jueves, 1 de enero de 2015

CARTA DE CNEO POMPEYO MAGNO AL DICTADOR LUCIO CORNELIO SILA


Las provincias de Africa y Numidia están pacificadas y en orden. Tardé cuarenta días en lograrlo. Zarpé de Lilibeo a finales de octubre con seis legiones y dos mil soldados de mi caballería, dejando a Cayo Memio al mando en Sicilia. No juzgué necesario establecer guarniciones allí donde ya había comenzado a reunir naves nada más llegar. A finales de octubre tenía ya más de ochocientos barcos. Me gusta organizarlo todo bien porque se gana mucho tiempo. Antes de zarpar, envié un mensajero al rey Bogud de Mauritania, quien actualmente tiene su ejército en Iol, no muy lejos de Tingis. Bogud reina desde Iol y ha dejado en Tingis un reyezuelo. Todos estos cambios se deben a la contienda de Numidia, en donde el príncipe Yarbas ha usurpado el trono del rey Hiempsal. Mi mensajero instó al rey Bogud a que invadiese inmediatamente Numidia por el oeste, sin aceptar pretexto alguno. Mi estrategia consistía en que Bogud obligase a Yarbas a replegarse hacia el este hasta que llegase a donde yo estaba para aplastarle.

 

Desembarqué mis tropas en dos divisiones: una en Cartago y la otra en Utica. Me puse al mando de esta segunda, y nada más tocar tierra recibí la sumisión de siete mil soldados de Cneo Ahenobarbo, lo que interpreté como buen augurio. Ahenobarbo decidió presentar batalla sin dilación, pues temía que, de no hacerlo, se pasaran a mis filas más tropas suyas. Desplegó su ejército ante una garganta para tenderme una emboscada cuando la atravesase, pero no caí en la trampa porque subí a un risco y vi su posición. Comenzó a llover (el invierno es la estación lluviosa en la provincia de Africa) y aproveché la circunstancia de que la lluvia azotaba los ojos de sus tropas. Gané una gran batalla y mis hombres me proclamaron imperator en el campo de batalla. Pero tres mil soldados de Ahenobarbo lograron escapar ilesos. Mis hombres seguían vitoreándome, pero yo les dije que lo hiciesen más tarde, y nos apresuramos a perseguir a Ahenobarbo hasta su campamento y lo aniquilamos con todas sus tropas. Entonces, permití que mis hombres me vitoreasen como imperator.

 

Luego marché a Numidia, una vez sometidos en todo el territorio de la provincia de Africa los insurgentes, a quienes ejecuté en Útica. El usurpador Yarbas se refugió en Bulla Regis, una ciudad en el curso superior del río Bagradas, al saber que yo avanzaba por el este y Bogud por el oeste. Por supuesto, yo llegué a Bulla Regis antes que el rey Bogud, y la ciudad me abrió sus puertas y se rindió, entregándome a Yarbas, a quien ejecuté inmediatamente, junto con otro noble llamado Masinisa; y repuse en su trono de Cirta al rey Hiempsal. Tuve oportunidad de dedicarme a la caza de animales salvajes, que en este país los hay de toda clase, desde elefantes hasta unos muy parecidos a grandes gatos. Te escribo ésta desde el campamento en la llanura de Numidia.

 

Me propongo volver pronto a Utica, al haber sometido todo el norte de Africa en cuarenta días, como te decía. No es necesario dejar guarniciones en esta provincia, y puedes enviar un gobernador sin cuidado. Voy a embarcar mis seis legiones y dos mil soldados de caballería y zarparemos hacia Tarentum. Después nos dirigiremos a Roma por la vía Apia, y me gustaría celebrar un triunfo. Mis hombres me han vitoreado como imperator en el campo de batalla y tengo derecho a ello. He pacificado Sicilia y Africa en cien días, y ejecutado a todos tus enemigos. Tengo también un buen botín para mostrar en el desfile triunfal.

 


RESPUESTA DE SILA

Ha sido un placer recibir tu carta, y te doy las gracias por los interesantes datos que me das sobre Africa. Procuraré visitarla algún día, aunque no sea más que para ver personalmente esos animalotes parecidos a gatos. Yo también reconozco un elefante cuando lo veo.


Enhorabuena. ¡Qué joven tan rápido eres! Cuarenta días. Creo que es el tiempo que estuvo inundada Mesopotamia hace mil años.

