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domingo, 24 de marzo de 2019

ATALO I DE PÉRGAMO

ATALO I DE PÉRGAMO


Atalo I (en griego antiguo Ἄτταλος) Sóter (griego: Salvador; 269 a. C.-197 a. C.),​ reinó sobre la polis griega de Pérgamo, situada en la actual Turquía, entre los años 241 a. C. y 197 a. C. Era primo segundo (o sobrino-nieto) del rey Eumenes I,​ que lo adoptó como su heredero. Fue el primer integrante de la dinastía atálida que asumió el título de rey en 238 a. C.3​ Era hijo de Atalo y su esposa Antióquida, princesa de Siria.
 
Atalo obtuvo una importante victoria sobre los gálatas, una tribu celta que había llegado algunos años antes a Tracia, y que, durante más de una generación, había estado saqueando e imponiendo tributos en gran parte de Asia Menor sin apenas oposición. Para conmemorar esta gran victoria se erigió en Pérgamo un gran monumento, famoso por su escultura central, conocida como El Gálata moribundo, y también porque representaba el fin de la amenaza que suponían los gálatas. Tras la victoria, Atalo adoptó el sobrenombre de Sóter, y el título de rey.
 
Valiente y capaz general, se convirtió en uno de los más fieles aliados de Roma, desempeñando un papel fundamental en la primera y segunda guerra macedónica contra el rey macedonio, Filipo V. Durante la guerra dirigió numerosas operaciones navales y entorpeció los movimientos de la armada macedonia a lo largo de todo el mar Egeo, ganando con ello grandes honores, saqueando posiciones, y conquistando para su reino la isla griega de Egina, durante la primera guerra macedónica, y la isla de Andros en la Segunda. Su vida corrió peligro durante los dos conflictos ya que estuvo a punto de ser capturado en dos ocasiones por Filipo.
FILIPO V DE MACEDONIA

Murió en 197 a. C., a la edad de 72 años, mientras presidía en Beocia una cumbre de los líderes etolios poco antes de que finalizara la segunda de las guerras macedónicas. La causa del fallecimiento pudo haber sido un derrame cerebral. Durante su vida disfrutó de una vida doméstica feliz, junto a su esposa y sus cuatro hijos. Le sucedió en el trono su hijo Eumenes II.
EUMENES II DE PÉRGAMO

Poco se conoce acerca de la infancia y juventud de Atalo I, aunque se sabe que era hijo de Atalo y una princesa de la casa seléucida llamada Antióquida.
 
El padre del futuro monarca oriental era hijo de Atalo, hermano de Filetero, fundador de la dinastía atálida y de Eumenes, padre de Eumenes I, predecesor en el trono de Atalo. Se le menciona junto con sus hermanos como hombre muy querido en Delfos. Ganó gran fama como conductor de carros y al vencer en Olimpia fue recompensado con un monumento en su honor en Pérgamo. Su padre murió cuando Atalo era un aún un niño, antes de 241 a. C. y el joven Atalo fue adoptado por Eumenes I.
 
La madre de Atalo, llamada Antióquida, estaba probablemente relacionada con la familia real seléucida (posiblemente es nieta de Seleuco I Nicátor). El matrimonio de Atalo y Antióquida fue organizado por Filetero con el objetivo de consolidar su poder en Asia Menor. Esta teoría se basa en el hecho de que el abuelo de Atalo, Filetero, designó al padre del futuro monarca como su heredero, aunque fue sucedido por Eumenes ya que, a la muerte de Filetero, Atalo era muy joven para gobernar.

MONEDA DE ATALO I DE PÉRGAMO

Según Pausanias, «el mayor de sus logros» fue la victoria sobre los galos (Γαλάται).​ Pausanias se refiere a los gálatas, tribus celtas estacionadas en Tracia, que se asentaron finalmente en Galacia, región situada en Asia Menor. Los antiguos griegos y romanos los llamaban galos, asociándolos con los habitantes de los que hoy es Francia, Suiza y el norte de Italia. Desde el ascenso al trono de Filetero, el tío de Eumenes I, este pueblo había supuesto un gran inconveniente para el Reino de Pérgamo. Las tribus gálatas habían amenazado a los pueblos situados en Asia Menor, obligándoles a pagar un tributo de protección. Eumenes I había accedido a pagar una determinada cantidad de dinero con el objetivo de proteger su reino del ataque gálata. 
Sin embargo, al acceder al trono, Atalo se negó a continuar con la tradición, siendo el primer gobernante en atreverse a hacerlo. A consecuencia de ello, los gálatas determinaron atacar Pérgamo. El ejército de Pérgamo y las fuerzas gálatas se enfrentaron en las inmediaciones del nacimiento del río Caico.​ Una inscripción situada en la Acrópolis de Pérgamo reza: «El rey Atalo ofrece a Atenea su victoria contra los gálatas tolistoagios en la batalla».​ ganando una batalla decisiva. Tras la gran victoria Atalo decidió seguir el ejemplo de Antíoco I Sóter y adoptó el sobrenombre de Sóter, que significa en griego Salvador y recibió el título de rey. Esta victoria concedió a Atalo una fama legendaria. Surgió una historia, rescatada por Pausanias que en tiempos pretéritos había predicho lo sucedido:



Tras haber cruzado el estrecho del Helesponto,
El devastador anfitrión galo, avanzó sin control
Causó estragos en Asia, y les hizo mucho mal
A los que habitan a la orilla del mar
Por un corto tiempo. Pero pronto, el hijo de Cronos
Deberá elevar un salvador, el querido hijo de un toro criado por Zeus
¿Quién de todos los galos señalará el día de la destrucción?
 
