Cuando el emperador Trajano murió en el año 117 d. C., el
Imperio Romano tenía su máxima extensión, desde Inglaterra hasta el norte de África
y de España al mar Caspio. Los soldados romanos estaban emplazados a lo largo
de la Muralla de Adriano en Inglaterra y de la frontera del Danubio y el Rin.
Tenían guarniciones en las Galias, España, Tracia, Egipto, Judea y Siria.
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