 

Sé que puedo confiar en tu afirmación de que no hace falta establecer guarniciones ni en Africa ni en Sicilia, pero, mi querido Pompeyo, hay que actuar con sutileza. Por lo tanto, te ordeno que dejes en Utica cinco legiones y regreses con una. Una cualquiera, la que sea tu preferida. Y hablando de preferencias, ¡desde luego se ve que eres el preferido de la Fortuna!


Lamentablemente, no puedo autorizarte a celebrar un triunfo. Aunque tus tropas te hayan proclamado imperator en el campo de batalla, los triunfos están reservados a los miembros del Senado que han alcanzado la categoría de pretor. En el futuro ganarás más guerras, Pompeyo, y tendrás tu triunfo más pronto o más tarde.

 

Tengo que darte las gracias por el rápido envío del miembro de alimentación, vista, oído y olfato de Carbón. No hay nada mejor que una cabeza para convencer a alguien de que una persona ha mordido el polvo, para usar una expresión de Homero. La fuerza de mi argumentación de que Carbón había muerto y Roma no tenía cónsules se evidenció de inmediato. ¡Fue muy inteligente lo de meterla en vinagre! Gracias también por Soranus y el anciano Bruto.


Hay sólo un detalle, mi querido Pompeyo. Hubiera preferido que hubieses optado por un modo menos espectacular de eliminar a Carbón, si estabas decidido a hacerlo de una manera tan bárbara. Empiezo a creer lo que dice la gente: rascas a uno de Picenum y aparece el galo.

 

Ya que te decidiste a presidir un tribunal con la toga pretexta y sillas curules con lictores, representabas a Roma. Pero no te condujiste como un romano; después de hacer padecer al pobre Carbón al sol durante horas, anunciaste en tono altanero que no merecía juicio y que había que ejecutarle allí mismo. Como le habías alojado y nutrido deplorablemente durante unos días, antes de esa lamentable vista pública, estaba enfermo. A pesar de ello, cuando solicitó retirarse para hacer de vientre en privado antes de morir ¡se lo negaste! ¡Y me han dicho que murió en medio de sus propios excrementos, aunque dignamente!

 

¿Que cómo sé todo esto? Tengo mis propias fuentes de información, pues si no las tuviese dudo mucho que pudiera ser dictador de Roma. Eres muy joven y has cometido el error de suponer que, porque yo quería la muerte de Carbón, tenía mal concepto de él. Y es verdad en cierto sentido; pero tengo el más alto concepto del consulado de Roma, y no cabe duda de que Carbón era cónsul electo cuando murió. Más vale que no olvides en el futuro, joven Pompeyo, que un cónsul merece todos los honores, aunque se llame Cneo Papirio Carbón.


Y hablando de nombres, me he enterado de que por esa bárbara escena en el ágora de Lilibeo te has ganado un nuevo epíteto. Muy conveniente para los desgraciados que no tienen un tercer nombre que les dé brillo, ¿no, Pompeyo? Adulescentulus carnifex. Si, creo que joven carnicero es un tercer nombre ideal para ti; porque, igual que tu padre, eres un auténtico carnicero.

 

Repito. cinco de tus legiones permanecerán en Utica aguardando plácidamente la llegada del nuevo gobernador, cuando tenga tiempo de enviarlo. Tú puedes volver a Italia; estoy deseando verte. Podremos charlar sobre elefantes y podrás ampliar mis conocimientos sobre Africa y sus cosas.




Te doy el pésame por la muerte de Publio Antitio Veto y su esposa, parientes tuyos. No acabo de entender cómo Bruto Damasipo los mató. Pero, claro, Bruto Damasipo ha fallecido. Le mandé ejecutar. Pero en privado, Pompeyo Joven Carnicero. En privado.


CONFUCIO DICE SOBRE LA PROBIDAD:




La probidad es la única moneda que tiene curso en todas partes. 

OVIDIO DICE SOBRE LLORAR




 A veces las lágrimas pesan todo como las palabras.

CARTA DEL CONSULAR PUBLIO RUTILIO RUFO AL CÓNSUL CAYO MARIO


 

No había acabado el día cuando el pueblo ya sabía la noticia. Mario Aquilio ni siquiera tuvo tiempo de volver a su asiento antes de que los diez tribunos de la plebe abandonaran su banco, cruzando como flechas la puerta camino de la tribuna de los Espolones para dirigírse a la multitud reunida en la fuente de los Comicios, que debía ser media Roma, pues la otra media llenaba el bajo Foro. Naturalmente, el Senado en pleno siguió a los tribunos de la plebe, dejando a Escauro y a nuestro querido amigo el Meneítos gritando ante doscientas sillas tumbadas por el suelo.

