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sábado, 3 de junio de 2023

PLEGARÍA AL DIOS NEPTUNO POR LA PROTECCIÓN EN EL MAR

   

“Dioses cuyo deseo es salvar los audaces navíos y amainar los crueles peligros del ventoso ponto, alisad suavemente el mar y haced vuestra asamblea plácida a mis plegarias; y que, ante mi ruego, el oleaje, apaciguado, no alborote. Una prenda grande y preciada encomiendo a tus profundidades, Neptuno.”

( Publio Papinio Estacio )

 

Esta plegaria al dios Neptuno,  muestra la importancia de que los antiguos romanos daban al mar ya la navegación. El poeta Estacio, en su obra "Silvae", hace una sílica a Neptuno para que proteja a los barcos ya los marineros de los peligros del mar.

Esa plegaria es parte de su obra “Silvae”, una colección de poemas cortos que escribió en honor a amigos y patrocinadores.

 

La plegaria también incluye una ofrenda a Neptuno, una prenda grande y preciada que se confía a las profundidades del mar. Esta ofrenda es un gesto de respeto y gratitud hacia el dios, y muestra la creencia de que Neptuno tiene el poder de proteger y bendecir a aquellos que lo honran.

 

En general, esta plegaria refleja la profunda conexión que los antiguos romanos tenían con la naturaleza y los dioses, y su creencia en la importancia de la devoción y el respeto hacia los seres divinos.



viernes, 19 de mayo de 2023

EL MIEDO Y EL NACIMIENTO DE LOS DIOSES: UNA REFLEXIÓN DE PUBLIO PAPINIO ESTACIO


Publio Papinio Estacio fue un poeta y maestro latino nacido en Nápoles alrededor del año 45 d.C. . Se trasladó a Roma en el año 69 para convertirse en un poeta cortesano y comenzó a declamar sus versos públicamente . Estuvo casado con Claudia, una viuda que tenía una hija y estaba muy vinculada a la vida mundana de Roma .

 

Estacio escribió varias obras importantes, incluyendo "La Tebaida", un poema épico dedicado al emperador Domiciano que narra el ataque de los siete contra Tebas . También escribió "Las Silvas", una colección de poesías originales que abarcan una amplia variedad de temas .

 

En este artículo me quiero centrar en lo que dijo sobre :  El miedo fue lo primero que dio en el mundo nacimiento a los dioses”.

 

Esto era una reflexión sobre el papel del miedo en el nacimiento de los dioses. Estacio, como poeta, había pasado mucho tiempo meditando sobre la naturaleza humana y su relación con lo divino. Y había llegado a la conclusión de que el miedo fue lo primero que dio en el mundo nacimiento a los dioses.

 

¿Qué quiso decir con esto?.  Pues bien, considerando la naturaleza del miedo, esta es una emoción negativa y poderosa que nos impulsa a buscar protección y seguridad. Cuando nos enfrentamos a peligros desconocidos o incertidumbres, nuestro instinto natural es buscar refugio y consuelo. Y ¿qué mejor refugio y consuelo que los dioses, cuando ya no te quedan otros remedios al alcance?

 

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han creado diversidad de dioses para explicar lo inexplicable y para supuestamente protegernos de los peligros del mundo. Los antiguos romanos tenían dioses para todo: por ejemplo: Júpiter para protegerlos de las tormentas, Marte para ayudarlos en la guerra, Ceres para asegurar sus cosechas, Venus para inspirarse en el amor y confiar la fertilidad,…..entre sus muchos dioses

Los dioses eran una forma de hacer frente a sus miedos y de encontrar consuelo en un mundo incierto, que les proporcionara un poco de paz y tranquilidad, en medio de tanta superstición.

 

Pero los romanos pensaban que los dioses no solo los protegen de los peligros externos,  también les ayudaban a enfrentar sus naturales miedos internos, ante la ignorancia a lo desconocido. ¿Quién no ha sentido miedo ante el hambre, la guerra, la muerte, o la enfermedad?.  ¿O ante la soledad o el fracaso, por citar dos ejemplos?.  