Según Pausanias, el «hijo de toro», el «de cuernos de toro», se refiere a Atalo, ya que el rey de Pérgamo tenía una complexión bovina.​ En la acrópolis de Pérgamo se erigió en conmemoración de la victoria un triunfal monumento que incluía una famosa escultura llamada Gálata moribundo.
 
Varios años tras la primera victoria sobre los gálatas, Pérgamo fue nuevamente atacado por esta belicosa tribu de Asia Menor, junto con su aliado Antíoco Hierax, el hermano menor de Seleuco II Calinico, y el monarca seléucida en Asia Menor, desde su capital en Sardes. Atalo derrotó a los gálatas y a Antíoco en la batalla del Harpasus y de nuevo en una segunda batalla en el Este. El monarca de Pérgamo combatió en posteriores batallas contra Antíoco en solitario: en Frigia, donde tal vez Antíoco buscaba refugio junto a su padrastro Cielas, rey de Bitinia; en las inmediaciones de Sardes en la primavera de 228 a. C. y finalmente en una campaña en Caria.
 
Como resultado de esa victoria, Atalo obtuvo el control sobre todos los territorios del Imperio seléucida al norte de los montes Tauro.​ Atalo mantuvo el control sobre esta zona a pesar de los intentos de Seleuco III Cerauno, el hijo mayor y sucesor de Seleuco II. La contienda culminó con un enfrentamiento al pie de los Tauro, batalla en la que venció Seleuco, aunque cayó asesinado víctima de una traición​ en 223 a. C.
 
Aqueo, que había acompañado durante su campaña a Seleuco III asumió el control del ejército. Se le ofreció el reinado, aunque lo rechazó en favor del hermano menor de Seleuco III, Antíoco III Megas, apodado El Grande, que hizo a Aqueo gobernador de la zona al norte de Tauro. En un plazo de dos años, Aqueo recuperó todos los territorios que había perdido el Imperio seléucida y confinó a Atalo dentro de las murallas de Pérgamo.
 
Tras un breve periodo de paz, en el año 218 a. C., Atalo, junto con algunos aliados gálatas volvió a recuperar los territorios, aprovechando que Aqueo estaba ausente al mando de una expedición al sur de los Tauro, en Pisidia.​ A su vuelta en 217 a. C., Aqueo reanudó las hostilidades contra Atalo.
 
Antíoco, en virtud del tratado de amistad con Atalo, cruzó los Tauro en 216 a. C. y atacó a Aqueo​ sitiando Sardes. En 214 a. C., durante el segundo año de sitio fue capaz de tomar la ciudad.​ Aunque la ciudad era leal a Aqueo, el general fue capturado y se le condenó a muerte.​ En 213 a. C., Antíoco había recuperado el control de todos sus territorios en las provincias asiáticos.
 
Frustradas sus ambiciones en el Este, Atalo dirigió su atención en el Oeste. Probablemente a causa de la creciente preocupación que estaba despertando el joven y ambicioso monarca macedonio Filipo V, Atalo resolvió firmar una alianza con los enemigos de Filipo de la Liga Etolia, una unión de estados helénicos en la Grecia Central que se habían opuesto a las ambiciones expansionistas del monarca macedonio.​
 
Filipo firmó una alianza con el general cartaginés Aníbal en 215 a. C., lo que causó una gran preocupación en Roma, que estaba perdiendo en esos momentos la segunda guerra púnica.​ En 211 a. C. Roma y la Liga Etolia firmaron un tratado en el que estas dos potencias y algunos aliados de ambos bandos, entre ellos Atalo,​ se unieron en una coalición que tenía como objetivo enfrentarse a Filipo. Atalo fue elegido como uno de los dos strategos (generales) de la Liga,​ y en 210 a. C. comandó a sus tropas en la captura de la isla de Egina, isla que adoptó como su base de operaciones en Grecia.​
 
Durante la primavera del año siguiente, en 209 a. C., Filipo marchó hacia el sur de Grecia. Bajo el mando del colega strategos de Atalo, llamado Firrias, los aliados etolios perdieron dos batallas en Lamia.​ Atalo en persona marchó a Grecia en julio21​ y se unió en su base de Egina al procónsul romano Publio Sulpicio Galba Máximo que estaba acampado allí con su ejército.​ Durante el verano de 208 a. C. una armada compuesta por 35 barcos de Pérgamo y 25 barcos romanos fracasaron en su intento de tomar Lemnos, aunque tuvieron éxito a la hora de tomar la isla de Skópelos.
 
