Catón solía decir que nuestro Estado superaba a todos los demás
por su constitución; en éstos, por regla general, un individuo había
establecido, por medio de sus leyes e instituciones, su propia forma de
Estado…; nuestro Estado, por el contrario, fue el producto, no del genio de un
hombre solo, sino de muchos; no de la vida de un hombre, sino de varios siglos
y épocas. El genio nunca ha sido tan profundo como para hacer que a un hombre determinado
y en un momento determinado no se le pase algo por alto; ni tampoco, si todo el
genio estuviera concentrado en un hombre, podría éste tener tal previsión como
para abarcarlo todo en un momento determinado; se necesita una experiencia real
a través de los tiempos.
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