Los romanos pensaban que los dioses les ofrecían consuelo y esperanza en momentos de incertidumbre, preocupación, o desesperanza,  y les ayudaban a encontrar la fuerza para seguir adelante, porque pensaban que si los adoraban, rezaban, y les hacían sacrificios, los dioses estaban con ellos ante los problemas de la vida y los peligros del mundo.

 

Esos dioses eran el fruto del miedo y de la esperanza, y en este sentido Estacio quiso dar a entender que mientras existiera el miedo y la ignorancia, seguirán existiendo los dioses, como otra forma más de creen en ciertas esperanzas.


miércoles, 5 de abril de 2023

CAMENAS

 

En la mitología romana, las Camenas (en latín, Cămēnae) eran las náyades que habitaban en los manantiales, los pozos y las fuentes cerca de Porta Capena, en Roma. Estas ninfas acuáticas eran sabias y a veces hacían profecías sobre el futuro. No hay constancia de que las Camenas gozaran de un culto público generalizado, sin embargo si debieron ser objeto de cultos oraculares particulares de carácter más bien local en la capilla situada cerca de la fuente de Porta Capena y cuyo bosque aledaño, también estaba consagrado a dichas ninfas.​

 

Se las consideraba dadoras de fertilidad (esto, básicamente por la popularidad del que gozaban las aguas de dicha fuente) razón por la cual se pensaba que eran protectoras de las novias como futuras madres.

 

Según la tradición, había cuatro Camenas: Carmenta o Carmentis, Egeria, Antevorta y Postvorta. Fueron adoradas en el bosque sagrado conocido como Porta Capena, cerca de Roma. Carmenta era la principal de las ninfas, estando el manantial y la arboleda fuera de Porta Capena dedicados a ella.

 

En su festividad, la Carmentalia, que se celebraba el 11 y el 15 de enero, las vírgenes vestales sacaban agua de ese manantial para los ritos. Egeria, por su parte, favorecía a Numa, el segundo rey de los romanos, a quien aconsejaba mediante entrevistas secretas dándole la sabiduría con la que expandió e hizo prosperar su reino. Luego de la muerte de Numa, la ninfa languideció y se convirtió en fuente.

 

Se sabe por el Servio ampliado que a las Camenas se les ofrecían libaciones.​ Se piensa que la ofrenda de leche era lo más usual para cualquier divinidad de las fuentes y manantiales; sin embargo se sabe que Marcial sacrificaba una cerda virgen en la fuente de su amigo Estela y Horacio ofrecía un cabrito en la fuente de Bandusia; el mismo Ovidio narra que Numa sacrificó una oveja a la fuente de la que bebían Pico y Fauno, por lo que la ofrenda de leche sería específica para las Camenas​

 

Posteriormente fueron identificadas (erróneamente) con las Musas de la mitología griega, probablemente por su pronunciación parecida a carmen, «canto», siendo en la poesía romana camena sinónimo de musa; pero vale aclarar que la función que desempeñaban las Camenas nada tenía que ver con la inspiración poética. El único nexo que se podría establecer entre las Musas y las Camenas son los manantiales: Las Camenas son náyades que habitaban únicamente en el manantial de Porta Capena, y a las Musas generalmente se las relaciona con diversos manantiales que otorgan inspiración poética. No hay otro nexo que las vincule.





sábado, 11 de diciembre de 2021

lunes, 12 de octubre de 2020

PRINCIPALES RELIGIONES EN EL IMPERIO ROMANO

Los misterios griegos llevaban la marca de la razón y la moderación griegas. Pero a medida que la influencia romana penetró cada vez más al este, entró en contacto con religiones orientales aún más emocionales y coloridas, muchas de las cuáles también incluían el motivo de la muerte y renacimiento inspirado por el ciclo estacional de la vegetación. En Asia Menor existía un antiguo culto de Cibeles, la Gran Madre de los Dioses, que en algunos aspectos era similar a la Deméter griega. Sus ritos se difundieron por Grecia en época temprana y, en 204 a. C., cuando los romanos estaban cerca del fin de su larga batalla contra el general cartaginés Aníbal, también ellos empezaron a rendir culto a Cibeles. Una piedra consagrada a ella que había caído del cielo (indudablemente, un meteorito), fue llevada con gran pompa de Asia Menor a Roma. Al principio, los romanos se sentían un tanto confusos en las ceremonias, y ante los extraños sacerdotes que habían sido importados junto con la piedra, pero en la época del Imperio temprano el culto de Cibeles llegó a ser uno de los más importantes en Roma.