Atalo y Sulpicio asistieron a una reunión de los líderes antimacedonios en Heraclea de Traquinia, en la que se manifestaron en contra de llegar a un acuerdo de paz con Filipo. Cuando se reanudaron las hostilidades el monarca saqueó Óreo, en la costa de Eubea y Opunte, la capital de la comarca oriental de Lócrida.
 
El botín procedente del saqueo de Óreo fue reservado para el procónsul Sulpicio, que regresó a la ciudad mientras Atalo permaneció saqueando la ciudad de Opunte. Con las fuerzas enemigas divididas, Filipo atacó a Atalo por sorpresa y el monarca apenas pudo escapar.
 
Atalo fue entonces obligado a regresar a Asia, ya que había recibido noticias de que Prusias I, monarca de Bitinia, que se había aliado con Filipo mediante un matrimonio, estaba movilizando a su ejército para marchar contra Pérgamo. Poco después los romanos abandonaron Grecia para hacer frente a Aníbal. Su objetivo de impedir a Filipo de que prestara apoyo al general cartaginés había sido logrado.​
 
En 206 a. C. la Liga Etolia aceptó la paz a pesar de las duras condiciones impuestas por Filipo. Se elaboró un tratado en la ciudad de Fénice, tratado que pasaría a llamarse la Paz de Fénice (205 a. C.) y que terminaba formalmente con la primera guerra macedónica. La Paz de Fénice también puso fin a la guerra contra Prusias. Atalo pudo conservar sus posesiones en Egina.
 
El tratado firmado en Fénice había frustrado las ambiciones del Filipo de expansionarse hacia el este y por tanto el monarca macedonio dirigió su atención hacia el mar Egeo y Asia Menor. En la primavera de 201 a. C. Filipo tomó Samos y la flota egipcia que allí se hallaba estacionada. A continuación inició el asedio de Quíos.
 
Estas acciones provocaron a Atalo y a sus aliados de Rodas, Bizancio y Cícico que no dudaron en entrar en la guerra. Tuvo lugar una gran batalla naval en el estrecho entre el continente y Quíos, justo al suroeste de Eritras. Según Polibio, por el lado macedonio participaron cincuenta y tres barcos de guerra con cubierta y más de ciento cincuenta pequeñas naves, mientras que por el lado de la coalición anti-macedonia participaron sesenta y cinco naves de guerra cubiertas, aunque un menor número de pequeñas embarcaciones.​ Durante la batalla, Atalo fue aislado de su flota y tuvo que huir de la enfebrecida persecución de Filipo, siendo obligado a desembarcar de sus barcos el tesoro real con el objetivo de que sus enemigos desviaran su atención de la persecución y se entregaran al pillaje.
 
Durante el año 201 a. C., Filipo inició la invasión de Pérgamo, y aunque no pudo tomar la fuertemente defendida ciudad, gracias a las disposiciones tomadas por Atalo antes de la llegada de Filipo,​ ordenó la demolición de los templos y altares que estaban situados en el exterior del recinto fortificado.​ Mientras estaba bajo asedio, Atalo y sus aliados de Rodas enviaron una airada delegación a Roma para denunciar las agresiones de Filipo.​
 
En 200 a. C., Atalo llevó al ejército de Pérgamo a un nuevo conflicto, conocido como segunda guerra macedónica. Acarnania y el ejército macedonio invadieron el Ática, causando que Atenas, que se había mantenido neutral en los conflictos de sus vecinos, se viera obligada a pedir ayuda a los enemigos del rey macedonio.​ Atalo que estaba estacionado en Egina a la cabeza de una flota recibió una embajada ateniense que le pedía que fuera a la ciudad. El monarca de Pérgamo recibió noticias de que se hallaba una delegación romana en Atenas y decidió partir hacia allí de inmediato.​ Polibio describe así el extraordinario recibimiento del grupo:

[...] En compañía de los romanos y de los magistrados de Atenas, inició su marcha a la ciudad. El monarca iba acompañado, no sólo por todos los magistrados y los caballeros, sino por todos los ciudadanos con sus hijos y esposas. Y cuando los dos grupos se reunieron, la calidez de la bienvenida dada por la población a los romanos, y aún más a Atalo, no podría haber sido superada. A su entrada a la ciudad por la puerta Dipylon los sacerdotes y sacerdotisas de la ciudad llenaban las calles por ambos lados: se abrieron todos los templos; se prepararon víctimas en todos los altares, y el rey se ofreció para realizar los sacrificios pertinentes. Finalmente le dotaron de tan grandes honores como nunca antes se había hecho con ninguno de sus antiguos benefactores: los atenienses dieron a una de sus tribus el nombre del monarca pergamense y lo proclamaron como un héroe.​
 
