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domingo, 3 de mayo de 2015

HECHOS SOBRE LA TERRIBLE SECTA QUE ACABÓ CON EL IMPERIO ROMANO



EL CONCILIO DE JERUSALEM DEL AÑO 50.

EL IMPULSO DEFINITIVO DE LA RELIGIÓN CRISTIANA. PEDRO Y PABLO, EN CONTRA DE OTROS APÓSTOLES, DECIDEN QUE EL CRISTIANISMO PUEDA ENSEÑARSE TAMBIÉN A LOS NO JUDÍOS.

JESUS, QUE ERA JUDÍO. SÓLO PREDICO EN ISRAEL PARA LOS JUDÍOS Y SOLO BAUTIZO A JUDÍOS. LOS APÓSTOLES EN ESTE CONCILIO DECIDEN BAUTIZAR TAMBIÉN A LOS NO JUDÍOS INCLUIDOS LOS ROMANOS.

CASI 300 AÑOS DESPUÉS ROMA ADOPTARÁ EL CRISTIANISMO COMO RELIGIÓN OFICIAL.

El Concilio de Jerusalén es el nombre dado a la primera reunión normativa del cristianismo (la iglesia cristiana primitiva) hacia el año 50, según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Existe la controversia de si llamarlo o no concilio, normalmente no se le incluye dentro de los concilios de la Iglesia Católica aunque en la mayoría de las ediciones católicas de la Biblia aparece con este nombre.

Cuando llegaron judíos creyentes en Jesucristo a la comunidad de Antioquía, se escandalizaron al ver que los miembros conversos no habían sido circuncidados ni cumplían otros preceptos de las leyes judías. Estas personas, que no aparecen determinadas mayormente en el texto de los Hechos, comenzaron a predicar que era necesaria la circuncisión y la asunción de toda la Torá (Antiguo testamento), causando un gran estupor entre los primeros creyentes griegos.

Por esta razón, los discípulos de Antioquía encomendaron a Pablo de Tarso y Bernabé junto a “algunos de ellos” a acudir hasta Jerusalén para zanjar la situación.

El principal objetivo de este concilio era determinar si el gentil piadoso creyente en Jesús debía convertirse formalmente al judaísmo (lo que implicaba ser circuncidado y seguir todos los preceptos del Antiguo testamento (o sea, la Torá judía). Aunque estos preceptos abarcaban desde lo civil, lo sanitario y lo religioso, en realidad son la clave de la conexión con Dios. Algunos de estos preceptos están en la Torá en forma expresa, otros se deducen en el texto o bastaba con seguir ciertos preceptos que la Torá impuso antes de que Israel fuese nación, junto con la obediencia a Jesús, el Mesías.

La posición de no enseñar ni observar mas leyes de la torah aplica solo a los nuevos conversos durante un breve tiempo, porque al comenzar con la vida congregacional, asistiendo regularmente los sábados a la sinagoga y a toda la liturgia hebrea, lo natural es que las personas aprendan de los rabinos y maestros la observancia de los mandamientos, asunto base de la predicación de los apóstoles y las enseñanzas del Mesias.

En cuanto a la idea de que Jesus no hizo nada distinto del judaismo ni menos que lo abolió, queda totalmente aclarado por las palabras expuestas en el libro de mateo:

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos, les dijo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced pues y observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen."
Mateo 23, 1-3 Nueva Biblia de Jerusalén
Otra importante declaración de que los mandamientos en ningún momento han salido de la vida del creyente es Jesus es la siguiente:
"No penséis que he venido a abolir la Ley de los Profetas."

"No he venido a abolirlos sino a darles cumplimiento. Os aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni un tilde de la ley hasta que todo suceda"
Mateo 5, 17-18 Nueva Biblia de Jerusalén

En este contexto se pueden comprender perfectamente el acuerdo final de Pablo con Santiago respecto a la observancia de mandamientos básicos para los gentiles recién convertidos, dado que se espera aprendan de los escribas y fariseos los mandamientos entregados por Dios a Moises para su pueblo.

Este tema también lo trata Pablo con gentiles convertidos, quienes al provenir de religiones paganas querían volver a incorporarlas a su diario vivir:

"En otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses. Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿Cómo volvéis a someteros a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis servir de nuevo? Celebráis la llegada de ciertos días, meses, estaciones y años... Me da miedo pensar que mis desvelos por vosotros puedan haber sido inútiles".
Epístola a los Gálatas 4, 8-11 Nueva Biblia de Jerusalén


Participantes y proceso
Además de los mencionados Pablo, Bernabé y miembros de la iglesia de Antioquía, participaron los apóstoles, y presbíteros (ancianos) de la comunidad de Jerusalén.