Las deidades egipcias también se hicieron populares. En tiempos griegos, el dios y la  diosa egipcios más importantes eran Osiris e Isis. Osiris pasaba por la muerte y la resurrección. Se suponía que sufría una reencarnación física en el toro sagrado Apis. Para los griegos, Osiris Apis se convirtió en «Serapis», y el culto de Serapis e Iris se hizo popular en Grecia alrededor del 200 a. C. Un siglo más tarde, estos ritos empezaron a invadir Roma. Augusto, que era un hombre anticuado, los desaprobaba, pero Calígula les dio la sanción oficial.


Las diosas como Deméter, Cibeles e Isis eran particularmente atractivas para las mujeres y, en verdad, para todos los que valorasen la compasión y el amor. Los dioses masculinos a menudo eran dioses de la cólera y la guerra, de modo que también los soldados podían tener el consuelo de la religión.


De las tierras situadas al este del Imperio Romano, de Partia o de Persia, llegó Mitra, figura divina que representaba el Sol. Siempre era pintado como un joven que apuñalaba un toro, y los ritos de iniciación incluían el sacrificio ritual de un toro. Las mujeres estaban excluidas de estos ritos, por lo que el mitraísmo era una religión esencialmente masculina, y particularmente de soldados. Empezó a hacer sus primeras intrusiones en Roma por la época de Tiberio.




EL CRISTIANISMO.- Quedan por mencionar las religiones que surgieron en Judea. La primera de ellas fue el mismo judaísmo, que se expandió desde Judea hacia el exterior con los judíos que se asentaban en las diversas ciudades del Imperio, particularmente en el Este, aunque también había una colonia bastante considerable en la misma Roma. En verdad, con el tiempo, los judíos que vivían fuera de Judea superaron en número a los que habían permanecido en la tierra tradicional. Y aunque aprendiesen a hablar griego y olvidasen el hebreo, no olvidaron su religión. Su libro sagrado, la Biblia, fue traducida al griego para los judíos que ya no podían leer el original hebreo en fecha tan temprana como el 270 a. C.


Hasta había judíos que recibían una educación griega y podían defender las creencias judaicas en términos comprensibles para los griegos y los romanos de la época. El más destacado de ellos fue Philo Judaeus (Filón el Judío), quien nació en Alejandría por el 20 a. C. y, en su vejez, encabezó la delegación a Roma que iba a defender la causa de los judíos ante Calígula.


En los últimos días de la República y los primeros del Imperio, el judaísmo hizo conversos entre los romanos, incluidos algunos que estaban en elevada posición. Se hubiera difundido más aún si hubiese estado dispuesto a transigir. Otras religiones tenían sus ritos especiales, pero no impedían a sus miembros participar en el culto imperial. El judaísmo, en cambio, quería que sus prosélitos abandonasen hasta las formas más inocuas de sus antiguos cultos. Esto significaba que los romanos que deseaban hacerse judíos debían abandonar la religión del Estado, apartarse de la sociedad y aun correr el riesgo de que se levantase contra ellos la seria acusación de traición. Además, el ritual judío era bastante complicado y difícil para cualquiera que no hubiese nacido y sido educado en él. Partes de ese ritual parecían irracionales y confusas para los educados en la filosofía griega. Por añadidura, todo el que quisiese ser judío tenía que someterse a la penosa operación de la circuncisión. Por último, el judaísmo en sentido estricto estaba centrado en Judea, y el Templo de Jerusalén era el único lugar donde alguien podía realmente acercarse a Dios.


