jueves, 1 de noviembre de 2018

ALEJANDRO MAGNO DICE SOBRE LA GUERRA



El final y la perfección de nuestras victorias es evitar los vicios y enfermedades de los que sometemos.













LUCIO ANNEO SÉNECA DICE SOBRE LA CONCIENCIA



Una buena conciencia no teme a ningún testigo.



EL CÓNSUL LUCIO LICINIO CRASO ORATOR



Lucio Licinio Craso (latín Lucius Licinius L. F. Crassus), apodado el Orador (140 a. C.-91 a. C.) fue un político romano que ocupó el cargo de cónsul de la República Romana. Craso Orator fue, junto a Marco Antonio Orator el mejor orador de su época, según Cicerón.

 

Nació en el año 140 a. C., fue educado por su padre con el mayor cuidado, y recibió instrucción del célebre historiador y jurista Lucio Celio Antípatro.​ A muy temprana edad comenzó a mostrar su capacidad de oratoria. En 119 a. C., a la edad de 21 años​ acusó a Cayo Carbón, un hombre que era odiado por el partido aristocrático al que Craso pertenecía. Valerio Máximo​ da un ejemplo de su conducta honorable en este caso. Cuando un esclavo de Carbón presentó a Craso una caja llena de papeles de su maestro, Craso la devolvió a Carbón con el sello intacto, junto con su esclavo encadenado. Carbón escapó a la condena mediante suicidio.​

 

En el año siguiente (118 a. C.) defendió la propuesta de ley de establecer una nueva colonia en Narbo en la Galia. La medida era rechazada por el Senado, que temía que producto de la asignación de tierras a ciudadanos más pobres, el aerarium sufriría por la disminución de las rentas del ager publicus, pero, en esta ocasión, Craso prefería la popularidad a su adhesión a la aristocracia y gracias a su elocuencia consiguió su aprobación siendo uno de los que fundó la colonia.

 

En 114 a. C., emprendió la defensa de una pariente, la vestal Licínia, que era acusada de incesto junto con otras dos vestales más, Marcia y Emilia, pero, aunque en un juicio anterior su cliente había sido absuelta por Lucio Cecilio Metelo, Pontifex Maximus, y por todo el colegio de los pontífices, la energía puesta en su defensa no pudo prevalecer contra la severidad de L. Casio, que fue nombrado inquisidor por el pueblo con el propósito de revisar la sentencia indulgente.

 

Después fue cuestor con Quinto Mucio Escévola con el que ejerció otras magistraturas (todas con excepción de tribunado de la plebe y la censura). En su cuestura viajó a través de Macedonia a Atenas a su regreso de Asia, que parece haber sido su provincia. En Asia habría escuchado las enseñanzas de Metrodoro de Escepsis, y en Atenas recibió clases de Carmades y otros filósofos y retóricos, pero no permaneció mucho tiempo en esa ciudad, debido a la negativa de los atenienses a repetir la solemnización de los misterios, que acontecieron dos días antes de su llegada.​

 

A su regreso a Roma defendió a sus amigos, entre ellos a Sergio Orata acusado de apropiación de aguas públicas para sus cultivos de ostras.​ En 107 a. C. fue tribuno de la plebe.

 

En el año 106 a. C. apoyó la lex Servília, promovida por el cónsul Quinto Servilio Cepión que privaba a los caballeros del nombramiento de jueces que estaba en manos del orden senatorial. En 122 a. C., por la lex Sempronia de Cayo Graco, la judicia fueron trasladados desde el Senado a los equites. En 106 a. C. por la lex Servilia, estos privilegios fueron restaurados para el Senado. La lex Servilia de Cepión tuvo una existencia muy breve, pues cerca de 104 a. C., por la lex Servilia de C. Servilio Glaucia, la judicia se traspasó de nuevo a los caballeros. El discurso de Craso en favor de la lex Servilia de Cepión fue de notable poder y elocuencia.​ Fue en este discurso, que atacó a Memmius​ que era un vigoroso oponente de la rogativa de Cepión.

 

En 103 a. C. fue edil curul junto con Quinto Mucio Escévola y celebró unos espléndidos juegos en los que se introdujo la lucha de leones.​ Después fue pretor y augur.

