Es
cierto que estamos en la segunda parte del año, pero hay que tener en cuenta
que las cosas van bastante bien. Esperaba haber podido retener permanentemente
en Roma a Mamerco, pero al llegar noticia de que habían muerto Bruto y Lépido,
dijo que su papel como príncipe del Senado no le obligaba a seguir en Roma y
pidió a la Cámara permiso para preparar la guerra contra Sertorio. Nuestras
cabras senatoriales no tardaron en convertirse en borregos y concedieron a
Mamerco las cuatro legiones de Catulo que seguían movilizadas en Capua en
espera de licenciamiento. Me apresuro a decirte que Catulo está muy satisfecho
de su campaña contra Lépido; se ha ganado (inmerecidamente) una imponente fama
militar sin tener que salir del campo de Marte, y ha instado al Senado a que
conceda a Mamerco la gobernación de la Hispania Citerior y el mando de la
campaña contra Sertorio.
Es
posible que Mamerco sea el hombre que precisa Hispania. Por consiguiente, tengo
que hacer lo que sea para que no llegue allí. Voy a procurarte una misión
especial en Hispania antes de que Lúculo pueda regresar de Africa.
Afortunadamente, creo que dispongo del instrumento adecuado para frustrar las ambiciones
de Mamerco. Es -un hombre, naturalmente- uno de los veinte cuestores de este
año, un tal Cayo Elio Estaeno. ¡En el sorteo le tocó nada menos que el ejército
del cónsul! En otras palabras, está en Capua al servicio de Catulo desde que
asumió el cargo, y luego servirá a las órdenes de Mamerco.
¡Es
realmente difícil encontrar un villano de más confianza, mi querido Magnus! Más
que Cayo Verres, que, después de condenar a destierro al joven Dolabela
testificando en contra de él en el proceso en que hizo de abogado acusador el
joven Escauro, ahora se pasea por Roma prometido a Cecilia Metela, ¡figúrate!
La hija de Metelo Caprario y hermana de esos tres jóvenes arribistas que son,
¡ay!, lo mejor que los Cecilios Metelos han dado al mundo en esta generación.
Qué denigrante.
Bien,
mi querido Magnus, he entrado en contacto con este villano y me he asegurado sus
servicios. No hemos hablado de cantidades concretas, pero no será barato. Sin
embargo, hará lo que haya que hacer, de eso estoy seguro. Su plan consiste en
fomentar un motín entre las tropas en cuanto Mamerco lleve en Capua el tiempo
suficiente para que parezca que es el responsable. Le indiqué que esas tropas son
veteranos de Sila y que no creía que se volviesen contra el yerno de su querido
dictador, pero Estaeno se rió de mis reparos. Mis recelos se disiparon al oírle
reír con tantas ganas y confianza. Además, hay que decir que pueden esperarse
grandes cosas de una persona que ha arreglado su propia adopción por los Elios
y hace que la gente le llame Paetus en vez de Estaeno. Causa buena impresión a
todos, pero sobre todo a los de clase baja, a quienes les entusiasma y
enfebrece con su estilo oratorio.
Esto
era lo que había hasta que encontré a Estaeno para frustrar el mando de
Mamerco; pero desde entonces he cambiado de táctica y presiono para que lo
tome, y cada vez que le veo le pregunto por qué sigue en Roma en vez de irse a
Capua para adiestrar a sus tropas. Creo que podemos estar seguros de que, a más
tardar en septiembre, Mamerco tendrá que vérselas con un motín. En cuanto tenga
noticia de ello, comenzaré a reclamar al Senado que recurra a la cláusula del
mando especial.
Afortunadamente,
las cosas van de mal en peor en Hispania y eso facilitará mi tarea. Así que ten
paciencia y sé optimista, mi querido Magnus. Llegará el día, este mismo año, en
que cruces los Alpes antes de que las nieves lo impidan.
( C. McC. )
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