sábado, 8 de octubre de 2016

CARTA DE CICERÓN A SUS PADRES DESDE LA ACADEMIA DE ATENAS


Había ganado cierta fama en Roma con mi oratoria, pero lo que yo hacía era dar chillidos y berridos en comparación con la elocuencia de mi noble maestro Demetrio. Su voz hace temblar la atmósfera un buen rato; juraría que hasta los pájaros le escuchan. Cuando cita a Aristóteles, me parece que es el mismo Aristóteles el que habla con acentos que semejan de mármol brillante, porque parecen fulgurar y relucir y hacerse visibles a la vista deslumbrada. ¡Qué delicioso es volver a ser estudiante!. Los hombres nunca deberían de dejar de estudiar, de volver a esas fuentes en que bebieron en su juventud porque en los libros existe mucha sabiduría y no hay fin para los conocimientos que pueden adquirirse. Todo hastía, excepto el saber. Todo se vuelve rancio y fatigoso si es cosa del cuerpo; pero lo que es de la mente y del espíritu nunca cesa de satisfacer, nunca deja saciado y exhausto. Es como si uno poseyera la eterna juventud, porque uno anda siempre descubriendo y siempre es exaltado a un nuevo tesoro que le es revelado. Todos los senderos son prístinos, como si jamás hubieran sido pisados por ningún pie. Cada portal se abre a una nueva panorámica, jamás vista hasta entonces por ningún otro hombre. Las palabras de Sócrates o Platón significan algo único para cada discípulo, porque aporta a ellas una única mente y un alma nueva. Así deben ser las Islas de los bienaventurados, jamás exploradas por completo, sin horizonte, barridas por los vientos que vienen de la eternidad.

 


De aquí iremos a Asia Menor y a Rodas, para proseguir mis estudios cuando éstos hayan sido completados, si es que uno puede decir verdaderamente que el estudio es jamás completado. Cuando regrese, me casaré con Terencia, porque, como tú me dices en tu carta, ella conviene en ese matrimonio. Abrázala en mi nombre y trata de inducirla a que dé su consentimiento final e implora a su hermana Fabia, que impetre para nosotros la divina intercesión. 



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