El entonces cónsul Sulpicio Galba, convenció al Senado para que declarara la guerra a Filipo​ y pidió Atalo que combinaran sus flotas, formando de ese modo, una potente armada capaz de realizar una campaña naval destinada a acosar a las posiciones macedonias a lo largo del mar Egeo.​ Durante la primavera de 199 a. C., la fuerza combinada romana-pergamense tomó Andros, una de las Islas Cícladas. El botín resultante del saqueo fue a parar al Erario de la República romana, mientras que la isla se incorporó al territorio de Pérgamo. Desde Andros navegaron hacia el sur e intentaron sin éxito tomar Citnos, otra de las Islas Cícladas. La armada regresó al norte, saqueando el territorio de Scíathos, situado en la costa de Magnesia y tomando las provisiones necesarias. De allí siguieron hasta llegar a Mende, donde la flota fue azotada por una fuerte tormenta. Fueron rechazados en Casandrea sufriendo graves pérdidas y siguieron navegando hacia el Noreste hasta llegar a Acanto, donde volvieron a ser rechazados. Tras la campaña, la flota regresó a Eubea con sus naves cargadas de botín.
 
A su regreso, Atalo y el comandante romano viajaron a Heraclea de Traquinia donde se reunieron con una delegación de la Liga Etolia, que pidió, amparándose en los términos de su tratado de alianza, una fuerza al rey pergamense integrada por un millar de soldados. Atalo se negó y replicó a la petición de los etolios alegando que ellos mismos no habían cumplido el tratado al no enviar soldados a Pérgamo cuando el rey macedonio la atacó hace dos años. 
Las operaciones militares se reanudaron y Atalo y Galba atacaron de nuevo, fracasando en la toma de Óreo. Tras la derrota salieron a la cabeza de una fuerza, atacando en línea recta el territorio de Tesalia. Esta fuerza intentó tomar de nuevo Oreo, esta vez con éxito, quedándose los romanos con los prisioneros y Atalo con la ciudad. La campaña de ese año había finalizado y Atalo, tras asistir a los Misterios eleusinos, regresó a Pérgamo donde permaneció durante los dos siguientes años.
 
En la primavera de 198 a. C., Atalo regresó a Grecia con veintitrés quinquerremes y se unió a una fuerza de veinte barcos rodios, finalizando la conquista de Eubea que había comenzado el año anterior. Pronto se sumaron a la campaña los romanos y la flota combinada, tomó las posiciones de Eretria y después Caristo. Tras estas conquistas, los aliados controlaban toda Eubea a excepción de Calcis.​ Tras un infructuoso intento de tomar Corinto, los romanos se dirigieron a Corcira, mientras Atalo navegaba por El Pireo.
 
A principios de 197 a. C., el cónsul romano del año, Tito Quincio Flaminino, convocó a Atalo a un consejo de líderes anti-macedonios en Tebas, donde se discutió qué parte de Beocia participaría en la guerra. Atalo fue el primero en parlamentar en el consejo, pero mientras hablaba se derrumbó, con la mitad de su cuerpo paralizado.​ El monarca murió poco después de caerse, tras recibir las noticias de la decisiva victoria romana en la batalla de Cinoscéfalos, batalla que finalizaba la segunda guerra macedónica.
 
Atalo se casó con una mujer llamada Apolónide que procedía de Cícico. La pareja tuvo cuatro hijos, Eumenes, Atalo, Filetero y Ateneo (en memoria del padre de Apollonis). Polibio describe de la siguiente manera a la mujer del monarca pergamense:

[...] Es una mujer que merece ser recordada con honor por muchas razones. Hay que decir en su favor que a pesar de que procediera de una familia excluida de los círculos reales, al convertirse en reina, no cayó en fútiles fascinaciones por su nuevo rango y mantuvo una gran integridad y virtud en su vida privada y en la vida pública hasta el final de sus días. Ella fue la madre de cuatro hijos a los que otorgó las mayores muestras de afecto y amor maternal hasta su muerte.
 
También ha sido registrado por ciertas fuentes antiguas, el amor filial que existía en la familia de Atalo. Un decreto de Antíoco IV Epífanes dice así:

[...] El rey Atalo y la reina Apolónide fueron ejemplo de virtud y bondad, cualidades que a través de una sabia educación transmitieron a sus hijos.
 
Existe en Pérgamo una representación de Apolónide que dice así:

[...] La reina siempre alabó y dio gracias a los dioses, no sólo por la riqueza o el poder del reino, sino también por haber visto crecer sanos y fuertes a sus hijos, que protegían con su férreo cariño filial al mayor, por lo que la reina gobernó sin temor a que tras la muerte de su marido Atalo se iniciara una disputa por el poder entre sus vástagos.
 