 

Los tribunos de la plebe convocaron la Asamblea del pueblo y, sin pérdida de tiempo, se plantearon dos plebiscitos. Siempre me sorprende que seamos capaces en un abrir y cerrar de ojos de redactar mucho mejor algo que en otras circunstancias otros tardan meses enteros. Lo que demuestra que esos otros lo que hacen es desmenuzar buenas leyes y convertirlas en malas. Cota me había dicho que Cepio venía camino de Roma a toda velocidad para imponer su versión, pero que pretendía conservar su imperium quedándose fuera del pomerium mientras su hijo y los suyos la difundían por la ciudad. De ese modo pensaba quedar a salvo, protegido por su imperium, hasta que su versión de los acontecimientos fuese la oficial. Me imagino que pensaría, sin duda con toda la razón, conseguir una prórroga del cargo de gobernador conservando así el imperium y la Galia Transalpina el tiempo suficiente hasta que se hubiese disipado el escándalo.

 

Pero la plebe frustró sus deseos. Votaron de forma aplastante la anulación inmediata de su imperium. Así que cuando Cepio llegue a las afueras de Roma se encontrará más desnudo que Ulises en la playa. En el segundo plebiscito, Cayo Mario, el funcionario electoral (yo) propuso incluir tu nombre como candidato al consulado, pese a que no pudieras estar presente en Roma para la fecha de las elecciones.

 

Por cierto, una vez propuestos los plebiscitos, nada menos que Cneo Domicio Ahenobarbo -me imagino que considerándolo interés privado, ya que se las da de fundador de la provincia de la Galia Transalpina- intentó hablar desde la tribuna de los Espolones en contra del plebiscito y de tu nombramiento de cónsul in absentia. Bien, ya sabes lo coléricos que son en esa familia y lo arrogantes y llenos de genio que se muestran todos. Pues Cneo Domicio babeaba de rabia y cuando la multitud se cansó de oírle y le abucheó, ¡él quiso hacerla callar! Y yo creo que por tratarse de Cneo Domicio habría tenido bastantes posibilidades, pero algo falló en su cabeza o en su corazón porque se desplomó allí mismo muerto más tieso que un pollo. Eso apaciguó un tanto los ánimos, la Asamblea se levantó y la gente se fue a sus casas. Pero lo importante ya estaba hecho.

 

Los plebiscitos se aprobaron al día siguiente por la mañana sin que hubiese una sola tribu disconforme. Y así yo pude ponerme a organizar las elecciones. Y no perdí el tiempo, créeme. Con una cortés solicitud al colegio de tribunos de la plebe lo puse todo en marcha. A los pocos días habían elegido al nuevo colegio, con unos miembros muy aguerridos y mejores; me imagino que por tratarse de asuntos de guerra y de generales. Tenemos al hijo mayor del dolorosamente finado Cneo Domicio Ahenobarbo y al hijo mayor del dolorosamente finado Lucio Casio Longino. Tengo entendido que Casio se ha presentado para demostrar que no todos los de su familia son irresponsables asesinos de soldados romanos, así que te será de buena utilidad a ti, Cayo Mario. También está Lucio Marcio Filipo y, figúrate, un Clodio del numeroso clan de los Claudios Clodio. ¡Por los dioses, cómo se reproducen!

 

La Asamblea de las centurias votó ayer con el resultado de que, como decía líneas más arriba, Cayo Mario jue elegido primer cónsul por todas las centurias de la primera clase más todas las de la segunda clase necesarias para alcanzar el cómputo. A algunos viejos senadores les habría gustado bloquear tus posibilidades, pero es de dominio público tu condición de promotor honorable y sincero partidario de los negocios (sobre todo después de tu escrupuloso cumplimiento de todas las promesas que hiciste en Afríca), y los caballeros votantes no han tenido remordimientos de conciencia ante minucias tales como las de presentarte al segundo consulado al cabo de tres años o de ser candidato a cónsul in absentia.

