Como
la mayoría de los hombres de acción, Pompeyo encontraba en extremo difícil convivir
con la indecisión. Y como la mayoría de los hombres de acción, Pompeyo quería
tener el mando absoluto. No deseaba que un puñado de senadores incompetentes y
vacilantes, que él sabía que no podían igualarse a él en nada, lo empujasen y
tirasen de él. ¡La situación era totalmente exasperante!

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