Primero expusieron algunos de la rama farisaica, que proponían imponer toda la Torá (ley) de Moisés a los gentiles, luego Pablo y Bernabé explicaron sus posturas, pronunciaron dos importantes discursos Pedro y Yakov (Santiago el Mayor). Este Yakov evidentemente no es el mismo apóstol que murió en el año 44. Y parece que fue el mismo Yakov que escribió el libro bíblico que lleva el nombre de Jacobo (o Santiago, en algunas versiones).

Al final del concilio se escribe el “decreto de Jerusalén” que luego de exponer la situación determina que los conversos no judíos sólo deben cumplir con ciertos preceptos durante un breve tiempo mientras vayan incorporando a través del tiempo la observancia de los mandamientos de Dios entregados mediante Moises.

En la ilustración de arriba, el Concilio de Jerusalén del año 50

miércoles, 30 de julio de 2014

SAN PEDRO, EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA CRISTIANA

Simeón o Simón Pedro, el primer Papa de la secta de los cristianos


HECHOS SOBRE LA TERRIBLE SECTA QUE ACABÓ CON EL IMPERIO ROMANO: 


SAN PEDRO, EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA CRISTIANA


NACIÓ EN ISRAEL Y FUE CRUCIFICADO EN ROMA EN EL LUGAR DONDE ESTA AHORA SAN PEDRO DEL VATICANO


(Simón o Simeón). Apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia (Betsaida, Galilea, fin del siglo I- Roma 29 de junio de 1967). Era un pescador del mar de Galilea, hasta que dejó su casa de Cafarnaum para unirse a los discípulos de Jesús en los primeros momentos de su predicación; junto con él se unieron a Jesús otros pescadores de la localidad, como su propio hermano Andrés y los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, todos los cuales formaron parte del núcleo originario de los doce apóstoles.


San Pedro carecía de estudios, pero pronto se distinguió entre los discípulos por su fuerte personalidad y su cercanía al maestro, erigiéndose frecuentemente en portavoz del grupo. El sobrenombre de Pedro se lo puso Jesús al señalarle como la «piedra» (petra en latín) sobre la que habría de edificar su Iglesia.


Según el relato evangélico, San Pedro negó hasta tres veces conocer a Jesús la noche en que éste fue arrestado, cumpliendo una profecía que le había hecho el maestro; pero arrepentido de aquella negación, su fe no volvió a flaquear y, después de la crucifixión de Jesús, se dedicó a propagar sus enseñanzas.


Desaparecido Jesús (hacia el año 30 d. C.), San Pedro se convirtió en el líder indiscutido de la diminuta comunidad de los primeros creyentes cristianos de Palestina por espacio de quince años: dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía lanzadas por los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos (incluidos los primeros no judíos).


Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión por Siria, Asia Menor y Grecia. En esa época, probablemente, su liderazgo fue menos evidente, disputándole la primacía entre los cristianos otros apóstoles, como Pablo o Santiago. Asistió al llamado Concilio de Jerusalén (48 o 49), en el cual apoyó la línea de Pablo de abrir el cristianismo a los gentiles, frente a quienes lo seguían ligando a la tradición judía.


Los últimos años de la vida de San Pedro están envueltos en la leyenda, pues sólo pueden reconstruirse a partir de relatos muy posteriores. Posiblemente se trasladó a Roma, donde habría ejercido un largo apostolado, justificativo de la futura sede del Papado, pues la Iglesia romana considera a San Pedro el primero de sus papas. Allí fue detenido durante las persecuciones de Nerón contra los cristianos, y murió crucificado. La tradición sitúa su tumba en la colina del Vaticano, lugar en donde el emperador Constantino hizo levantar en el siglo IV la basílica de San Pedro y San Pablo.


En las ilustraciones Simeón o Simón Pedro, el primer Papa de la secta de los cristianos.

martes, 29 de julio de 2014

TESTIFICAR EN UN JUICIO




Si alguna vez os llaman a "testificar" en un juicio, ya sabéis qué es lo que deberíais hacer según el código romano que dio lugar a esta expresión.

Resulta más curiosa la historia del "palpado testicular al Papa", para comprobar que era hombre y no mujer ( y recordad que ya desde la crufixión de los apóstoles Pedro y Pablo, en la época del emperador Neron, ya habían los llamados “Papas”, representantes supremos de aquella nueva religión que llamaban “cristiandad”, por venir de un tal Cristo, un judío llamado Jesús:

"El cardenal candidato a papa debía sentarse en una silla conocida como “sedia stercoraria”, la cual tenía un agujero en su mitad. Posteriormente, el cardenal más joven del cónclave tenía que palpar los genitales al Papa introduciendo la mano por debajo de la silla y “testificar” luego a los demás que no había fraude en la elección. Si la prueba era válida, exclamaba en voz alta “Duos habet et bene pendebant” (”tiene dos y cuelgan bien”), atestiguando así que ninguna mujer se ha hecho pasar por hombre."


Así que ya sabéis, si alguna vez escucháis la expresión: "Duos habet et bene pendebant", te están dando a entender en fino latín que el susodicho "tiene un buen par de cojones".