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miércoles, 25 de abril de 2018

EL CÓNSUL QUINTO POMPEYO


 Quinto Pompeyo (en latín, Quintus Pompeius A. f. L. n.) fue un político y militar romano.
 
Hijo de Aulo Pompeyo, era de extracción humilde, pero no sabemos nada de su cursus honorum, ni de los medios por los cuales llegó por primera vez al consulado.
 
Se destacó seguramente como orador puesto que Cicerón le menciona en una de sus obras: "Quinto Pompeyo fue por entonces orador no despreciable, y por su propio mérito, no por la nobleza de sus mayores, llegó a las más altas dignidades.".
 
En 141 a. C. alcanzó el consulado, con Cneo Servilio Cepión como colega.
 
Ganó su elección en oposición a la candidatura de Lelio, que tenía el apoyo de Escipión. Escipión Emiliano, que había estado en términos amistosos con Pompeyo, después de esto renunció a toda relación con este último.
 
Pompeyo durante su consulado fue enviado a Hispania Citerior con orden de reemplazar a Metelo Macedónico,  mientras Fabio Máximo Servilino era gobernador de Hispania Ulterior., para aplastar la rebelión de los numantinos.
 
Ese mismo año ordenó a los soldados establecerse en las inmediaciones de la capital numantina. En un principio los numantinos, conscientes de su inferioridad, rechazaron librar un combate abierto con los romanos y se limitaron a acosar sus líneas.
 
Viendo el escaso éxito que estaba teniendo el asedio ordenó sitiar Tiermes, pero acabó siendo rechazado nuevamente. Entonces el procónsul decidió atacar Manlia - que acabó abriendo las puertas a los romanos después de que sus habitantes acabaran en una noche con todos los numantinos que custodiaban la ciudad - y de nuevo Tiermes, que esta vez cayó en sus manos. Eliminadas estas dos ciudades centró su atención en sitiar la capital numantina.
 
Esta vez decidió cortar los suministros de los rebeldes bloqueando el Duero pero tuvo que desistir ya que los sediciosos salieron de la ciudad y atacaron a los romanos haciéndoles retroceder. El procónsul mandó entonces que sus hombres permanecieran en el campamento pero el clima invernal causó una elevada mortandad. Para evitar un desastre mayor acabó levantando el sitio y repartiendo a sus hombres entre las ciudades aliadas.
 
En 139 a. C. el Senado envió a Popilio Lenate a sustituirle, pero mientras el cónsul estaba de camino, Quinto concluyó un tratado secreto con los numantinos que resultaba muy desfavorable a los intereses romanos. Cuando Lenate tuvo noticias de las acciones de su predecesor - que declaró no haber establecido acuerdos con los rebeldes- le denunció ante los senadores, que invalidaron el tratado y reanudaron los combates.
 
A su regreso a Roma, Pompeyo escapó de todo tipo de castigo en relación a su conducta en el tratado, pero, sin embargo, poco después, fue acusado de extorsión en su provincia, cargo del cual finalmente fue absuelto, a pesar de que personas muy eminentes como Q. Metelo Macedónico o L. Metelo Calvo habían dado testimonio en su contra.
 
No sabemos mucho más acerca de la vida de Pompeyo, a excepción de que obtuvo la censura con Metelo Macedónico (131 a. C.); la primera vez que dos plebeyos ocupaban el puesto.



sábado, 11 de julio de 2015

CASTIGOS MÁS CONOCIDOS DE LAS LEGIONES ROMANAS


En las guerras samnitas del 294 a. C., el comandante Atilio Regulo intercepto con su unidad de infantería a otra que se encontraba desbandada y en retirada y los capturo como desertores. 


Apio Claudio, antecesor del emperador Tiberio, ejecuto a garrotazos a uno de cada diez hombres (de ahí el termino "diezmar") de una unidad que había abandonado la batalla.

 

Otro general, Aquilio, tomo una medida similar, aunque en este caso prefirió decapitarlos. Craso el triunviro también diezmo una unidad que había huido ante el gladiador rebelde Espartaco, y aprovechando un momento en el que no estaba ligándose a Cleopatra, también Marco Antonio ejecuto a uno de cada diez hombres de dos cohortes que habían permitido al enemigo incendiar unas maquinas de asedio.

 

 En el 18 d. C., los soldados de la III Augusta fueron diezmados mediante la aplicación del fustarium tras huir de los numidas, en África.

 

En tiempos de la República, el general Metelo Macedónico tampoco desentonaba. En una ocasión en que sus tropas fueron expulsadas de una plaza fuerte por el enemigo, les dio tiempo para escribir sus testamentos y les dio orden de que retomaran la posición, advirtiéndoles de que hasta que no lo hubiesen conseguido no les permitiría retornar al campamento.