sábado, 18 de agosto de 2018

BARSINE



 
Barsine (363 a. C. (?) - 309 a. C.) fue una princesa persa, que fue amante de Alejandro Magno.

 
Barsine nació probablemente en el 363 a. C., hija de Artabazo II, sátrapa de la Frigia helespóntica. La dinastía farnácida comenzó con Farnaces, tío y personaje notable de la corte de Darío I. Desde ese momento todos sus descendientes estuvieron muy próximos al rey y ligados a este territorio. Barsine fue educada por los mejores profesores persas, pero también griegos.
 
En el 358 a. C. su padre Artabazo se rebeló contra el rey Artajerjes III, fue vencido y obligado a exiliarse. En el 353 a. C. la familia llegó a Pella, capital macedónica residiendo durante diez años en la corte del rey Filipo II, donde Barsine coincidió con el príncipe Alejandro Magno, que tenía 8 ó 9 años menos que ella, y con el filósofo Aristóteles. De hecho, la princesa aprendió a hablar perfectamente el griego. ​ Con Artabazo viajaron sus mujeres, su hijo Farnabazo III, Barsine y Memnón de Rodas, hermano de Mentor, el marido de Barsine. En el 355 a. C. Artabazo se había casado con una hermana de estos dos rodios, mercenarios que había utilizado en su rebelión, y Mentor lo había hecho con Barsine, aunque el matrimonio no se había consumado por ser Barsine aún muy joven.
 
Artabazo se ganó su vuelta y su segunda carrera en el imperio aqueménida gracias a su yerno Mentor, quien se las había arreglado para obtener el perdón de Artajerjes III pasando a su servicio. Cuando el rey le preguntó qué podía darle como recompensa por sus actos, éste le pidió el regreso de su hermano, cuñado y esposa. El rey perdonó a los rebeldes, quienes volvieron a Asia en el 342 a. C. Así, Barsine y su marido se reencontraron aunque no pudieron disfrutar mucho de su matrimonio pues Mentor falleció dos años después. Por lo que sabemos, la pareja tuvo sólo una hija, que más tarde será la esposa de Nearco.
 
Casi inmediatamente, Barsine se casó con su cuñado Memnón, quien ya tenía varios hijos de un matrimonio anterior. En esos días Memnón vivía en la Tróade esperando ser nombrado comandante en jefe de las fuerzas persas en el oeste, cargo que ni Artajerjes III, ni Artajerjes IV ni Darío III se atrevieron a dar al exrebelde.
 
Alejandro Magno invadió el Asia Menor en mayo del 334 a. C. ocupando las ciudades griegas de la costa oeste. Memnón y sus hijos participaron en la defensa y a pesar de que los persas quedaron destrozados en la batalla del Gránico, las habilidades de Memnón eran grandes por lo que finalmente fue nombrado jefe en el oeste. Para mantenerlo leal, Barsine se quedó como rehén en la corte del rey.
 
Memnón y (después de su muerte en el 333 a. C. por causas naturales) el hermano de Barsine, Farnabazo, obtuvieron grandes éxitos con una flota de 300 navíos de guerra. Controlaron el Egeo, amenazaron las líneas de suministro macedónicas, intentaron que los espartiatas se rebelaran y llegaron al punto donde podían llevar la guerra a Macedonia. Desafortunadamente para ellos, Darío perdió en la batalla de Issos.
 
En primavera del 332 a. C., Alejandro sitió Tiro. Ochenta capitanes fenicios y ciento veinte chipriotas decidieron marcharse, con lo que la flota persa se desintegró. Barsine y las mujeres de Darío estaban con el rey cuando éste fue derrotado. Los hombres de Alejandro las tomaron cautivas.

 
Entonces Alejandro y Barsine continuaron su amistad de juventud, pocas semanas después de la muerte de Darío, Barsine y Alejandro estaban en Hircania cuando el padre de Barsine, Artabazo, se rindió al macedonio, convirtiéndose en hombre de confianza del conquistador. Barsine se convirtió en amante de Alejandro,​ y le acompañó en la conquista de Sogdiana.
 
En el 327 a. C., al finalizar la pacificación de Sogdiana, Barsine dio a luz un hijo, Heracles, que según ella era de Alejandro, aunques es más probable que no lo fuera, debido a las extrañas circunstancias de su embarazo y posterior aparición de ambos, luego de la muerte de Alejandro. Casi inmediatamente, Alejandro tomó por esposa a Roxana. Es comprensible que después de esto Barsine abandonara la corte, marchándose al oeste con su hijo a vivir en Pérgamo.
 
En el 309 a. C. después de la muerte de Alejandro, Poliperconte, uno de los diádocos, trató de defender los derechos de Heracles al trono, aunque Casandro lo impidió, convenciéndole de que debían ser eliminados. Barsine y Heracles fueron ejecutados.