 

Obtuvo el consulado en 95 a. C. Durante su consulado, Craso Orator y su colega consular Quinto Mucio Escévola aprobaron una ley, (la Lex Licinia Mucia de Civibus regundis) que obligaba a todos los ciudadanos que se hubieran inscrito en el censo desarrollado por los censores Marco Antonio Orator y Valerio Flaco sin poder demostrar esa ciudadanía (ese censo fue burdamente manipulado por los itálicos) a abandonar sus ciudades, además algunos serían azotados o se les confiscarían las propiedades. Cuando la ley se aprobó estalló la guerra social.

 

Durante aquel año defendió a Quinto Servilio Cepión acusado de traición (majestas) por el tribuno Cayo Norbano, pero Cepión fue condenado.​

 

Se apresuró en llegar a su provincia, la Galia Cisalpina, y explorar los Alpes en busca de enemigos, pero no encontró ninguna oposición y se limitó a someter a algunas pequeñas tribus. Por este éxito insignificante solicitó los honores de un triunfo, y tal vez su demanda hubiera sido concedida por el senado, si no es porque su colega Escévola se opuso a concederle tal honor.​ Con excepción de este hecho, su conducta en la administración de su provincia fue irreprochable.


Participó en una de las causas privadas más célebres en los anales de la jurisprudencia romana como fue el pleito de herencia entre Marco Curio y Marco Coponio (93 a. C.) defendidos por Craso y por Quinto Escévola respectivamente y en el que Craso triunfó brillantemente.​

 

En 92 a. C. fue elegido censor junto con Cneo Domicio Ahenobarbo y prohibió las escuelas de los llamados retóricos latinos.​

 

Aunque los dos censores estuvieron de acuerdo en esta medida, el resto del período en el cargo lo pasaron en disputas y discordias, al ser ambos de caracteres y costumbres muy diferentes. Craso era aficionado a la elegancia y el lujo. Él tenía una casa en el Palatino, que, a pesar de que no superaba en magnificencia a la mansión de Q. Catulo en la misma colina, era notable por su tamaño, su mobiliario, y la belleza de sus adornos. Ahenobarbo, su colega, se horrorizaba ante este tipo de corrupción de las costumbres.

 

Poco antes de su muerte, habló a favor de Cn. Planco defendiéndolo de la acusación de M. Junio Bruto. La réplica exitosa de Craso fue registrada por Cicerón y Quintiliano.

 

Su último discurso fue pronunciado en el senado en el año 91 a. C., contra Lucio Marcio Filipo, cónsul enemigo de los optimates. La vehemencia apasionada que puso en este hecho destrozó su salud y provocó una fiebre. Al cabo de siete días murió en su hogar.

 

Craso Orator se casó con Mucia Escévola, hija menor del cónsul Quinto Mucio Escévola Augur con su esposa Lelia, hija del cónsul Cayo Lelio Sapiens, cónsul en el 141 a. C. Craso Orator tuvo dos hijas con Mucia.

 

Licinia Crasa Maior, casada con el pretor Publio Cornelio Escipión Nasica, descendiente de Escipión el Africano y Publio Cornelio Escipión Nasica Corculum. De este matrimonio nació Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica Corneliano. Licinia Crasa Minor, casada con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus y amigo íntimo de Lucio Cornelio Sila Félix. Metelo Pío era hijo de Quinto Cecilio Metelo el Numídico. Según Plutarco y Cicerón, una de las Licinias estuvo brevemente casada con Cayo Mario el joven. La esposa de Craso y sus hijas eran conocidas en Roma por la pureza de su latín.



CARTA DE QUINTO POPEDIO SILO A MARCO LIVIO DRUSO POR LOS DESCONTENTOS DE LOS ITÁLICOS CON LA LA LEY LIVIA AGRARIA DE REPARTIR TIERRAS DEL AGER PUBLICUS A CIUDADANOS ROMANOS



Lamentablemente, Marco Livio, poca influencia tengo en Umbría y en Etruria. Ya sabes que allí la gente es muy rara, convencida de su autonomía y harta de los marsos. Debes estar preparado para dos incidentes. Uno se rumorea ya bastante en el Norte; el otro me ha llegado por pura casualidad, y es el que más me preocupa.