Al describir la vida de Atalo, Polibio dice lo siguiente sobre la reina:

[...] Y lo que es más notable de todo es que dejó tan bien resuelta la sucesión entre los hijos de Atalo, que a la muerte del monarca no hubo ningún problema.​
 
Atalo murió en el año 197 a. C. a la edad de 72 años. Le sucedió Eumenes II, sin ningún problema como antes se ha reseñado .
 
En 205 a. C., tras firmar la Paz de Fénice, Roma acudió a Atalo dada su condición de único aliado en Asia con motivo de un asunto religioso. Un número inusual de lluvias de meteoritos había causado gran preocupación en la capital republicana y había hecho que se consultaran los Oráculos sibilinos, en los que se descubrieron unos versos que decían que un enemigo extranjero acudiría a batallar a Italia, y que solo sería derrotado si la Idaea Magna, la Diosa Madre, asociada con el Monte Ida, localizado en Frigia, se trajera desde Pesino a la capital republicana. El senador Marco Valerio Levino partió de la ciudad liderando una selecta delegación que se dirigió a Pérgamo en busca de la ayuda de Atalo. Según Tito Livio el monarca pergamense recibió la delegación con los brazos abiertos y los guio hasta Pesino, donde les hizo entrega de la que los nativos de Frigia consideraban la «Madre de los Dioses».​ Cuando la delegación regresó a Roma, el nombre de la diosa se latinizó pasando a llamarse la Magna Mater.


sábado, 26 de agosto de 2017

EL CÓNSUL MARCO VALERIO LEVINO


Marco Valerio Levino (en latín, Marcus Valerius Laevinus) fue un político y general romano del siglo III a. C. Nieto probablemente del consular Publio Valerio Levino.
 
En 227 a. C., comenzó su carrera política como pretor de Sicilia.
 
En 220 a. C., fue elegido consul suffectus.
 
En 215 a. C., fue elegido pretor peregrini​ tenía competencias para regular cualquier litigio entre Roma y sus adversarios y resolvía conflictos entre ciudadanos romanos y extranjeros, era el segundo pretor más votado tras el praetor urbanus.
 
Pero debido a la crisis de la segunda guerra púnica, al año siguiente de la derrota de Cannas, todos los magistrados civiles fueron empleados en los mandos militares, y Levino ejerció el mando de las legiones que regresaron de Sicilia. Envió sus tropas a Apulia para defender el país. Obtuvo 25 barcos y estuvo al mando de una flota en el Adriático para proteger la costa de Tarento y Brindisi.​
 
Filipo V, rey Macedonia se regocijó del avance de Aníbal en Italia y abrazó su partido. Envió embajadores a Roma para parlamentar con Levino, en su condición de pretor de Roma. La delegación declaró que el Macedonia estaba lista para aliarse con Roma.
 Los romanos, contentos de encontrar aliados tras tantas defecciones en Italia motivadas por la presencia de Aníbal, les revelaron su situación y las posiciones romanas y enemigas. La embajada, dirigida por Jenófanes, se reunió a continuación con los cartagineses y concluyó con ellos un tratado de alianza y de amistad,4 de acuerdo con los términos siguientes, según Tito Livio:
 
el rey Filipo V, con el máximo número de barcos que pudiera conseguir (se pensaba que podía poner en el mar doscientos), debía pasar a Italia, devastar las costas y hacer la guerra con sus propias fuerzas por tierra y mar. Terminada la guerra, toda Italia, con la ciudad de Roma debía pertenecer a los cartagineses y a Aníbal. Sólo a Aníbal se le reservaría la totalidad del botín. Después de la sumisión completa de Italia, los cartagineses debían pasar a Grecia y debían hacer la guerra a todos los reyes que designara Filipo, todos los estados del continente y todas las islas que rodean Macedonia pertenecerían a Filipo, y serían parte de su reino.
 
Los embajadores, con los diputados de Aníbal, zarparon, pero fueron capturados por las flotas romanas de la costa adriática, el subterfugio de Jenófanes fue descubierto, y Roma se enteró de la alianza entre el Reino de Macedonia y Cartago.
 
En Italia, las defecciones continuaron. Tres poblaciones de los hirpinos, Vercellium, Vescellium y Sicilinum, fueron tomadas otra vez al asalto por Valerio, con lo que las revueltas llegaron a su fin.
 
Marco Valerio fue encargado de averiguar si los macedonios entrarían en guerra con Roma. Si esto era confirmado, debería reunir la flota en Tarento, y desde allí, pasar a Macedonia para contener a Filipo V en su reino.​ Primero fue enviado a Brindisi, después a Lucera, y después debía proteger con su ejército la costa de los salentinos de un eventual ataque de los macedonios.​
 
En 214 a. C., su mandato en la propretura fue prorrogado y recibió el mando de las costas cercanas a Brundisium, para vigilar los movimientos de Filipo V, rey de Macedonia. Se le asignó una de las dieciocho legiones para la flota del mar Adriático de la que tenía el mando.​
 
En otoño, Aníbal marchó contra Tarento e intentó que sus soldados no practicaran pillaje en la región porque quería granjearse la amistad de los tarentinos. Sin embargo Levino había llegado días antes y había reclutado una pequeña fuerza y establecido puestos de vigilancia, de manera que los tarentinos no le apoyaron debido a la presencia de la fuerza romana y el temor a sus represalias.
 
