Aunque
el soborno al jurado sé que es una vieja costumbre generalizada de los romanos,
es una costumbre que como abogado no me da ninguna satisfacción, aunque algunos
piensen que soy un loco y así no me irán bien las cosas. Cuando gano un proceso
me gusta saber que lo he ganado por mérito propio, no por el dinero que me haya
dado el cliente para comprar al jurado.

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