PODER ECONÓMICO DEL FARAÓN EGIPCIO EN LOS TIEMPOS DE LA ROMA REPUBLICANA



En el Egipto de los Tolomeos, la principal fuente de los ingresos reales no era la capital Alejandría (la ciudad más grande del mundo, con tres millones de habitantes, cuando en Roma apenas no llegaba al millón), sino el propio Egipto interior del río Nilo. Allí, donde los soberanos habían existido desde quién sabía cuántos miles de años, todo pertenecía al faraón. La tierra, las cosechas, las bestias y las aves de los campos y las granjas, las abejas, los impuestos, tributos y tarifas. El faraón sólo compartía la producción de hilo, que era competencia de los sacerdotes; éstos recibían un tercio de los ingresos generados por este hilo, el mejor del mundo. Egipto era el único lugar del mundo donde se tejía un hilo tan tenue que quedaba diáfano como un cristal ligeramente empañado, solamente en Egipto se teñía de tan mágicos colores, y solamente en Egipto el hilo tenía una blancura tan extraordinaria.

 

Otra fuente de ingresos era tan única como lucrativa: Egipto producía papel a partir del papiro, que abundaba en el Delta, y el faraón también era dueño del papel. Por tanto las rentas del faraón antes de que Egipto pasara a dominio romano, ascendían a más de doce mil talentos de oro anuales, divididos en dos erarios: el privado y el público. Seis mil talentos en cada uno. Con el erario público el faraón pagaba a sus gobernadores de distrito, sus burócratas, su policía, la policía del río, su ejército, su armada, sus trabajadores, sus campesinos. Incluso cuando el Nilo no se desbordaba, esas rentas públicas bastaban para comprar grano a países extranjeros. Los fondos privados pertenecían plenamente al faraón y no podían destinarse a nada más que a las necesidades y deseos personales del faraón, como las construcciones de sus palacios y sus tumbas. En sus arcas se acumulaba la producción nacional de oro, piedras preciosas, porfirio, ébano, marfil, especias y perlas.

 

Las flotas que partían hacia el Cuerno de África en busca de la mayor parte de aquellas riquezas pertenecían al faraón. No era extraño, pues, que los Tolomeos como Auletes, privados del título de faraón, lo anhelaran, y a que Alejandría era una entidad por completo separada de Egipto. Si bien el rey y la reina ingresaban en forma de impuestos buena parte de los beneficios de la ciudad, no eran propietarios de ella ni de sus bienes, ya fueran los barcos, las fábricas de vidrio o las compañías de mercaderes. Tampoco tenían derecho a la tierra en que se hallaba la urbe. Alejandría había sido fundada por Alejandro Magno, que se las daba de griego pero era macedonio de la cabeza a los pies. El Intérprete, el Registrador y el Contable, principales funcionarios de la corte,  recaudaban todos los ingresos públicos de Alejandría y los utilizaban en gran medida en su propio interés, mediante un sistema de privilegios y prebendas que incluían el palacio.

 

Habiendo experimentado las dinastías asirias, kuchitas y persas antes de la llegada de Tolomeo, el mariscal de Alejandro Magno, los sacerdotes de Ptah en Menfis habían llegado a un acuerdo con él y le habían entregado el erario público egipcio a condición de que en el Egipto del Nilo se invirtiera la cantidad suficiente para mantener la prosperidad de su pueblo y sus templos. Si el Tolomeo era también faraón, disponía asimismo de los fondos privados. Sólo que éstos no saldrían de las cámaras del tesoro de Menfis a menos que el faraón en persona fuera a retirar la suma que necesitara.

 

 Así pues, cuando Cleopatra huyó de Alejandría no imitó a su padre zarpando del Gran Puerto sin dinero; fue a Menfis donde los sacerdotes la reconocían como la legítima faraona, y obtuvo el dinero necesario para contratar a un ejército de mercenarios con el que derrocar a su hermano el faraón Tolomeo XIII Teos Filopator, con la ayuda de Cayo Julio César que deseaba convertir a Egipto en el suministrador del grano que Roma necesitaba para cubrir sus necesidades alimenticias.


CAYO MARIO DICE SOBRE LOS DIOSES




Después de que los sacerdotes te hayan profetizado un determinado número de veces con oráculos favorables, no es bueno acosar a los dioses pidiéndole más revelaciones sobre el futuro, porque si así se hace, acaban por volverte la espalda. A mi ya me profetizaron que sería siete veces cónsul de Roma, y no veo recomendable solicitarles más sobre mi futuro, aunque lo que opino de los sacerdotes de cualquier templo que visito, es que son vanos charlatanes profesionales que esperan buenos donativos.




TALES DE MILETO DICE SOBRE LA ENVIDIA


 

 

Si la envidia es natural en los hombres, mejor que ocultes tu prosperidad y así evitarás provocar la envidia.

 

 



miércoles, 15 de agosto de 2018

CÉSAR DICE SOBRE LOS ALEJANDRINOS


 Los nativos son desagradables, muy desagradables. ¿Por qué? Porque tienen hambre, y con ello siempre están disgustados. Con una renta de doce mil talentos anuales, sus miserables gobernantes no les subvencionan los alimentos ni les proporcionan entradas para teatro y circo, como hacemos en Roma.