Una delegación, llegada desde Oricum, le anunció que Filipo V había intentado apoderarse de Apolonia de Iliria, aliada de Roma. Después había tomado la propia Oricum, pequeña ciudad sin defensas. La delegación también le informó de que el Reino de Macedonia poseía unos 120 barcos, y pidió ayuda a Roma, porque Filipo V sólo atacaba estas ciudades como preparación de la guerra en Italia.
 
Marco Valerio Levino estuvo preparado para actuar después de un año. Embarcó a sus hombres y llegó al día siguiente a Oricum, la que conquistó sin dificultad, dada la debilidad de la guarnición dejada por Filipo V. Allí, se enteró que Apolonia de Iliria estaba sitiada. Envió una guarnición de 2.000 soldados de élite, comandada por Quinto Nevio Crista , uno de sus lugartenientes, quien consiguió entrar en la ciudad.
 
La noche siguiente se apoderó del campamento de Filipo V por sorpresa, y aunque el rey macedonio logró huir, 3.000 de sus hombres fueron muertos y muchos más fueron hechos prisioneros. Apolonia se apoderó de las máquinas de guerra, y los romanos del resto del botín. Marco Valerio Levino, al conocer la noticia, impidió la huida de los macedonios por mar, y tuvieron que huir por tierra hasta su país, vencido por los romanos.​El propretor pasó el invierno en Oricum.​
 
En 213 a. C., su propretura fue prorrogada un año más, conservando la legión y la flota que ya poseía, y obtuvo el mando de la guerra en Grecia y en Macedonia. Convirtió a la ciudad de Apolonia en la base romana más importante de la región, en una gran amenaza para los macedonios.
 
Al año siguiente, en 212 a. C., le fue prorrogado de nuevo el mando, así como en el año 211 a. C., mientras, la guerra causaba estragos en Italia.
 
Uno de los dos cónsules del año 211 a. C., Publio Sulpicio Galba Máximo, obtuvo el mando de la guerra contra Filipo V a principios del año 210 a. C. En Roma, en otoño, tuvieron lugar las elecciones consulares. En primer lugar, Tito Manlio Torcuato y Tito Otacilio Craso fueron elegidos para la primera centuria, pero el consular Tito Manlio Torcuato llamó al orden a los electores, exhortándoles a elegir a otros candidatos, porque él era viejo y estaba casi ciego, y no podría combatir a Aníbal. 
Se recurrió a los ancianos de esta primera centuria, quienes indicaron tres candidatos: Quinto Fabio Máximo (quien ya había sido cónsul tres veces), Marco Claudio Marcelo (tres veces cónsul) y Marco Valerio Levino (una vez cónsul]. Los electores eligieron finalmente a estos últimos: Marco Claudio Marcelo fue elegido cónsul por cuarta vez, y Marco Valerio Levino, cónsul de la República romana por segunda vez, para el año siguiente. Ambos estaban ausentes de Roma.​
 
En el otro lado del mar Adriático, Marco Valerio Levino negoció con el rey Átalo I y la Liga Etolia,​ que se pusieron de parte de Roma contra Macedonia. Levino se comprometió a ayudar a los etolios a repeler a los macedonios, y tomó las ciudades de Zante, Eníadas y la isla de Naxos, mientras que los etolios intentaron recuperar los territorios perdidos.
 
El propretor se retiró a Corcira durante el invierno, estimando que Filipo V no podría amenazar más a Roma, e ignorando que había sido elegido cónsul para el año siguiente.
 
A principios de año 210 a. C., puso sitio a Anticira y se le unieron los etolios. En muy poco tiempo, la ciudad cayó, fue retomada por los etolios, y el botín fue para los romanos, según los términos del tratado. Fue aquí donde se enteró que había sido elegido cónsul, y de que Publio Sulpicio Galba Máximo le iba a remplazar en la guerra contra Filipo V. Marco Valerio Levino enfermó, y tardó en regresar a Roma.​
 
De regreso a Italia, el cónsul Marco Valerio Levino accedió a la petición de los campanios, y sobre todo de los de Capua, de que solicitara el perdón al Senado Romano, después de la traición, en contra de la advertencia de Quinto Fulvio Flaco.​
 
Él expuso la situación del Adriático al Senado Romano, sugiriendo que se podía hacer volver a la legión romana que permanecía en la zona, afirmando que Filipo V ya no suponía una amenaza, y que con la flota bastaría para proteger a Italia de los macedonios.
 