 

Veamos el primer incidente. Los mayores propietarios de Etruria y Umbría piensan acudir en comandita a Roma para protestar por la parcelación del ager publicus romano. Alegan (naturalmente no van a admitir que han falseado los límites) que el ager publicus romano de Etruria y Umbría tiene una existencia tan antigua que ha alterado la economía y la incidencia de población, y que aceptar un aluvión de pequeños propietarios sería la ruina de Etruria y Umbría. Argumentan que en las ciudades no hay la clase de tiendas y mercados donde compran los pequeños propietarios, ya que las tiendas se han convertido en almacenes, dado que los latifundistas y los capataces compran a granel. Alegan también que los dueños de los latifundia libertarán a los esclavos sin preocuparse de las consecuencias; con lo cual miles de libertos merodearán por esas regiones causando disturbios y robando. Por consiguiente, dicen, deben ser Etruria y Umbría quienes promulguen el decreto para enviar a estos esclavos a sus lugares de origen. Etcétera, etcétera. ¡Prepárate para recibir a la delegación!

 

El segundo incidente puede resultar más peligroso. Algunos de nuestros samnitas más exaltados han pensado que no hay esperanzas de obtener la ciudadanía ni llegar a la paz con Roma, y quieren demostrar su gran descontento durante la celebración de las fiestas de Júpiter Latiaris en el monte Albano asesinando a los cónsules Sexto César y Filipo. El plan está perfectamente preparado y se prevé que caigan sobre ellos en suficiente número a su regreso de Bovillae a Roma.

 

Mejor será que hagas cuanto esté en tu mano para apaciguar a los terratenientes de Etruria y Umbría y desbaratar el intento de asesinato. Una noticia más halagüeña es que a todos los que les he planteado lo del juramento de clientela han reaccionado muy bien. El número de potenciales clientes de Marco Livio Druso crece cada vez más.


HEBE


En la mitología griega, Hebe (en griego antiguo Ἥβη Hêbê) era la personificación de la juventud, descrita como hija de Zeus y Hera. Según la Ilíada, Hebe era la ayudante de los dioses: llenaba sus copas con néctar, ayuda a Hera a enganchar los caballos a su carro y bañaba y vestía a su hermano Ares. 

Según la Odisea, se casó con Heracles tras la apoteosis de éste, siendo sustituida en sus labores por el joven príncipe troyano Ganimedes. Sin embargo, tradiciones posteriores contaban que había sido madre con él de dos hijos, Alexiares y Aniceto. Era muy buena con sus hijos semidioses.


Era una divinidad con el poder de rejuvenecer a los ancianos, como hizo en una ocasión con Yolao por un día cuando éste iba a luchar con Euristeo, o de envejecer a los niños, como hizo con los hijos de Alcmeón, para que pudiesen vengar su muerte en manos de los hermanos de su primera esposa: Arsíone.


En el arte solía ser representada llevando un vestido sin mangas.


Fue adorada en Atenas, donde tenía un altar en el Cinosargo, cerca del de Heracles. Con el nombre de Γανυμηδα Ganimeda (femenino de Ganimedes) o Δια Dia, fue también adorada en una arboleda sagrada en Sición y Fliunte.


Su equivalente en la mitología romana era Juventas, siendo tradición que los muchachos le ofrecieran una moneda cuando vestían por primera vez la toga de los adultos: la toga viril. Juventas fue adorada desde época muy temprana, pues su capilla en el Capitolio existía antes de que se construyese el templo de Júpiter. 

Otro templo de Juventas, situado en el Circo Máximo, fue jurado por el cónsul Marco Livio tras la derrota de Asdrúbal, en el 207 a. C., y consagrado 16 años después.


LIBACIÓN



La libación (del latín libatio, griego λοιβή o σπονδή) es un ritual religioso o ceremonia de la Antigüedad que consistía en la aspersión de una bebida en ofrenda a un dios. Los líquidos ofrecidos en las libaciones eran variados, normalmente de vino sin mezclar,​ leche, miel, aceite y otros líquidos, incluso agua pura, que se vertían en el suelo.
 
Fue muy practicada en la religiones de la Antigüedad: griega, romana, judaica:

Y Jacob levantó un monumento en el lugar en el que Yavé le había hablado; un monumento de piedra, sobre el cual hizo una libación y vertió aceite. (Génesis 35, 14)
 
El líquido era esparcido en algo que tuviera un valor sagrado o simbólico, como un altar o una piedra. En estos como en otros casos el sitio de la ofrenda era un altar, o el ónfalo délfico, signos evidentes de un destino divino.

Pero también se podría ofrecer en la tierra o sobre la calle, como ofrenda para la Tierra misma, a los difuntos o divinidades infernales.
 
