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domingo, 22 de abril de 2018

SILA AMOTINADO CUESTIONA AL SEGUNDO CÓNSUL QUINTO LUTACIO CATULO CÉSAR SU ERRÓNEA ESTRATEGIA MILITAR



¿Hasta qué punto es motín un motín, Quinto Lutacio? ¿Hasta qué extremo debe un soldado obedecer ciegamente? ¿Es auténtico patriotismo ir voluntariamente a la muerte, cuando el general que da las órdenes es militarmente imbécil?



SILA DICE AL SEGUNDO CÓNSUL QUINTO LUTACIO CÉSAR SOBRE SU CO-CÓNSUL CAYO MARIO


 Olvidaos de toda esa farfulla de linajes, Quinto Lutacio! ¡Estoy al borde de la náusea con tanto elitismo! ¡Y antes de que comencéis a despotricar sobre nuestro común superior Cayo Mario, dejad que os recuerde que en lo que respecta a asuntos militares y estrategia, nosotros somos un candil y él es el faro de Alejandría! ¡Ni vos ni yo somos militares! Pero yo tengo la ventaja de que he hecho mi aprendizaje a la luz del faro de Alejandría y mi candil brilla más que el vuestro. ¡Cayo Mario es el primer hombre de Roma! El hombre de Arpinum os ha superado a todos con un brazo atado a la espalda. Algún día seré el primer hombre de Roma, el árbol más alto, igual que Cayo Mario. Esos árboles altos nadie los corta; cuando caen es porque están podridos por dentro.






lunes, 26 de enero de 2015

NOTA DEL CONSULAR CATULO CÉSAR AL PONTÍFICE MÁXIMO QUINTO MUCIO ESCÉVOLA


Ya sé, Quinto Mucio, que has optado por unir tu suerte a Lucio Cinna y Cayo Mario. Y puedo incluso comprenderlo. Tu hija está prometida al hijo de Mario y es una fortuna demasiado importante para rechazarla. Pero cometes un error. Cayo Mario ha perdido el seso, y los que le siguen son poco menos que bárbaros. Y no me refiero a sus esclavos. Me refiero a hombres como Fimbria, Annio y Censorino. Cinna es bastante buena persona en muchos aspectos, pero seguramente no será capaz de poner coto a los actos de Cayo Mario. Ni tú tampoco.

 

Cuando recibas esta nota ya habré muerto. Me parece infinitamente preferible morir a pasar el resto de mi vida desterrado o siendo una víctima más de Cayo Mario. ¡Pobres hermanos míos! Me complace elegir yo mismo la hora, el lugar y el modo de morir. Si esperase hasta mañana, ya no podría hacerlo.
 

He acabado mis memorias, y te digo sinceramente que me apena no poder conocer los comentarios que suscitarán cuando se publiquen. No obstante, ellas sí vivirán. Para salvarlas - ¡son un auténtico cumplido para Cayo Mario!- las he consignado a Lucio Sila en Grecia, enviando una copia a Publio Rutilio en Esmirna para saldar la deuda por ser tan venenoso conmigo en sus escritos.

 

Cuídate, Quinto Mucio. Sería de lo más interesante ver cómo concilias tus principios con la necesidad. Yo soy incapaz.

Felizmente, mis hijos están bien casados.


( C. McC. )

sábado, 15 de noviembre de 2014

EL CÓNSUL QUINTO LUTACIO CATULO CÉSAR


Quinto Lutacio Cátulo César (Latín: Quintus Lutatius Catulus Caesar, Q·LVTATIVS·C·F·CATVLVS·CAESAR), fue un general romano de la gens Lutatia que ocupó el cargo de cónsul junto con Cayo Mario en 102 a. C. Su hijo, llamado Quinto Lutacio Cátulo, fue una figura importante de la política romana que llegó a cónsul y a censor a finales de la república. Su nombre fue originalmente Sexto Julio César, y era primo del padre de Julio César.


Se sabe que antes de alcanzar el consulado había sido derrotado en tres intentos previos de obtener esta magistratura, por primera vez ante Cayo Atilio Serrano en 106 a. C., en segundo lugar, por Cneo Malio Máximo en 105 a. C. y en tercer lugar por Cayo Flavio Fímbria en 104 a. C. Ese año, o bien no fue candidato para el consulado de 103 a. C., o tampoco tuvo éxito.

En el momento en que Cátulo asumió la magistratura, en Roma reinaba una gran consternación. Los cimbrios, a los que en su gran migración hacia el oeste, se habían sumado los teutones, ambrones, tigurinos y otras tribus menores, después de asolar el sur de la Galia y el norte de Hispania y derrotar a cinco ejércitos romanos (Carbón en 113 a. C., Silano en 109 a. C., Casio en107 a. C., Malio y Cepión en 105 a. C.) estaban a punto de entrar en Italia. Los invasores se dividieron en dos enormes columnas. Los teutones marchaban a través de la Provenza por la costa hacia el golfo de Liguria, mientras que los cimbrios se preparaban para cruzar por los Alpes hacia el Po.

Se decidió que Mario se enfrentaría a los teutones y Cátulo (con Sila como su lugarteniente) fue enviado a defender el paso de los Alpes para detener el avance de los cimbrios, pero se vio obligado a retirarse al río Po cuando el pánico comenzó a extenderse entre sus tropas, abandonando así toda la Galia Transpadana a los estragos del enemigo. Tan pronto como la noticia de este desastre, que ocurrió en la primavera de 101 a. C., llegó a Roma, Mario, que había regresado recientemente a la ciudad, tras su gran victoria obtenida en Aquae Sextae, salió en ayuda de su colega; los dos ejércitos reunidos cruzaron el Po y fueron hacia el campamento de los cimbrios, que estaba cerca de Vercellae y el 30 de julio de 101 a. C. comenzó el combate que significó una nueva victoria romana.

Cuando el honor de la victoria fue otorgado a Mario en exclusiva, Cátulo César se convirtió en su enemigo. Cátulo fue uno de los que tomaron un papel activo en la muerte de Saturnino, sirvió con distinción en la guerra social, y abrazó con entusiasmo la causa de Sila en la guerra civil. Por esta causa, su nombre fue incluido en la lista de víctimas en la proscripción del año 87 a. C. Como Mario rechazó perdonarlo, Quinto Lutacio Cátulo César se suicidó.

Se distinguió como orador, poeta y escritor en prosa, y estaba instruido en literatura griega. Se dice que escribió la historia de su consulado y de la guerra contra los cimbrios siguiendo el estilo de Jenofonte.

Cátulo César fue un hombre muy rico que empleó su dinero en embellecer la ciudad de Roma. Había dos edificios que se conocían como Monumenta Catuli: el templo a la Diosa Fortuna, para conmemorar la victoria en Vercellae (en el Area Sacra di Largo di Torre Argentina), y el Pórtico Cátulo, construido gracias a la venta del botín capturado a los cimbrios. Una parte de este edificio fue destruida por Clodio cuando arrasó la casa de Cicerón.

Su madre, Popilia, fue después la esposa de Lucio Julio César.