CLEOPATRA SOBRE SUS PLANES PARA LA DINASTÍA TOLOMEO-CÉSAR


Sí, estoy fecundada y será un niño, pero César no me ama. Yo lo amé en cuanto lo vi, tan alto, tan rubio, con ese aspecto de dios. Eso no me lo esperaba, que pareciera la encarnación de Osiris. Viejo y joven a la vez, padre y marido. Lleno de poder, de majestad. Pero yo soy una obligación para él, algo que soportar en su vida terrena que lo lleva en una nueva dirección. En el pasado amó. Cuando no se da cuenta de que lo observo, aflora su dolor. Así que las mujeres a quienes amó deben de haber desaparecido. Sé que su hija murió de parto. Yo no moriré de parto, eso nunca ocurre a las soberanas de Egipto. Aunque teme por mí, confundiendo mi apariencia con fragilidad interior. Soy resistente como el metal. Viviré muchos años, como corresponde a la hija de Amón-Ra. El hijo de César que saldrá de mi cuerpo será un hombre de edad cuando pueda gobernar con su esposa en lugar de con su madre. También él vivirá muchos años, pero no será hijo único. Después he de tener una hija de César, para que nuestro hijo pueda casarse con su hermana. Luego, más hijos e hijas, todos casados entre sí, todos fértiles. Fundarán una nueva dinastía, la casa de Tolomeo César. El hijo que llevo en las entrañas construirá templos río abajo y río arriba: los dos seremos faraones. Supervisaremos la elección del Buey Buchis, el Buey Apis, estaremos en el nilómetro de Elefantina todos los años para la lectura de la inundación. Egipto disfrutará de Codos de la Abundancia una generación tras otra; mientras exista la casa de Tolomeo César, Egipto no pasará necesidades. Pero más aún, la Tierra de las Dos Señoras, del junco y la Abeja, recuperará todas sus glorias pasadas y todos sus territorios pasados: Siria, Cilicia, Cos, Kios, Chipre y Cirenaica. En este niño reside el destino de Egipto, y sus hermanos y hermanas poseerán talento y genialidad en abundancia.











CAYO MARIO DICE SOBRE LOS GENERALES COMPETENTES Y EFICIENTES


No ignoraréis que yo me he pronunciado infinidad de veces en contra del despilfarro de vidas en nuestros ejércitos, y creo que, en términos generales, ha pasado la época en que nuestros ejércitos los mandaban militares ineptos. Si no por otro, por mí sí lo sabe el Senado de Roma. Desde que Cayo Mario, el hombre nuevo, enseñó a esos aficionados de Roma lo que es el generalato, he advertido que el Senado está más predispuesto a dar el mando de sus ejércitos a hombres nuevos de probada valía militar.





PAZ DE NISIBIS


El tratado de paz de Nisibis puso fin a la guerra entre el imperio romano y el imperio sasánida en 299. Firmado en Nisibis (actual Nusaybin, en Turquía, refleja la victoria romana en la guerra que enfrentó a los emperadores de la tetrarquía (en especial, Diocleciano y Galerio) contra Narsés de Armenia.
 
Las condiciones en las que se firmó la paz de Nisibis fueron duras para el imperio persa:​ éste debía ceder terreno a Roma, conviertiendo al Tigris en la frontera entre ambos. Además, Armenia volvía a control romano, con el fuerte de Ziatha como frontera y la iberia caucásica pasaría también a la esfera de control de Roma. Nisibis, ciudad ahora bajo el control romano, se convertiría en el único conducto para el comercio entre los dos imperios, y Roma controlaría también las cinco satrapías entre el Tigris y Armenia. Dentro de estas regiones estaba el paso del Tigris a través del Antitauro, el paso de Bitlis (la ruta más rápida en dirección sur hacia la Armenia persa) y el acceso a la meseta de Tur Abdin. Con estos territorios Roma contaba con un puesto de avanzada al norte de Ctesifonte y podría ralentizar cualquier futuro ataque persa en la región.​ Tirídates también recuperaba el trono armenio, y Roma aseguraba una amplia zona de influencia cultural en la región. El hecho de que el imperio fuera capaz de mantener un esfuerzo de guerra tan constante en tantos frentes a la vez se ha visto como un signo de la eficacia del sistema de Diocleciano, así como de la buena aceptación que su gobierno tenía entre el ejército.​
 
La paz se mantuvo durante algunas décadas hasta el surgimiento de Sapor II en la década de los años 330.


MITRIDATES VI EUPATOR DEL PONTO DICE SOBRE EL ABONO DE CAMPOS


 Quemadlos todos los cadáveres de los romanos y esparcid sus cenizas sobre la sangre. En este sitio crecerá un trigo excelente el año próximo. No hay nada que fertilice más el suelo que la sangre y los huesos.