El último golpe que dio fin a toda posibilidad de que los judíos lograsen prosélitos fue la sangrienta revuelta de Judea. Los judíos se convirtieron entonces en peligrosos enemigos de Roma y se hicieron más impopulares que nunca en todo el Imperio. Sin embargo, el judaísmo no era una religión monolítica; había sectas dentro de él, y algunas de ellas eran más afines a los diversos no-judíos («gentiles») del Imperio que otras. Una de esas sectas fue la creada por los discípulos de Jesús. Después de la crucifixión de Jesús, podía haberse pensado que sus seguidores se dispersarían, puesto que su muerte parecía reducir al ridículo sus pretensiones mesiánicas. Pero se difundió la historia de que fue visto nuevamente tres días después de la crucifixión, y que había vuelto de la muerte. No era meramente un Mesías humano, un rey que restauraría la monarquía judía; era un Mesías divino, el Hijo de Dios, cuyo Reino estaba en el Cielo y que retornaría pronto (aunque nadie sabía exactamente cuándo) para juzgar a todos los hombres e instaurar la ciudad de Dios.


Los cristianos (como fueron llamados luego los discípulos de Jesús y sus seguidores), al principio siguieron siendo judíos en sus creencias y rituales, y obtuvieron sus conversos principalmente entre los judíos. Pero muchos judíos siguieron siendo férreamente nacionalistas. No querían un Mesías que había muerto y dejado la nación esclavizada; querían un Mesías que se manifestase gloriosamente liberándolos de Roma. Este fue uno de los factores que llevó a la desastrosa rebelión contra Roma.


En esa rebelión, los cristianos no tomaron parte alguna. Ya tenían su Mesías; Roma no iba a durar eternamente, y era un error anticipar los planes de Dios para la culminación de la historia secular. La no violencia predicada por los cristianos, el deber de ofrecer la otra mejilla, de amar a los propios enemigos y de dar al César lo que era del César, también les impidió tomar parte en la rebelión.


Esta renuncia de los judíos cristianos a unirse a sus compatriotas judíos en la guerra contra Roma hizo impopular el cristianismo entre los judíos que sobrevivieron, y ya no hizo progresos entre ellos. Tampoco los judíos, en general, han aceptado a Jesús como el Mesías hasta el día de hoy, pese a las mayores presiones posibles. Pero si el cristianismo fracasó entre los judíos, no ocurrió lo mismo con otros pueblos. Esto fue el resultado en gran medida de un judío llamado Saulo, quien en su trato con el mundo de los gentiles era conocido por el nombre similar, pero de resonancias más romanas, de Pablo.


Pablo nació en la ciudad de Tarso, en la costa meridional de Asia Menor, al parecer en el seno de una familia acomodada, pues su padre (y por tanto él mismo) era ciudadano romano. Recibió una educación judía estricta en Jerusalén y fue ortodoxo en sus creencias, tan ortodoxo que en su primer encuentro con las enseñanzas de los cristianos quedó horrorizado por su blasfemia y tuvo un papel de primera línea en los movimientos de persecución contra ellos. Se ofreció para viajar a Damasco a fin de dirigir allí el movimiento anticristiano, pero, según el relato de la Biblia, Jesús se le apareció en el camino, y desde ese momento fue un ardiente cristiano.


Pablo empezó a predicar el cristianismo a los gentiles y, al hacerlo, llegó a la creencia de que el intrincado ritual del judaísmo no era esencial para la religión verdadera y que hasta podía llevar a alejarse de ella al concentrar la atención en detalles insignificantes y oscurecer la esencia interior («pues la letra mata, pero el espíritu da vida»). Para ser cristiano, pues, un gentil no necesitaba circuncidarse, ni tenía que observar todo el rigor del ritual judío ni asumir el nacionalismo judío y venerar el Templo de Jerusalén. Casi inmediatamente el cristianismo empezó a difundirse por las ciudades de Asia Menor y Grecia, y más tarde en la misma Italia. La crucifixión y resurrección de Jesús, y los ritos con que se conmemoraban estos sucesos, recordaban las religiones mistéricas. La figura de María, la madre de Jesús, brindaba un suavizante toque femenino. Sus costumbres austeras eran como las de los estoicos. El cristianismo parecía tener algo que agradaba a todo el mundo.


