jueves, 8 de enero de 2015

CARTA DE LUCIO MARCIO FILIPO A CNEO POMPEYO MAGNO


 

Es cierto que estamos en la segunda parte del año, pero hay que tener en cuenta que las cosas van bastante bien. Esperaba haber podido retener permanentemente en Roma a Mamerco, pero al llegar noticia de que habían muerto Bruto y Lépido, dijo que su papel como príncipe del Senado no le obligaba a seguir en Roma y pidió a la Cámara permiso para preparar la guerra contra Sertorio. Nuestras cabras senatoriales no tardaron en convertirse en borregos y concedieron a Mamerco las cuatro legiones de Catulo que seguían movilizadas en Capua en espera de licenciamiento. Me apresuro a decirte que Catulo está muy satisfecho de su campaña contra Lépido; se ha ganado (inmerecidamente) una imponente fama militar sin tener que salir del campo de Marte, y ha instado al Senado a que conceda a Mamerco la gobernación de la Hispania Citerior y el mando de la campaña contra Sertorio.

 

Es posible que Mamerco sea el hombre que precisa Hispania. Por consiguiente, tengo que hacer lo que sea para que no llegue allí. Voy a procurarte una misión especial en Hispania antes de que Lúculo pueda regresar de Africa. Afortunadamente, creo que dispongo del instrumento adecuado para frustrar las ambiciones de Mamerco. Es -un hombre, naturalmente- uno de los veinte cuestores de este año, un tal Cayo Elio Estaeno. ¡En el sorteo le tocó nada menos que el ejército del cónsul! En otras palabras, está en Capua al servicio de Catulo desde que asumió el cargo, y luego servirá a las órdenes de Mamerco.

 

¡Es realmente difícil encontrar un villano de más confianza, mi querido Magnus! Más que Cayo Verres, que, después de condenar a destierro al joven Dolabela testificando en contra de él en el proceso en que hizo de abogado acusador el joven Escauro, ahora se pasea por Roma prometido a Cecilia Metela, ¡figúrate! La hija de Metelo Caprario y hermana de esos tres jóvenes arribistas que son, ¡ay!, lo mejor que los Cecilios Metelos han dado al mundo en esta generación. Qué denigrante.

 

Bien, mi querido Magnus, he entrado en contacto con este villano y me he asegurado sus servicios. No hemos hablado de cantidades concretas, pero no será barato. Sin embargo, hará lo que haya que hacer, de eso estoy seguro. Su plan consiste en fomentar un motín entre las tropas en cuanto Mamerco lleve en Capua el tiempo suficiente para que parezca que es el responsable. Le indiqué que esas tropas son veteranos de Sila y que no creía que se volviesen contra el yerno de su querido dictador, pero Estaeno se rió de mis reparos. Mis recelos se disiparon al oírle reír con tantas ganas y confianza. Además, hay que decir que pueden esperarse grandes cosas de una persona que ha arreglado su propia adopción por los Elios y hace que la gente le llame Paetus en vez de Estaeno. Causa buena impresión a todos, pero sobre todo a los de clase baja, a quienes les entusiasma y enfebrece con su estilo oratorio.

 

Esto era lo que había hasta que encontré a Estaeno para frustrar el mando de Mamerco; pero desde entonces he cambiado de táctica y presiono para que lo tome, y cada vez que le veo le pregunto por qué sigue en Roma en vez de irse a Capua para adiestrar a sus tropas. Creo que podemos estar seguros de que, a más tardar en septiembre, Mamerco tendrá que vérselas con un motín. En cuanto tenga noticia de ello, comenzaré a reclamar al Senado que recurra a la cláusula del mando especial.

 

Afortunadamente, las cosas van de mal en peor en Hispania y eso facilitará mi tarea. Así que ten paciencia y sé optimista, mi querido Magnus. Llegará el día, este mismo año, en que cruces los Alpes antes de que las nieves lo impidan.



( C. McC. )



No hay comentarios:

Publicar un comentario