En el ambiente griego, dentro del ámbito del sacrificio cruento, la libación se usaba para extinguir la llama sobre el altar sacrificial, antes del inicio de la parte profana del rito. En casos como este se puede también conjeturar que la evaporación del líquido implicaba su elevación hacia los dioses celestiales.

Diversos podían ser los líquidos usados en las libaciones: muchas veces vino pero también agua, leche, miel, aceite de oliva y, en India, el ghi o mantequilla india. El empleo de líquidos como el aceite hace difícil la definición de los tipos de líquidos que se utilizaban, pues evidentemente no se trata de una bebida.
 
Los recipientes destinados a este uso ritual, incluida la pátera, a menudo tenían una forma peculiar que las distinguía de las de uso común. En el ámbito griego eran muy usadas la kílix y la phiale que, gracias también a su longitud y poca profundidad, se prestaban particularmente a la dinámica del gesto ritual. Asimismo se empleaban imágenes de la libación con el Cántaro (cerámica griega) kántharos de los rituales dionisíacos.

Hay evidencias textuales que testimonian el uso de ofrecer los instrumentos utilizados para la libación a través de un gesto de deposición ritual. Un ejemplo se tiene en las descripciones que Heródoto hace de la copa de oro libatoria ofrecida por Jerjes al mar en el contexto ritual de la consagración del puente de barcas sobre el Helesponto como gesto de reparación por la flagelación del Helesponto. Una codificación precisa del gesto se encuentra en las tablas eugubinas.
 
Las mismas tabulae codifican además la práctica de hacer añicos los recipientes antes de su deposición ritual en fosas,​ según una costumbre bastante atestiguada, como si quisieran evitar tanto una reutilización sacrílega o que se perdieran. Esta costumbre encuentra notables confirmaciones arqueológicas en depósitos en los que se han hallado restos o pedazos que se quedaban tras celebraciones o ritos como banquetes o libaciones. Algunas veces los trozos, a modo de complicación para que sean recompuestos o reusados, aparecen con mezclas de fragmentos de otros recipientes. Una característica interesante de estos hallazgos es la imposibilidad de reconstruir integralmente la forma de los objetos encontrados a causa de la falta constante de algunos fragmentos. Una circunstancia que no puede ser atribuida a la casualidad pero que podría relacionarse sea con la intención de que no fueran reusados o según una lógica de sacrificio que todavía no se ha podido aclarar.
 
Son frecuentes las referencias al uso de libaciones en el mundo griego, atestiguadas sea en las pinturas en cerámica como en las fuentes escritas. Eurípides, por ejemplo, en sus Bacantes, describe las trágicas consecuencias de la exclusión de algunas divinidades de las libaciones.​ Es un tema común en varias tragedias. Una mezcla de sustancias: miel y leche, pero también vino, agua, harina de cebada usa Odiseo para invocar la venida de las almas, en su célebre descenso al Hades.
 
En la Ilíada, Aquiles -tras llenar una copa de vino- ofrece la libación a los dioses, invocando la protección sobre Patroclo que irá a la batalla. El tema de la libación como gesto propiciatorio antes de partir a una batalla o en los rituales de vestido de un guerrero, aparece varias veces en la cerámica.

La libación era además una parte importante de las prácticas del simposio, como oferta de las primicias asistida por reglas precisas, dirigida a determinadas divinidades y acompañada por típicas invocaciones.
 
Se ha dado algún problema interpretativo para las representaciones de un dios que ofrece una libación como en el caso de Apolo tocando la lira. En algunos casos, no está claro si se trata de Dioniso que recibe el vino para efectuar una libación (de manera análoga al guerrero que parte para el combate) o si en cambio simboliza la libación que alcanza al dios destinatario.

En su Pneumática, Herón de Alejandría describe incluso un mecanismo para automatizar el proceso usando el fuego del altar para mover aceite de las copas de dos estatuas.
 
Un holocausto siempre es acompañado de una libación de vino.


En la antigua Grecia, al comienzo de un banquete o simposio se vertía un poco de vino sin mezclar sobre el suelo para el demon favorable. Normalmente, se mezclaba el vino en tres recipientes (cráteras), y al menos en Atenas se vertía una libación de cada uno de ellos a Zeus, a los dioses del Olimpo, a los héroes y a Zeus Sóter (el salvador).

Los textos griegos antiguos mencionan a menudo la libación (sponde) acompañada de una oración o de un voto.