El Senado declaró al día siguiente a Saturnino y a Glaucia enemigos públicos y nombró a Mario para que defendiera el Estado. Mario no tuvo más alternativa que obedecer. Saturnino, vencido en una pequeña batalla en el Foro Romano, refugiándose con sus seguidores en el Capitolio, donde se cortó el suministro de agua, y fueron obligados a capitular. Mario prometiéndoles que perdonaría sus vidas, los expulsó de la Curia Hostilia, con la intención de procesarles de acuerdo con la ley, pero los miembros más impetuosos del partido aristocrático, treparon al techo, deshicieron el tejado cogiendo unas cuantas tejas y mataron a Saturnino y a sus seguidores. Glaucia, que se encerró en una casa, fue sacado a rastras y asesinado.




DESCENDENCIA


Su hija Apuleya contrajo matrimonio a pesar de la caída en desgracia de su familia y fue madre de dos cónsules, Lucio Emilio Lépido Paulo y el triunviro Marco Emilio Lépido. Otro descendiente Sexto Apuleyo, fue cónsul en 29 a. C. y el probable hijo de éste, Sexto Apuleyo, cónsul en 14, casado (era su tercer matrimonio), con Claudia Marcela Maior, nieta de César Augusto.