sábado, 22 de abril de 2017

PLINIO EL JOVEN DESCRIBE LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO VOMITANDO LAVA Y CENIZAS SOBRE POMPEYA



(...) Envueltos por la noche, no con la oscuridad de una noche sin luna o nublada, sino con la de un cuarto cerrado y sin luces. Solo se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamoreo de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo.


(...) Finalmente, la oscuridad se hizo menos densa, y después, como si se tratase de humo o nubes, se disipó, volvió el día y lució el sol, aunque pálidamente, como cuando se aproxima un eclipse.
































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