 

Así que, cuando nos veamos, Cayo Mario, será para traspasarte los poderes del cargo. Ojalá pudiera decir que estoy totalmente satisfecho conmigo mismo. Por el bien de Roma era vital que te diesen el mando en la guerra contra los germanos, pero ¡ojalá se hubiera podido hacer de un modo más ortodoxo! Pienso en los enemigos que se sumarán a los que ya tienes, y tiemblo. Has provocado muchos cambios en la maquinaria de producción legislativa. Sí, ya sé que todos han sido necesarios para mantenerte, pero, como decían los griegos de Odiseo, la hebra de su vida era tan fuerte que rozaba todas las otras hasta romperlas. Creo que Marco Emilio Escauro, príncipe del Senado, tiene cierta razón de su parte en la actual situación, porque a él no se le puede imputar la intolerancia tan estrecha de miras del Numídico. Escauro ve, igual que yo, cómo van desapareciendo los antiguos métodos romanos. Yo entiendo que Roma se está cavando su propia fosa, y que si se pudiera confiar en el Senado para que te dejase enfrentarte con los germanos a tu manera, serían innecesarias esas sorprendentes medidas nuevas, extraordinarias y poco ortodoxas. Pero me duele, no obstante.

 

Tengo que añadir, para terminar, que tu candidatura disuadió a todos los partidarios del honor y la alcurnia; algunas personas decentes que habían inscrito su nombre como candidatos, lo retiraron. Igual hizo Quinto Lutacio Catulo César, diciendo que contigo colaboraría con menos ganas que con su perro. En consecuencia, tu colega consular será elegido a suertes. Lo que no debe desanimarte más de lo debido, porque estoy seguro de que no te dará guerra. Sé que estás deseando saber quién es, pero sólo te diré de él que es venal, aunque creo que eso ya lo sabes. ¿Su nombre? Cayo Flavio Fimbria.

( C. McC. )



EL PATERFAMILIAS MARCO LIVIO DRUSO OBLIGA Y EXIGE A SU HERMANA LIVIA DRUSA A CASARSE Y A HACER FELIZ AL HIJO DEL CONSULAR QUINTO SERVILIO CEPIO


-Es un placer hacerte feliz, Livia Drusa, siempre que te comportes como una buena romana y hagas lo que debes. Espero que te muestres con Quinto Servilio como cualquier joven a quien alegra el matrimonio. Le dirás que te complace y le tratarás con absoluta deferencia, respeto, interés y dedicación. En ningún momento, ni siquiera en la intimidad del dormitorio cuando estéis casados, le darás el más minimo indicio de que no es el marido que deseas. ¿Comprendes? -inquirió con severidad.

-Comprendo, Marco Livio -respondió ella.

-Ven conmigo.



La condujo al atrium, en cuyo rectángulo cenital comenzaba a clarear la luz perlada, más pura que la de las lámparas y más débil pero más luminosa. En la pared había un pequeño altar a los dioses del hogar, los Lares y los Penates, flanqueados por unas preciosas miniaturas de templos que albergaban las imágenes de los hombres famosos de la familia, desde su difunto padre el censor hasta los primeros antepasados. Y allí, Marco Livio Druso le hizo prestar el terrible juramento a los terribles dioses romanos, carentes de imagen y mitología, de humanidad, simples personificaciones de cualidades mentales y no divinidades con figura de seres reales; y para no incurrir en su desagrado, Livia Drusa juró ser una amante esposa de Quinto Servilio Cepio hijo.


( C. McC. )


LAS CONDECORACIONES Y TROFEOS DE CAYO MARIO


Allí estaban, colocadas todas en el estrado a sus espaldas, las condecoraciones de Cayo Mario: seis lanzas de plata por muerte al enemigo en combate en seis ocasiones, un estandarte vexíllum rojo bordado en oro y con flecos de oro por dar muerte a varios hombres en un solo combate en la misma ocasión, dos escudos con incrustaciones de plata con la forma ovalada antigua por resistir tenazmente en una posición.

 

 Luego estaban las condecoraciones que portaba: coraza de cuero endurecido en lugar de la normal de bronce plateado de oficial mayor, y sobre ella llevaba sus phalerae en los arneses con incrustaciones de oro, nada menos que tres juegos de nueve de oro, dos en el pecho y uno a la espalda; seis torcas de oro y cuatro de plata, pendientes de correillas en hombros y espaldas, así como brazos y muñecas llenos de pulseras, armillas de oro y plata.

