A
nuestro señor, restaurador del género humano, fomentador de la extensión del
Imperio y del dominio romano, fundador de la seguridad eterna, Flavio Valerio
Constantino, afortunado, poderoso, pío, siempre augusto, hijo del deificado
Constancio, venerado en todos los lugares, a través de todos los tiempos.


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