sábado, 8 de octubre de 2016

JUVENAL DICE SOBRE VALERIA MESALINA, ESPOSA DE CLAUDIO



[…] escucha lo que ha soportado Claudio. Cuando su mujer notaba que ya dormía, atreviéndose a preferir un camastro a su lecho del Palatino, la Augusta ramera cogía dos capas de noche y abandonaba el palacio con una sola esclava; con los negros cabellos disimulados bajo una peluca rubia, llegaba al templado lupanar de raídas colchonetas y entraba en un cuarto vacío y reservado para ella. Después, con sus pechos protegidos por una red de oro, se prostituía bajo la engañosa denominación de Licisca y ponía al descubierto el vientre que te dio la existencia, generoso Británico. Recibe entre zalemas a cuantos entran, tumbada absorbe los envites de todos y les reclama su paga. Luego, cuando el alcahuete despacha a sus pupilas, ella se va a regañadientes y es la última en cerrar el cuarto. Ardiente aún del prurito de su libidinosa vulva, se retira cansada de hombres, pero no satisfecha, y, repulsiva, con el humo del candil que le ensucia las mejillas, lleva al lecho imperial el olor del prostíbulo.






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