 

 Luego estaban las coronas. En la cabeza llevaba la corona cívica de hojas de roble, concedida a quien hubiese salvado la vida de sus compañeros, resistiendo en el lugar de la hazaña hasta el final de la batalla; dos coronas más de hojas de roble colgaban de dos lanzas de plata, como muestra de haber ganado la corona cívica nada menos que tres veces; en otras dos lanzas de plata colgaban dos coronas de oro en forma de hojas de laurel, por su notable valor; en la quinta lanza pendía una corona muralis de oro con almenas por haber sido el primero en escalar las murallas de una ciudad enemiga, y de la sexta lanza colgaba una corona vallarís de oro, ganada por haber sido el primero en saltar la valla de un campamento enemigo.




Sí, las únicas condecoraciones que le faltaban eran la corona naval, concedida al valor en batalla naval, pero, como Mario nunca había combatido en el mar, era una omisión lógica, y la corona gramínea, la simple corona de hierba concedida a quien por su solo valor e iniciativa hubiese salvado a una legión o a un ejército. La corona de hierba sólo se había concedido unas cuantas veces en la historia de la república, la primera vez al legendario Lucio Sicio Dentato, que había ganado nada menos que veintiséis coronas distintas, pero sólo una corona gramínea; a durante la segunda guerra contra Cartago, Publio Decio Mus que la había ganado en la primera guerra samnita, y Quinto Fabio Máximo Verrucosis Cunctator, por ir a la zaga de Aníbal por toda Italia, evitando que cayera en la tentación de atacar a Roma.



( C. McC. )





CAYO MARIO ACONSEJA A SU LEGADO LUCIO CORNELIO SILA BUSCARSE UN SOMBRERO PARA PROTEGERSE DEL SOL AFRICANO DE NUMIDIA


-Lucio Cornelio, te aconsejo que busques en los mercados de Utica un sombrero bien fuerte con ala lo más ancha posible. Ya sé que has estado por toda Italia este verano, pero el sol de Numidia es mucho más intenso y aquí uno se abrasa como yesca.

 

( Era cierto; la blanca e impoluta tez de Sila, hasta entonces indemne por una vida fundamentalmente sedentaria, acusaba los avatares al aire libre de aquellos meses de viaje por Italia, entrenando tropas y aprendiendo él mismo lo más posible. Su orgullo no le había permitido permanecer a la sombra mientras los demás sufrían el sol, y por orgullo se había impuesto llevar el casco ático, símbolo de su alcurnia, que no le protegía convenientemente. Ya había pasado lo peor, pero tenía muy poco pigmento cutáneo para que estuviera atezado, y las zonas ya curtidas y en curso de curación eran tan blancas como siempre; sus brazos habían salido mejor librados que la cara, y era muy posible que pasado un tiempo brazos y piernas pudiesen aguantar la insolación, pero jamás su rostro.)

 

-Lucio Cornelio, desde que entré en las legiones, a los diecisiete años, siempre he causado irrisión por una cosa u otra. Al principio, por ser escuálido y pequeño; luego, por ser demasiado grande y torpe. No hablaba griego; era provinciano y no de Roma. Así que me hago cargo de lo humillado que te sientes por tener una piel blanca tan delicada; pero para mi es más importante, como comandante jefe, que tengas buena salud y te sientas físicamente cómodo y no que conserves lo que consideras tu imagen ante tus iguales. ¡Búscate un sombrero! Y sujétatelo con un pañuelo de mujer, con cintas o con un cordón oro y púrpura si lo encuentras. ¡Y riete tú de ellos! Hazlo como algo excéntrico, y pronto observarás como nadie se fija. Te recomiendo también que busques alguna crema o ungüento que reduzca la cantidad de sol que absorbe la piel. Y si la más adecuada apesta a perfume, ¿qué más da?


( C. NcC. )



ISÓCRATES DICE SOBRE LAS OBRAS



Pon por obra al punto aquellas cosas que al considerarlas te parecieran excelentes.


OVIDIO DICE SOBRE EL MATRIMONIO




 Si quieres casarte bien, esposa a una que se te parezca.


SALUSTIO DICE SOBRE LA PROSPERIDAD




Vigilando, laborando y meditando, todas las cosas prosperan.



PERIANDRO DICE SOBRE LA DESGRACIA




Si llegas a ser desgraciado, ocúltalo, para que los amigos no se alegren.