El Senado Romano decidió que uno de los cónsules permanecería en Italia para continuar la guerra contra Aníbal, mientras que el otro iría a Sicilia. Veintiún legiones romanas fueron reclutadas o mantenidas durante el año 210 a. C. Marco Valerio Levino obtuvo, por sorteo, el mando de Italia y de la guerra contra Aníbal. Los sicilianos se lamentaron de que Marco Claudio Marcelo hubiera recibido el mando de Sicilia, y decían que estaban dispuestos a abandonar su isla antes que estar bajo el mando del cónsul. Ante esta situación, los cónsules intercambian, de mutuo acuerdo, sus mandatos respectivos.
 
Los siciliotas fueron recibidos por el Senado Romano, al que expusieron sus quejas y sus acusaciones contra Marco Claudio Marcelo. Le reprochaban, sobre todo, que durante el Sitio de Siracusa, se dedicó a tomar al asalto y al saqueo, en lugar de confiar en algunos siracusanos que le propusieron abrirle, pacíficamente, las puertas de la ciudad.,​ pero la situación era más bien confusa y las alianzas eran poco claras, dado que el nuevo tirano de Siracusa, Hierónimo, decidió aliarse con Aníbal, traicionando a la República Romana, en contra del sentir de la población. Marco Claudio Marcelo prefirió tomar la ciudad por la fuerza para abatir a estos enemigos.
 
El Senado tomó el partido del cónsul y pidió a su colega, a la sazón al cargo de la isla, cuidar sus intereses. Los siracusanos se reconciliaron con Marco Claudio Marcelo, haciéndose sus clientes.2
 
Después, el Senado recibió a los campanios, llevados por el cónsul, pero la traición justificaba el asedio de la ciudad por los romanos hasta su rendición incondicional, como quería Quinto Fulvio Flaco.​ El Senado les condenó, además de a otras sanciones, a la confiscación de sus bienes, y a la esclavitud.
 
Al final, los cónsules tuvieron que imponer medidas impopulares. Roma se encontraba con escasez de remeros, y no había más dinero. Se pidió al pueblo, que había perdido todo en esta larga guerra, que pagara y alimentara a los nuevos remeros. El pueblo protestó y el Senado reconoció que las quejas del pueblo estaban justificadas.
 
Ante esta situación, Marco Valerio Levino propuso que los senadores dieran ejemplo y que fueran todos al tesoro público a donar todo lo que poseían. Poco después, fueron imitados por los equites, y después por todo el pueblo de Roma, sin que ninguna ley, ningún edicto, y ningún senadoconsulto tuvieran que ser dictados.
 
 Levino volvió a Sicilia en el otoño de 210 a. C., después de varias expediciones. Primero solucionó todos los asuntos de Siracusa, tal y como el Senado le había encargado. Después, marchó contra Agrigento, última ciudad importante en manos de los cartagineses, mandados por Hannón. Pero los cartagineses requirieron los servicios de un tal Mutines, que estaba al mando de los númidas, quien saqueó todas las ciudades aliadas de los romanos, sin que nadie pudiera impedirle entrar y salir de Agrigento a su voluntad. Hannón se puso celoso y le retiró el mando. Mutines, indignado, fue a ver al cónsul para negociar la rendición de Agrigento. Los númidas abrieron las puertas de la ciudad y Hannón fue obligado a huir, abandonando Agrigento y la isla a los romanos, a causa de la traición.​Todos los enemigos fueron masacrados, los ciudadanos ejecutados y los habitantes vendidos como esclavos.
 
El resto de las ciudades sicilianas que aún eran aliadas de los cartagineses fueron capturadas. De sesenta y seis ciudades, seis fueron tomadas por la fuerza por él, veinte fueron capturadas a traición, y cuarenta se entregaron voluntariamente a él.Después, el cónsul, tras haber recompensado o sancionado a los principales personajes de las ciudades traidoras, obligó a los sicilianos a dedicarse a la agricultura, para que la isla fuera autosuficiente y llegase al ser el granero de Roma.
 
Después, regresó a Italia con 4.000 criminales, desertores y esclavos fugitivos, para que la paz reinara en Sicilia, y para que pudieran ser útiles en el Sur de Italia saqueando las tierras que aún eran enemigas y haciendo frente a los brutii. Así, en el año 210 a. C., puso fin a la guerra en Sicilia.​
 
Fue requerido en Roma para organizar las elecciones. Su colega Marcelo no pudo evitar que Aníbal, que aún permanecía en Italia, se le escapase.Confió su provincia a un pretor, y su flota a Marco Valerio Mesala, y volvió a Roma, donde relató sus hazañas al Senado.
 
Marco Valerio Mesala, que saqueaba las costas africanas, informó al cónsul y al Senado de que los cartagineses preparaban una nueva ofensiva sobre Italia y Sicilia. El Senado deseaba que el cónsul regresase a su provincia y que nombrara a un dictador para presidir las elecciones. Eligió a Marco Valerio Mesala, pero el Senado se opuso porque Mesala estaba fuera de Italia. Los senadores querían obligar al cónsul a que nombrase al dictador escogido por el pueblo, pero regresó sin atender la petición, y ello provocó que fuera elegido su colega, Quinto Fulvio Flaco, por el deseo del pueblo, el cual había dirigido el asedio de Capua. Publio Licinio Craso fue nombrado magister equitum, conforme al mismo plebiscito.
 