En verdad, el cristianismo tenía una flexibilidad que el judaísmo nunca tuvo. Cuando el cristianismo se difundió entre personas que no sabían nada del judaísmo pero mucho sobre sus propias costumbres paganas, el nuevo credo adaptó a sus propios fines la filosofía griega y las costumbres paganas. El mitraísmo, por ejemplo, que fue el principal competidor del cristianismo durante un par de siglos, celebraba el 25 de diciembre como su principal festividad. El mitraísmo era una forma de culto del sol, y el 25 de diciembre estaba cerca del momento del solsticio de invierno, cuando el sol de mediodía desciende a su punto máximo al Sur y comienza su lento retorno hacia el Norte. Este es, en cierto sentido, el nacimiento del Sol, la garantía de que el invierno terminará algún día y de que la primavera volverá, y con ella una nueva vida. Esta época del año era celebrada también por otras religiones. Los antiguos romanos consagraban ese período a su dios de la agricultura, Saturno, y las celebraciones recibían el nombre de saturnales. Las saturnales eran momentos de buena voluntad entre los hombres (hasta a los esclavos se les permitía participar en la festividad en un temporal rango de igualdad), de festejos y de regalos.


Los cristianos, al hallar irresistibles las emociones de la estación del renacimiento del Sol, las adaptaron a sus creencias, en vez de luchar contra ellas. Dieron a las emociones un nuevo uso. Puesto que la Biblia no dice exactamente cuándo se produjo el nacimiento de Jesús, se lo podía ubicar en el 25 de diciembre tanto como en cualquier otra fecha; esta fecha se convirtió en la Navidad y su celebración subsiste hasta hoy. Y aún hoy la fiesta de Navidad tiene algo de las características de las viejas saturnales.

 

Para los romanos, en general, al menos durante el medio siglo posterior a la muerte de Jesús, los cristianos eran meramente otra secta judía. En verdad, parecían más fastidiosos que otras sectas judías, pues se esforzaban duramente por lograr conversos. Puesto que los cristianos no adoraban a los dioses romanos oficiales, eran considerados ateos. Y puesto que no participaban del culto imperial, eran considerados radicales peligrosos y posibles traidores. De hecho, los romanos juzgaban a los primeros cristianos de manera muy similar a como la mayoría de los norteamericanos de hoy juzgan a los comunistas.


jueves, 19 de marzo de 2020

NUMEN ROMANO



Numen (en plural numina) es un sustantivo neutro abstracto derivado del latín nuo, -ere (Verbo: "hacer una señal con la cabeza"). Se refiere a las deidades romanas, y a sus deseos, su voluntad, su poder. Hasta Cicerón, la palabra aparece siempre acompañando al nombre de un dios (Numen de Júpiter, por ejemplo). Posteriormente a nivel poético se convierte en sinónimo de Deus.

 

La palabra numen también se usa para referirse al ingenio poético, como un elemento que inspira al poeta sus composiciones (del mismo modo que la musa).​

 

El término actualmente se refiere a cada uno de los dioses de la mitología clásica. Abarca el sentido sagrado y de inmanencia que había en todos los lugares y objetos para la religión romana. En ocasiones también se llamó numen al Emperador, puesto que en él residía el «sumo poder».

 

Para aclararlo mejor, los numina de Roma eran los sombríos dioses sin cara ni forma humana cuya existencia se remontaba a muchos siglos antes de que aparecieran las ideas griegas, y que seguían siendo el verdadero núcleo de la veneración romana; eran las fuerzas que regían las funciones, las acciones, y cosas tales como las despensas, los graneros, los pozos, los cruces de caminos...

 

La palabra numen es usada también por los sociólogos para expresar la idea del poder mágico que hay en un objeto, especialmente cuando se refieren a ideas dentro de la tradición occidental. Usada en este sentido la palabra numen es sinónima de mana, aunque esta palabra es usada en el contexto de las culturas de la Polinesia y el Sureste Asiático.

 

El teólogo protestante alemán Rudolf Otto utilizó la palabra numen para describir al ser sagrado supremo a quien todas las religiones tienden a intentar conocer y el que generó el primer sentimiento religioso por medio de experiencias religiosas o hierofanías, y en su obra Das Heilige, "Lo santo", 1917, lo define como una «experiencia no-racional y no-sensorial o un presentimiento cuyo centro principal e inmediato está fuera de la identidad». Aunque el origen de la palabra romana no indica una fase predeística animista basada en el numen/maná en la cultura romana.