domingo, 27 de octubre de 2019

FUNCIONAMIENTO DEL TRIBUNAL DE JUSTICIA ROMANO ACORDE CON LA LEY DE SILA



 Según las leyes de Sila relativas a los nuevos tribunales de justicia, el procedimiento se desarrollaba en dos fases: la actio prima y la actio secunda con una pausa de varios días entre ambas actiones, que el presidente del tribunal podía prolongar si lo deseaba, en detrenimiento de la rapidez que tantos veredictos erróneos acababa sentenciando.

 

La actio prima consistía en un largo discurso del que dirigía la acusación, seguida de un discurso no menos largo del encargado de la defensa; luego, se sucedían más discursos alternos entre la acusación y la defensa hasta agotar el turno de todos los abogados ayudantes. Después, se pasaba al interrogatorio por parte de la defensa de cada uno de los testigos de la acusación. Si una u otra parte efectuaban maniobras obstruccionistas, la declaración de los testigos podía ser larguísima. A continuación declaraban los testigos de la defensa interrogados por la acusación y, a veces, interrogados por la defensa. Luego, se producía un largo debate entre el primer abogado de la acusación y el de la defensa; debates que podían producirse entre testigos si una de las partes lo solicitaba. La actio prima finalizaba con un último discurso pronunciado por el consejo del primer abogado defensor.

 

La actio secunda era aproximadamente una repetición de la actio prima, aunque a veces no se convocaba a los testigos. En ella tenían lugar las mejores y más apasionadas oraciones, pues tras los discursos finales de la acusación y la defensa se pedía el veredicto del jurado, al que no se le concedía tiempo para discutirlo; lo que significaba que éste se pronunciaba cuando los miembros del jurado tenían aún resonando en sus oídos las palabras del abogado defensor. Era el motivo principal por el que a los más reputados abogados les gustaba más actuar de defensor y no de acusador.

 

Naturalmente que los más ricos y poderosos recurrían a los sobornos en la medida que podían en cada uno de los componentes de un tribunal. Era el inevitable poder del dinero en todo tipo de procedimiento judicial, pues ninguno era perfecto ni garantizaba nada.






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