En 209 a. C., recibió el mando de los supervivientes de la Batalla de Cannas y dio la orden de continuar el pillaje de las costas de África.​ Reforzó su ejército gracias a los desertores númidas y al enrolamiento de sicilianos. Dividió sus tropas en dos ejércitos: un propretor mandaba la parte oriental de la isla, y el procónsul la parte occidental, e hizo lo mismo con su flota de 70 navíos. Recorrió la isla a lo largo y a lo ancho, con la caballería de Mutines, veló por la reactivación de la agricultura, y permitió así que hubiese cosechas muy importantes, suficientes para Roma y para su provincia.
 
En 208 a. C., su proconsulado fue prorrogado una vez más, recibió barcos nuevos, con la orden de saquear las costas africanas. Marco Valerio, con una flota cartaginesa de cien naves, pasó a África y no encontró ninguna resistencia en tierra. Venció a una flota de 83 barcos, y volvió de Lilibea con un gran botín.
 
En 207 a. C., en el verano, la flota que mandaba pasó a África y devastó gran parte del litoral cartaginés, cerca de Útica y de la propia Cartago, saqueando las tierras hasta las puertas de sus ciudades. Una flota púnica le hizo frente y la venció, capturando 17 naves, hundiendo otras cuatro, dispersando y poniendo en fuga al resto de la flota enemiga. Volvió a entrar en Sicilia con un enorme botín.
 
En 206 a. C. regresó con su ejército a Italia,39​ y ante la llegada de Magón Barca a Liguria, en el año siguiente estuvo estacionado con las dos legiones en la ciudad en Arretium en Etruria.40​
 
La República romana no gozaba de aliados en Asia, pero durante la primera guerra macedónica, varios estados griegos habían decidido prestar apoyo a los romanos. El Senado resolvió enviar una embajada al Átalo I rey de Pérgamo.​
 
Marco Valerio Levino, que había sido elegido cónsul en dos ocasiones y que se había enfrentado a Filipo V de Macedonia durante la guerra, Marco Cecilio Metelo, ex-prestamista, Servio Sulpicio Galba, ex-edil, Cneo Tremelio Flaco y Marco Valerio Falto, ex-cuestores, fueron los elegidos para formar la delegación.​
 
De camino, la embajada consultó el oráculo de Delfos, que le comunicó que debían transportar a la diosa Magna Mater a Roma, y que con su culto se alcanzarían grandes gestas. La Magna Mater era la diosa de la hospitalidad y por ello la embajada aceptó.
 
Tras su llegada a Pérgamo, fueron recibidos por el rey Átalo, que los llevó a Pesino, donde se encontraba la estatua de la Magna Mater, la Madre de los Dioses. Marco Valerio Falto regresó a Roma con la estatua. El Senado decidió enviar a Publio Cornelio Escipión Nasica para que recibiera a la diosa en el puerto de Ostia acompañado por la mayoría de las matronas de la ciudad.
 
De regreso, presentó una moción al Senado, para reembolsar las sumas adeudadas a los senadores, a los equites y al pueblo romano, pues todos habían contribuido a sanear el tesoro público en el momento más crudo de la guerra, durante su segundo consulado. El Senado aprobó dicha moción.​
 
Llegó a Roma una delegación cartaginesa, que alegó que Aníbal, por cuenta propia, había declarado la guerra a Roma, sin el acuerdo del Senado y del pueblo de Cartago, y solicitaron que la antigua alianza entre la República Romana y Cartago se mantuviera.
 
Marco Valerio Levino consideraba que estos hombres eran espías, y propuso que se escoltara a los embajadores cartagineses a su país y que se ordenara a Escipión el Africano continuar la guerra. El Senado Romano adoptó la proposición del consular.
 
 Desde la paz firmada con Cartago, que puso fin a la segunda guerra púnica, tras la Batalla de Zama, conseguida por Escipión el Africano, se decidió trasladar la guerra a Macedonia para ayudar a los aliados de Roma. Se otorgó a Marco Valerio Levino el título de propretor, y éste viajó al Reino de Macedonia con una flotilla compuesta de 38 barcos.
 
El Senado Romano votó a favor de la guerra contra Filipo V durante la primavera del año 200 a. C. e informó de que amenazaba a Atenas.El pueblo romano se negó a declarar la guerra hasta marzo, y al final votó a favor cuatro meses después, convencido por los cónsules, gracias al falso argumento de que Filipo V había entrado en guerra contra Roma, por lo cual Roma debía entrar en guerra contra él.
 
Murió en 200 a. C. Sus hijos; Publio y Marco organizaron en su honor unos juegos funerarios que duraron cuatro días, con combates de gladiadores.