martes, 19 de mayo de 2015

LA MUERTE DE SU ESPOSA JULIA (HIJA DE CÉSAR), ENVEJECE A CNEO POMPEYO MAGNO, 6 AÑOS MAYOR QUE SU EX SUEGRO CAYO JULIO CÉSAR





Todos aquellos pensamientos tenían lugar en su dormitorio, demasiado grandioso como para calificarlo de cubículo para dormir. En él reposaba un enorme espejo de plata, muy pulida, que se había quedado para si después de morir Julia, con la esperanza de que quizá captase algún reflejo de ella desvaneciéndose en la superficie. Sin embargo, eso nunca había ocurrido. Ahora, mientras paseaba arriba y abajo, captó su propio reflejo, se vio a si mismo. Se detuvo, se quedó mirándose y lloró un poco. Por Julia había tenido buen cuidado de ser el Pompeyo de sus sueños: delgado, ágil, bien formado. Y quizá nunca había vuelto a mirarse hasta aquel momento.




Pero ahora el Pompeyo de Julia había desaparecido. En su lugar se alzaba un hombre de cincuenta y tantos años lo bastante pasado de peso como para tener papada y una abultada barriguilla; la parte inferior de la espalda formaba pliegues debido a la grasa. Sus famosos vívidos ojos azules habían desaparecido enterrados en la carne de la cara, y la nariz, que se había roto al caerse del caballo hacía pocos meses, se le había torcido hacia un lado. Sólo el cabello permanecía tan espeso y lustroso como siempre, pero lo que antes había sido oro ahora era plata.




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